Una súbita e histórica inundación en el centro-sur de Texas ha dejado un saldo de al menos 27 muertos y ha desatado una frenética búsqueda de entre 20 y 25 niñas desaparecidas de un campamento de verano, Camp Mystic, arrasado por la crecida del río Guadalupe.
La región montañosa de Texas, un área conocida por sus paisajes y campamentos de verano, se ha convertido en el epicentro de una tragedia nacional. Inundaciones repentinas, descritas por testigos como «un muro negro de muerte», han devastado comunidades enteras, dejando un saldo preliminar de 27 personas fallecidas, entre ellas nueve menores de edad. El foco de la angustia y la atención mediática se centra en el Camp Mystic, un exclusivo campamento cristiano para niñas fundado en 1926, donde una desesperada operación de rescate busca contra el reloj a decenas de campistas desaparecidas.
La Furia del Río: 22 Pies en Dos Horas
La catástrofe se desató con una velocidad aterradora en la madrugada del viernes. El río Guadalupe, normalmente un tranquilo afluente que da vida a la región, experimentó una crecida sin precedentes. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional, el nivel del río aumentó 6.7 metros (22 pies) en aproximadamente dos horas, una subida tan violenta que el medidor local dejó de funcionar tras registrar una altura de 9 metros.
Este torrente de agua y escombros arrasó todo a su paso. Las cabañas del Camp Mystic, particularmente las que albergaban a las campistas más jóvenes de hasta 8 años y que se situaban más cerca de la orilla, fueron las primeras en ser engullidas por la corriente. Sobrevivientes como Erin Burgess, residente de la zona, relataron a medios locales haber pasado una hora agonizante aferrada a un árbol junto a su hijo para no ser arrastrados.
Una Búsqueda Desesperada y un Debate Incómodo
La respuesta a la emergencia ha sido masiva. Más de 1,000 rescatistas, apoyados por 14 helicópteros, drones y nueve equipos especializados en aguas rápidas, peinan la zona. Hasta el momento, se ha logrado rescatar a 850 personas, algunas de ellas de las copas de los árboles donde se refugiaron. Entre las rescatadas se encuentran dos jóvenes de nacionalidad mexicana que habían sido reportadas como desaparecidas, añadiendo un componente binacional a la tragedia.
Sin embargo, a medida que avanzan las horas, la esperanza se mezcla con la indignación. Ha surgido una grave controversia en torno a la gestión de la emergencia. El juez del condado de Kerr, Rob Kelly, la máxima autoridad electa de la zona, declaró públicamente: «No tenemos un sistema de alerta», y afirmó que nadie pudo prever una inundación de tal magnitud.
«El agua se mueve tan rápido que no vas a reconocer lo malo que es hasta que está encima de ti», señaló Bob Fogarty, meteorólogo de la oficina del Servicio Meteorológico Nacional.
Esta afirmación contrasta directamente con informes que indican que servicios meteorológicos como AccuWeather y el propio National Weather Service emitieron advertencias de posibles inundaciones repentinas horas antes del desastre. Esta aparente contradicción ha puesto el foco en una posible negligencia y en la falta de infraestructura de seguridad en una región propensa a este tipo de fenómenos. El hecho de que Camp Mystic sea una institución exclusiva, con costos que rondan los 9,000 dólares por una estancia de cuatro semanas, añade una capa de escrutinio sobre las expectativas de seguridad y cuidado que las familias depositaron en el campamento.
El Rostro Humano de la Tragedia
Mientras las autoridades, incluyendo al gobernador de Texas, Greg Abbott, quien ya declaró el estado de desastre en 15 condados, coordinan la respuesta, las familias viven un calvario. En redes sociales y centros de reunión, se repiten las escenas de llanto y abrazos con cada evacuado que llega a salvo, pero también la angustia de quienes aún esperan noticias.
Elinor Lester, una campista de 13 años que sobrevivió, describió la escena con crudeza: «El campamento fue completamente destruido. Un helicóptero aterrizó y comenzó a llevarse a la gente. Fue realmente aterrador». La tragedia de Texas no es solo una estadística de muertos y desaparecidos; es un evento que expone la vulnerabilidad humana ante la fuerza de la naturaleza y, de manera crucial, cuestiona si las fallas humanas agravaron una catástrofe que ahora enluta a una nación.
