Un paraíso convertido en enclave privado
En las últimas dos décadas, Hawái ha dejado de ser solo un destino turístico para convertirse en un refugio de élite para los multimillonarios de la tecnología. De acuerdo con informes de Forbes y Wired, al menos 40 magnates del sector controlan actualmente el 6% del territorio del estado, transformando paisajes nativos en ranchos cerrados, resorts privados y residencias de ultra lujo.
Esta tendencia ha generado preocupación entre comunidades locales, organizaciones ambientales y activistas que denuncian la creciente exclusión de los hawaianos nativos, la especulación inmobiliaria y el cambio radical en la identidad cultural y social del archipiélago.
Zuckerberg y su imperio en Kauai
Uno de los casos más emblemáticos es el de Mark Zuckerberg, fundador de Meta, quien ha adquirido en total 930 hectáreas en la isla de Kauai, una de las zonas más verdes y menos urbanizadas del estado. Su más reciente compra, realizada en 2024, fue de 390 hectáreas por un valor de 65 millones de dólares, lo que eleva su inversión acumulada a 300 millones de dólares.
La propiedad, conocida como Ko’olau Ranch, comenzó a desarrollarse en 2014 tras una compra inicial de 284 hectáreas por 100 millones de dólares. El complejo incluye dos mansiones, una academia privada, casas en los árboles, cancha de tenis, viviendas para invitados, sistemas de abastecimiento de agua independientes, y un túnel subterráneo con puertas blindadas y escotilla de escape. En total, las instalaciones tienen un diseño que recuerda más a un búnker de supervivencia de lujo que a una residencia convencional.
Zuckerberg ha solicitado recientemente permisos para construir tres nuevas estructuras, de entre 720 y 1.000 metros cuadrados, con 16 suites y una terraza común, lo que ha generado nuevos debates sobre el uso del suelo y la privacidad en territorios tradicionalmente accesibles.
Jeff Bezos, Larry Ellison y la nueva élite de Hawái
Zuckerberg no es el único. Jeff Bezos, fundador de Amazon, también ha invertido en propiedades en Hawái, adquiriendo viviendas exclusivas frente al mar en la isla de Maui. Por su parte, Larry Ellison, cofundador de Oracle, es dueño de casi la totalidad de la isla de Lanai, que compró en 2012 por 300 millones de dólares. En esa isla ha construido un resort de lujo y ha implementado sistemas de agricultura sostenible, aunque con controversias sobre el acceso comunitario y la relación con los residentes originales.
Otro nombre relevante es Marc Benioff, CEO de Salesforce, quien ha financiado proyectos inmobiliarios y de salud en el archipiélago, sumándose a una tendencia creciente de empresarios que buscan controlar grandes extensiones de tierra en zonas remotas y ambientalmente privilegiadas.
Impacto en la vivienda y la cultura local
La llegada de estos magnates ha disparado los precios de la tierra y las rentas en varias islas, dificultando aún más el acceso a vivienda para los residentes locales. En muchas zonas de Kauai, Maui y Lanai, el precio promedio de una casa supera el millón de dólares, un valor inalcanzable para la mayoría de los trabajadores hawaianos.
Además, las comunidades denuncian que estos desarrollos no solo expulsan a los locales del mercado inmobiliario, sino que también alteran el equilibrio ecológico y limitan el acceso a espacios naturales tradicionalmente públicos. En algunos casos, se ha reportado la construcción de cercas y barreras que restringen el paso a playas o caminos usados por generaciones.
Activistas por los derechos de los pueblos originarios han señalado que la compra masiva de tierras perpetúa un modelo colonial de despojo, donde el acceso al territorio queda supeditado a la riqueza y no al derecho histórico de quienes han habitado y cuidado esas tierras.
Una Hawái dividida entre el lujo y la resistencia
La presencia creciente de multimillonarios en Hawái plantea un dilema sobre el futuro del archipiélago: ¿puede coexistir la inversión privada con la preservación de la identidad cultural, el acceso justo a la tierra y la protección del medio ambiente?
Mientras algunos defienden que estas inversiones generan empleo y modernizan la infraestructura local, otros advierten que la concentración de tierras en manos de unos pocos magnates representa una amenaza directa a la soberanía comunitaria y al derecho a la vivienda digna.
Los críticos no solo exigen regulaciones más estrictas sobre la compra de tierras por extranjeros o grandes capitales, sino también una reforma que priorice el uso social, ambiental y cultural del territorio hawaiano.
