El deshielo del permafrost en Alaska amenaza al clima y la seguridad global

El deshielo del permafrost en Alaska amenaza al clima y la seguridad global
El deshielo del permafrost en Alaska amenaza al clima y la seguridad global

En Nunapitchuk, una pequeña localidad en el norte de Alaska, el suelo literalmente se hunde bajo los pies de sus habitantes. Grietas que atraviesan viviendas, carreteras deformadas y canales de aguas residuales colapsados cuentan una historia de deshielo que avanza más rápido de lo que la ciencia predijo.

El permafrost, esa capa congelada durante siglos, fue la base estable de pueblos enteros en el Ártico. Hoy, el cambio climático la está desmoronando, liberando gases de efecto invernadero y poniendo en jaque infraestructuras civiles y militares.

Lo que ocurre en Alaska no se queda en Alaska. El deshielo libera carbono y metano acumulados durante milenios, amplificando el calentamiento global que afecta a todo el planeta.

Comunidades en peligro: cuando el suelo deja de ser firme

En Nunapitchuk, los habitantes enfrentan una decisión dolorosa: reparar o abandonar. Las casas se inclinan, los cimientos se hunden y la humedad corroe todo a su paso. Los científicos trabajan junto a las comunidades locales para mapear zonas estables y planificar reubicaciones.

El programa “Permafrost Pathways”, financiado con 41 millones de dólares, une el conocimiento científico y el saber tradicional para anticipar los movimientos del suelo y evitar tragedias. La cooperación entre ambos mundos podría definir el futuro de miles de personas en el Ártico.

Tecnología al rescate: el radar que revela el hielo oculto

Desde 2009, investigadores como Kevin Schaefer de la Universidad de Colorado Boulder han usado radares satelitales para medir la elevación del terreno y estimar la cantidad de hielo subterráneo.

El avance de la teledetección permitió crear mapas digitales de alta precisión. Simon Zwieback, de la Universidad de Alaska Fairbanks, desarrolló algoritmos que predicen el contenido de hielo y las zonas más vulnerables a colapsos.

Sin embargo, aún queda un reto: transformar los datos científicos en decisiones de ingeniería efectivas.

“Sabemos dónde está el riesgo, pero falta construir con esa información”, advierte la geocientífica Erin Trochim.

Infraestructuras y geopolítica: un problema más allá del Ártico

El impacto del deshielo no es solo ambiental. El 85% de Alaska está sobre permafrost, lo que amenaza bases militares, radares de detección de misiles y rutas logísticas esenciales para la seguridad de Estados Unidos.

Incluso Rusia, donde el permafrost cubre el 60% del territorio, enfrenta daños en carreteras, oleoductos y edificios del norte. En ambos casos, el derretimiento del hielo eterno se convierte en un riesgo geoestratégico.

Una carrera contra el tiempo

El permafrost contiene el doble de carbono que la atmósfera actual. Cada capa que se derrite libera gases y metales pesados, acelerando un ciclo de calentamiento que amenaza con volverse irreversible.

La única defensa posible está en la combinación de ciencia, tecnología y acción comunitaria. Lo que ocurre en Nunapitchuk podría ser una advertencia temprana para el resto del mundo.

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