En la radio conservadora estadounidense, Donald Trump soltó una frase que volvió a sacudir el escenario geopolítico: “Solo hay dos alternativas: destruirlas amablemente o destruirlas brutalmente”. La advertencia no dejaba espacio para interpretaciones. Las centrifugadoras nucleares iraníes —las mismas que enriquecen uranio a niveles cercanos al uso militar— están en la mira del expresidente.
Aquel miércoles no fue solo otro día de declaraciones altisonantes. Fue un mensaje directo al régimen de Teherán y, al mismo tiempo, una señal a sus aliados más cercanos, como Israel. En medio de una nueva ronda de negociaciones nucleares entre Irán y EE.UU. programada para este fin de semana en Roma, Trump dejó claro que su paciencia se agotó.
¿Qué hay detrás de las palabras?
Trump, que abandonó en 2018 el acuerdo nuclear alcanzado bajo la administración Obama, ha mantenido una posición intransigente sobre las ambiciones atómicas iraníes. En su conversación con Hugh Hewitt, reforzó la idea de un desmantelamiento total y verificable, aunque no descartó una salida violenta.
El presidente —acompañado en visión por figuras como JD Vance y Marco Rubio— ha admitido que Irán podría tener energía nuclear civil, pero bajo condiciones estrictas: sin enriquecimiento y con importación de uranio no apto para armas.
La línea roja está clara: el enriquecimiento de uranio, actualmente al 60 %, no será tolerado.
Netanyahu y Trump: un frente alineado
Las palabras de Trump coinciden con la postura del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien ha abogado durante años por una política de «destrucción física» de las instalaciones nucleares de Irán. Para ambos líderes, un acuerdo real debe implicar que Irán no tenga capacidad de fabricar armamento atómico.
Mientras tanto, los inspectores internacionales siguen enfrentando obstáculos en su trabajo en Irán. La falta de acceso a instalaciones clave y el aumento del enriquecimiento elevan la tensión en la región.
Un acuerdo o un ataque
Trump remarcó que prefiere un acuerdo “fuerte y verificado”, pero también mostró que no dudará en optar por la vía militar si Irán no coopera. La frase “bombardeado o entregarse” no parece una hipérbole, sino una advertencia planificada.
Por su parte, los actuales funcionarios de seguridad nacional aseguran que aún no se ha tomado una decisión final, pero las señales son inequívocas: si Teherán no retrocede, la opción bélica está sobre la mesa.
La sombra de otro conflicto
Las negociaciones en Roma serán cruciales. No solo se juega la estabilidad de Medio Oriente, sino el equilibrio de poder entre EE.UU., sus aliados y un Irán cada vez más desafiante. La reciente tregua con los hutíes en Yemen, mediada por Omán, mostró que Washington puede lograr acuerdos difíciles. Pero el programa nuclear iraní es otro nivel de complejidad.
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