El 1 de agosto marca un nuevo capítulo en la política económica de Donald Trump. Ese día entrarán en vigor una serie de aranceles históricos —de hasta 50%— que afectarán a unos 80 países, incluidos los miembros de la Unión Europea, así como potencias como Japón, Corea del Sur, Reino Unido y México.
En su red social Truth Social, Trump declaró con entusiasmo: “Los aranceles están haciendo que Estados Unidos sea grande y rico de nuevo”, una frase que recuerda su lema de campaña. Sin embargo, detrás del discurso patriótico, economistas advierten un efecto colateral inevitable: desaceleración económica, inflación y tensión comercial global.
Una estrategia arriesgada con efectos internos
Durante abril, Trump pospuso por 90 días la aplicación de estos recargos aduaneros con la esperanza de alcanzar acuerdos bilaterales. Sin embargo, al vencer el plazo este 1 de agosto, solo siete países han logrado pactos preliminares con la Casa Blanca. El resto enfrenta aumentos arancelarios que oscilan entre el 11% y el 50%, según el origen de los productos.
La medida excluye ciertos bienes estratégicos como el metal bruto —una noticia bien recibida en países exportadores como Chile— y mantiene protecciones establecidas en el T-MEC, lo que limita el impacto en productos específicos provenientes de México y Canadá.
Brasil y México, en la mira de Trump
Brasil, una de las economías más grandes de América Latina, enfrenta un recargo del 50% a partir del 6 de agosto. Analistas lo consideran una represalia política por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, estrecho aliado de Trump. Solo sectores estratégicos como la aviación, energía y metales preciosos estarán parcialmente protegidos.
En el caso de México, aún está en suspenso la posible aplicación de un arancel del 30%, vinculado a lo que Trump considera una débil respuesta en la lucha contra el tráfico de fentanilo. Este señalamiento podría escalar aún más las tensiones bilaterales.
Economistas lanzan advertencias
Desde Yale hasta Harvard, la comunidad económica lanza señales de alerta. Según el Laboratorio de Presupuestos de Yale, el promedio arancelario de EE. UU. ya supera el 18%, el nivel más alto desde 1933. Las consecuencias no se han hecho esperar: según la Reserva Federal, el crecimiento económico se desaceleró en el primer semestre de 2025, aunque el empleo aún se mantiene firme.
Jason Furman, economista de Harvard, estima que la inflación podría elevarse hasta el 3%, mientras que Samuel Tombs, de Pantheon Macroeconomics, anticipa un crecimiento inferior al 1% anualizado en la segunda mitad del año.
Kathy Bostjancic, economista jefe de Nationwide, fue directa: “Los aranceles están socavando gradualmente la actividad económica”.
Efectos a corto y largo plazo
Más allá de las cifras inmediatas, el verdadero impacto podría sentirse a mediano y largo plazo. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, confirmó que ya se perciben aumentos en los precios de productos importados, señalando que el efecto será “más o menos alto, pero no nulo”.
Los sectores industriales y agrícolas, altamente dependientes de insumos extranjeros, temen sufrir pérdidas importantes, mientras que los consumidores verán reflejado el cambio en el precio de productos básicos.
Entre promesas y consecuencias
La estrategia de Trump apuesta por un renacimiento económico basado en proteccionismo y presión comercial. Aunque el mensaje resuena con fuerza en sus bases, los expertos coinciden en que los efectos pueden volverse insostenibles. Estados Unidos puede estar volviendo a ser “grande y rico”, pero a un alto costo.


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