En los salones de las Naciones Unidas, el cese al fuego no trajo alivio, sino una declaración de guerra por otros medios. En una sesión explosiva, los embajadores de Irán e Israel se acusaron mutuamente de «crímenes de guerra» y de «destruir la diplomacia», dejando al descubierto un orden global incapaz de intervenir.
La frágil tregua entre Irán e Israel fue puesta a prueba no en el campo de batalla, sino en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En una reunión de emergencia convocada tras el fin de las hostilidades, el mundo fue testigo de un enfrentamiento verbal de una virulencia que demuestra que, aunque las bombas han callado, el conflicto diplomático está en su punto más álgido.
“Una Violación Flagrante de la Carta”: El Caso de Irán
El embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, tomó la palabra con un discurso cargado de indignación, presentando el ataque liderado por Israel y apoyado por Estados Unidos no solo como un acto de guerra, sino como un asalto directo al derecho internacional.
“La agresión de los Estados Unidos y el régimen israelí es un quebrantamiento patente y flagrante del derecho internacional”, declaró Iravani, invocando el Artículo 2, Párrafo 4 de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier estado.
El punto más álgido de su intervención fue la acusación de que los ataques sabotearon un esfuerzo diplomático inminente. «Irán se estaba preparando para la siguiente ronda de conversaciones diplomáticas con los Estados Unidos que tenía que haberse llevado a cabo el 15 de junio», reveló. «Israel decidió destruir la diplomacia. El denominado ofrecimiento de diplomacia no fue más que una trama engañosa».
La delegación iraní, que recibió el apoyo de países como Bolivia, cuyo canciller calificó los bombardeos como una violación con «consecuencias fatales para todo el mundo», concluyó advirtiendo que Israel y EE. UU. serán «plenamente responsables de la muerte de civiles inocentes».
“Su Objetivo Era Muerte y Destrucción”: La Réplica de Israel
La respuesta de la delegación israelí fue igualmente contundente, desestimando las acusaciones iraníes y enmarcando la operación militar como un acto de autodefensa inevitable contra un régimen con intenciones genocidas.
«Se intentó recurrir a la vía diplomática una y otra vez… pero Irán siguió firme. Entonces había que obligarlo a cambiar su postura. Su objetivo nunca fue energía pacífica. Su objetivo fue muerte, destrucción».
El embajador israelí argumentó que la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, había agotado todas las vías pacíficas, pero que el régimen de Teherán las rechazó sistemáticamente. «Los Estados Unidos, el líder del mundo libre, eliminaron la mayor amenaza existencial para el mundo libre», afirmó, defendiendo la legalidad y la necesidad de la «Operación León Ascendente».
Un Mundo Dividido Toma Posiciones
El debate dejó en evidencia las profundas fracturas geopolíticas. Mientras Estados Unidos, Reino Unido y Francia respaldaron el derecho de Israel a la autodefensa, otros miembros del consejo mostraron su profunda preocupación por la acción unilateral.
Pakistán, por ejemplo, condenó enérgicamente la «agresión ilegítima y justificada cometida por Israel», advirtiendo que tales actos «normalizan la impunidad» y «atentan contra el orden internacional». Esta división impidió cualquier tipo de resolución o condena unificada, convirtiendo la sesión en un mero foro de acusaciones cruzadas.
Un Diálogo de Sordos
La sesión de emergencia del Consejo de Seguridad terminó sin acuerdos, sin condenas y sin un camino claro hacia adelante. Más que una herramienta para la paz, la ONU funcionó como un espejo que reflejó un orden mundial fracturado e incapaz de hacer cumplir sus propias reglas cuando una gran potencia y sus aliados deciden actuar unilateralmente.
La pregunta que quedó flotando en el aire de Nueva York es la misma que resuena en las capitales de todo el mundo: si la diplomacia ha sido «destruida», como acusa Irán, ¿qué viene después? El silencio de las armas es bienvenido, pero el silencio de la diplomacia es aterrador.
