Una inundación «del siglo» en Texas ha dejado al menos 89 muertos y decenas de desaparecidos, incluyendo un grupo de niñas de un campamento de verano. Ahora, la tragedia da paso a un grave cuestionamiento: ¿hubo alertas que fueron ignoradas por las autoridades?.
Una catástrofe de proporciones históricas ha golpeado el corazón de Texas, donde inundaciones repentinas han cobrado la vida de al menos 89 personas y han dejado un rastro de devastación y desesperanza. En el epicentro del dolor se encuentra el Camp Mystic, un campamento de verano cristiano a orillas del río Guadalupe, de donde 10 niñas y un consejero siguen desaparecidos tras ser arrastrados por una pared de agua que lo destruyó todo en cuestión de minutos.
El epicentro del horror: ¿Qué pasó en Camp Mystic?
Lo que debía ser una experiencia de verano inolvidable se convirtió en una pesadilla. El viernes antes del amanecer, el río Guadalupe experimentó una crecida sin precedentes, elevándose 8 metros en tan solo 45 minutos. La furia del agua arrasó con cabañas, vehículos y sueños. Familias enteras que por generaciones habían asistido a los campamentos de la zona ahora buscan respuestas entre los escombros.
Entre las víctimas confirmadas se encuentra una niña de 8 años de Alabama que asistía al campamento, un rostro que humaniza una estadística desoladora. En un comunicado oficial, los responsables del campamento expresaron su dolor: “Oramos constantemente por ellos. Hemos estado en comunicación con las autoridades locales y estatales que están desplegando incansablemente amplios recursos para buscar a nuestras niñas desaparecidas”.
La pregunta clave: ¿Tragedia inevitable o negligencia fatal?
A medida que las labores de rescate continúan, una polémica tormenta de acusaciones comienza a gestarse. Por un lado, autoridades locales, como el juez del condado de Kerr, Rob Kelly, han calificado el evento como una «inundación de 100 años» y aseguran que «nadie lo vio venir», admitiendo incluso la falta de un sistema de alerta adecuado en la zona.
Sin embargo, esta versión de los hechos choca frontalmente con la postura de expertos meteorológicos. La empresa privada AccuWeather afirmó en un comunicado que emitió alertas sobre posibles inundaciones repentinas horas antes de la catástrofe, tiempo que, según ellos, «debería haber dado tiempo suficiente a las autoridades para evacuar campamentos como el Camp Mystic y poner a la gente a salvo».
«Tengan la seguridad de que nadie sabía que venía este tipo de inundación». – Rob Kelly, Juez del Condado de Kerr.
Esta contradicción ha abierto un doloroso debate sobre la responsabilidad. Mientras los rescatistas buscan sobrevivientes, las familias y el público exigen saber si la pérdida de vidas humanas pudo haberse evitado con una mejor gestión de la emergencia.
Un desastre de escala nacional
La magnitud de la tragedia ha escalado a nivel federal. El presidente Donald Trump firmó una declaración de desastre de gran magnitud para el condado de Kerr, activando la ayuda de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). La devastación es inmensa, con más de 12,000 estructuras, entre casas y graneros, afectadas solo en la comunidad de San Angelo.
La tragedia ha trascendido fronteras. El gobierno de Guanajuato, en México, activó protocolos para buscar a posibles migrantes guanajuatenses entre las víctimas, mientras que desde el Vaticano, el Papa León XIV ofreció oraciones especiales por los afectados.
Mientras Texas llora a sus muertos y reza por sus desaparecidos, la investigación sobre las causas y, sobre todo, sobre la posible prevención de esta catástrofe, apenas comienza.


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