La administración de Donald Trump ha promulgado su polémica ley fiscal, conocida como «One Big Beautiful Bill», que incluye un impuesto del 1% sobre las remesas en efectivo enviadas desde Estados Unidos, una medida que impacta directamente una de las principales arterias económicas de México.
Una de las promesas de campaña más controvertidas del presidente estadounidense Donald Trump se ha materializado. Su nueva ley fiscal, aprobada y firmada, establece un gravamen que, aunque reducido de su propuesta original, afectará a millones de familias mexicanas que dependen del dinero enviado por sus parientes en Estados Unidos.
¿En qué consiste exactamente el impuesto?
La ley impone un impuesto del 1% a todas las remesas superiores a 15 dólares que sean realizadas en efectivo por personas no ciudadanas de Estados Unidos. Es crucial destacar que esta medida no aplica a las transferencias electrónicas, que según cifras del gobierno mexicano y del Banco de México, representan entre el 90% y el 99% del total de los envíos.
El impuesto final del 1% es significativamente menor al 5% que se planteó inicialmente en el Congreso estadounidense, una reducción lograda en parte por la presión diplomática y el cabildeo de legisladores mexicanos. Sin embargo, el gravamen se mantiene como una pieza central de la política migratoria de línea dura de la administración Trump.
El Corazón Económico de México en la Mira
Para entender la magnitud de esta medida, es fundamental dimensionar el papel de las remesas en la economía mexicana. En 2024, México recibió un récord de 64,700 millones de dólares por este concepto, consolidándose como el segundo mayor receptor de divisas del mundo, solo detrás de la India. Estos envíos representan casi el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, superando en muchos años los ingresos por exportaciones petroleras o turismo.
El impacto es aún más dramático a nivel local. Para algunos de los estados más pobres del país, las remesas son una verdadera línea de vida económica.
Más Allá del Dinero: Un Mensaje Político
Analistas y expertos coinciden en que el impacto económico directo para las finanzas de Estados Unidos será mínimo. La verdadera naturaleza de esta ley es política. Al dirigirse específicamente a «inmigrantes ilegales» y «no ciudadanos», la medida funciona como una poderosa señal para la base electoral de Trump, reafirmando su postura antiinmigración.
«La gente está ahí (en Estados Unidos) para enviar remesas a sus familias… tienen la posibilidad de ajustar sus patrones de consumo en Estados Unidos para enviar el mismo monto», explicó un analista financiero, sugiriendo que los migrantes podrían absorber el costo.
La principal preocupación, expresada por investigadores de la UNAM, es que esta presión fiscal empuje al segmento más vulnerable de la población migrante —aquellos que no tienen acceso a servicios bancarios y dependen del efectivo— hacia canales informales y más riesgosos para enviar dinero, exponiéndolos a la explotación e incluso al crimen organizado.
Aunque el porcentaje es bajo y el alcance está limitado al efectivo, la nueva ley de Trump representa un golpe simbólico y una carga económica real para las familias más necesitadas de México, convirtiendo un acto de sustento familiar en un objetivo de la política fiscal estadounidense.
