Washington amaneció con una noticia que sorprendió al mundo de los medios internacionales: un juez federal de Estados Unidos detuvo el despido masivo de más de 500 empleados de Voice of America (VOA), una emisora que ha sido durante más de 80 años la voz oficial del país en el extranjero.
La medida, impulsada por el gobierno del expresidente Donald Trump, pretendía reducir drásticamente el alcance de la cadena acusándola de “sesgo izquierdista”. Sin embargo, el juez Royce Lamberth frenó la orden y recordó que la emisora cumple un papel vital en la proyección de la democracia estadounidense.
Una batalla más allá de los despidos
No se trata únicamente de puestos de trabajo perdidos. Para los periodistas afectados, la VOA ha sido más que una oficina: ha sido una misión. Desde 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, la emisora ha transmitido información confiable en múltiples idiomas, con el objetivo de contrarrestar la propaganda antiestadounidense.
Cuando Trump ordenó en agosto el despido de 532 periodistas, la cobertura se redujo a solo cuatro lenguas: mandarín, dari, pastún y farsi, muy lejos de los 49 idiomas originales. Esto no solo impactó a los empleados, sino a millones de oyentes y lectores en el extranjero que dependen de la VOA como fuente de información libre.
Un juez que pide respeto a la ley
En su fallo, Lamberth subrayó que la USAGM (Agencia de Estados Unidos para Medios Globales), responsable de supervisar la VOA, incumplió sus obligaciones legales al ejecutar los despidos. El magistrado ya había advertido meses antes que la emisora debía restablecer su cobertura y garantizar información fidedigna.
Para Lamberth, el intento del gobierno de Trump es más que un ajuste presupuestal: representa una amenaza al “cortafuegos editorial” que protege a los medios públicos estadounidenses de la injerencia política directa.
Trump y su guerra con los medios
La confrontación del expresidente con la prensa no es nueva. Desde el inicio de su mandato, calificó a los medios de comunicación como “enemigos del pueblo” y cuestionó la credibilidad de instituciones históricas.
La llegada de Kari Lake, una de sus aliadas más cercanas y ex presentadora de televisión en Arizona, a la dirección de la USAGM intensificó la presión contra la VOA. Bajo su mando, no solo se ejecutaron suspensiones administrativas, sino también recortes que, según críticos, dejaron el terreno libre para que potencias extranjeras como Rusia y China expandieran su influencia mediática.
Una lucha que apenas comienza
Aunque el fallo judicial detuvo los despidos, la batalla legal continúa. El destino de los trabajadores de la VOA y el futuro de la emisora pública más influyente de Estados Unidos aún penden de una decisión final.
Más allá de Washington, el caso se ha convertido en un símbolo del choque entre libertad de prensa, política y poder. Y recuerda que, incluso en democracias consolidadas, la independencia de los medios sigue siendo un terreno en disputa.


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