Ghislaine Maxwell dice ser “más feliz” en su nueva prisión en Texas

Ghislaine Maxwell dice ser “más feliz” en su nueva prisión en Texas
Ghislaine Maxwell dice ser “más feliz” en su nueva prisión en Texas

“Soy mucho más feliz aquí”, escribió Ghislaine Maxwell desde el campo penitenciario federal de Bryan, Texas. La frase, contenida en un correo electrónico enviado a sus amigos y familiares, revela un nuevo capítulo en la vida de la exsocia y cómplice del financiero Jeffrey Epstein, condenada a 20 años de prisión por tráfico sexual de menores.

El tono de sus mensajes sorprendió a la opinión pública. A pocos meses de haber sido trasladada desde una prisión de Florida, Maxwell asegura sentirse más segura y tranquila en su nueva ubicación.

“Siento como si hubiera caído del espejo de Alicia en el país de las Maravillas”, escribió.

Para muchos, sus palabras reflejan la desconexión entre la gravedad de sus crímenes y la aparente comodidad de su entorno actual.

De prisión a “Club Fed”

El campo penitenciario federal de Bryan, conocido irónicamente como “Club Fed”, alberga a reclusas de bajo riesgo en condiciones notoriamente más cómodas que las de una prisión tradicional. No hay alambres de púas, las internas duermen en dormitorios compartidos y pueden asistir a clases o programas educativos fuera del horario laboral.

Entre las reclusas figuran nombres reconocidos como Elizabeth Holmes, fundadora de Theranos, y Jen Shah, estrella de Real Housewives of Salt Lake City. Según Maxwell, el ambiente es “ordenado, limpio y seguro”. Incluso elogió a la directora del penal, Tanisha Hall, a quien calificó como “una verdadera profesional”.

El debate por los privilegios VIP

No todos comparten el entusiasmo de Maxwell. Documentos obtenidos por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes sugieren que la británica podría estar recibiendo un trato preferencial. Entre los privilegios denunciados figuran reuniones privadas con visitantes no identificados, comidas entregadas a su dormitorio y represalias contra quienes intentaron denunciarlo.

El congresista Jamie Raskin envió una carta a la dirección del penal solicitando explicaciones. “Estos reportes sugieren un trato inusualmente favorable hacia la Sra. Maxwell”, advirtió, recordando que otras reclusas aseguran haber sido castigadas por hablar del tema.

Este traslado se produjo justo después de que Maxwell se reuniera durante dos días con funcionarios del Departamento de Justicia. Varios exfuncionarios calificaron la decisión de “inaudita”, sugiriendo la posibilidad de influencias políticas o contactos de alto nivel.

Entre la polémica y la indiferencia

Mientras algunos medios estadounidenses subrayan la gravedad del caso, otros lo ven como una maniobra mediática para limpiar la imagen de una de las figuras más controvertidas del escándalo Epstein.

Maxwell, de 63 años, parece resignada a cumplir su condena en un entorno que ella describe como “tranquilo y humano”. En sus correos electrónicos, incluso bromeó sobre su anterior prisión:

“La cocina aquí está limpia; no hay zarigüeyas cayendo del techo para freírse en los hornos”.

Sus declaraciones, aunque insólitas, han reavivado el debate sobre las desigualdades en el sistema penitenciario estadounidense y los posibles privilegios de los reclusos con conexiones políticas o poder mediático.

Más allá del castigo

Para las víctimas de la red de Epstein, las palabras de Maxwell son un recordatorio doloroso. Mientras muchas aún buscan justicia y reparación, la mujer que ayudó a construir el entramado de abuso parece disfrutar de una vida penitenciaria “cómoda” y llena de atenciones.

El contraste entre la brutalidad de sus crímenes y la aparente serenidad de su entorno actual plantea una pregunta que incomoda: ¿hasta qué punto la justicia es igual para todos?

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