En la tranquilidad que alguna vez rodeó al río Guadalupe, hoy el silencio se quiebra por el zumbido de helicópteros y los pasos pesados de rescatistas hundidos hasta la cintura en el lodo. El hedor a descomposición flota en el aire: es la señal que guía a los equipos en su misión más difícil —localizar los cuerpos de quienes fueron arrastrados por las aguas.
La tragedia del 4 de julio: lluvias que arrasaron con todo
Las celebraciones del Día de la Independencia se convirtieron en pesadilla cuando una tormenta elevó el nivel del río Guadalupe ocho metros en menos de una hora. Campamentos de verano, casas y caminos desaparecieron bajo el agua. 120 personas han sido confirmadas muertas y 161 más siguen desaparecidas, muchas de ellas niños.
En el condado de Kerr, el operativo de rescate se transformó en búsqueda de cadáveres. Y lo que guía la labor de brigadistas, como Burnie Miller, exbombero, es el olor. “Donde huele fuerte, allí excavamos”, dice mientras remueve árboles con sierras.
Equipos mexicanos se suman a la búsqueda entre lodo y escombros
Desde México llegó un grupo de rescatistas que ha logrado recuperar tres cuerpos, pese a las difíciles condiciones del terreno. “Avanzamos por turnos de 13, porque no hay tiempo que perder”, declaró uno de los líderes del equipo a Univision.
Rodeados de lodo espeso, ramas y escombros flotantes, se orientan por el olfato y la intuición. Su determinación es tan profunda como el dolor de las familias que aún esperan respuestas.
La tecnología se une al instinto humano en la búsqueda
El Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas ha desplegado todos sus recursos:
- Helicópteros
- Drones
- Perros rastreadores
- Botes inflables
- Vehículos todoterreno
Hasta ahora han rescatado a 444 personas vivas, pero desde el 5 de julio no se encuentra a nadie con vida. El operativo cubre 42 kilómetros del río, en jornadas extenuantes donde voluntarios y autoridades trabajan capa por capa, entre restos de coches, muebles, ramas y hasta cunas infantiles.
Historias humanas: dolor, esperanza y una comunidad unida
Patrick Fleming busca a su primo Aidan, un estudiante universitario desaparecido tras visitar Kerr con amigos. Ya hallaron muerta a una de sus acompañantes, Joyce Catherine Badon. Fleming, junto a su equipo de voluntarios, corta ramas y remueve tierra guiado por un solo pensamiento: «No vamos a parar hasta encontrarlo».
Voluntarios como Tricia Boswell, de Texas EquuSearch, lo dicen claro: “Estamos quemados por el sol, comidos por los insectos… pero eso no se compara con lo que sienten quienes aún esperan a sus seres queridos”.
Lecciones de la tragedia: preparación, respuesta y solidaridad
Los expertos coinciden en que esta tragedia muestra la urgencia de:
- Mejorar sistemas de alerta temprana
- Garantizar infraestructura resiliente al cambio climático
- Crear redes binacionales de colaboración en emergencias
- Aumentar el entrenamiento comunitario en desastres
Mientras las aguas bajan, el dolor no se apaga. Pero el compromiso de rescatistas y voluntarios deja claro que, incluso en el desastre, la humanidad puede brillar.


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