El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump, ha decidido poner fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para los ciudadanos de Sudán del Sur, una medida humanitaria que durante más de una década protegió a cientos de migrantes de la deportación.
La decisión, anunciada a través del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), representa un duro golpe para unas 232 personas que viven actualmente en el país bajo este programa, así como para las 73 solicitudes que aún estaban pendientes.
Con la nueva disposición, los beneficiarios del TPS tendrán un plazo de 60 días para abandonar Estados Unidos antes de que comience el proceso formal de deportación, programado para enero del próximo año.
Una política de “mano dura” migratoria
El fin del TPS para Sudán del Sur se enmarca en la política de línea dura que caracterizó al gobierno de Trump, centrada en la doctrina de “Estados Unidos primero”. Desde su llegada a la Casa Blanca, el expresidente buscó reducir los programas humanitarios que ofrecían refugio temporal a migrantes provenientes de países en conflicto o con crisis humanitarias severas.
Esta medida no solo afecta a los sursudaneses, sino que también forma parte de una estrategia más amplia para limitar el acceso a protecciones migratorias otorgadas en el pasado a ciudadanos de El Salvador, Haití, Nicaragua y otros países afectados por guerras o desastres naturales.
Sudán del Sur: una nación marcada por la guerra y el hambre
Aunque el DHS argumenta que Sudán del Sur “ya no cumple las condiciones” para mantener la designación de TPS, la realidad en el país africano sigue siendo alarmante. Desde su independencia en 2011, Sudán del Sur ha vivido recurrentes estallidos de violencia, incluida una guerra civil entre 2013 y 2018 que cobró la vida de más de 400 mil personas y desplazó a millones.
A pesar de los acuerdos de paz, el país continúa sumido en una crisis humanitaria profunda. De acuerdo con un informe reciente de un organismo respaldado por la ONU, los niveles de inseguridad alimentaria y desnutrición se mantienen en niveles “extremadamente altos”, afectando principalmente a mujeres y niños.
La decisión del gobierno estadounidense deja a muchos sursudaneses en una situación de vulnerabilidad, ya que el regreso a su país podría significar enfrentar la violencia, el hambre o la falta de infraestructura básica.
Impacto humano y respuesta internacional
Diversas organizaciones humanitarias y defensores de derechos humanos han condenado la decisión, calificándola como un retroceso en la protección de refugiados y desplazados. Argumentan que la política ignora las advertencias de la comunidad internacional sobre las condiciones en Sudán del Sur y pone en riesgo la vida de personas que buscaron refugio legítimamente.
Los sursudaneses afectados deberán ahora decidir entre regresar a un país inestable o permanecer en Estados Unidos en condición irregular, arriesgándose a la deportación forzada.
Una historia que se repite
La medida marca un nuevo capítulo en el debate sobre el futuro del Estatus de Protección Temporal en Estados Unidos, una herramienta que ha sido utilizada durante décadas para ofrecer refugio a personas afectadas por guerras o catástrofes naturales.
Aunque cada administración puede renovar o suspender estas designaciones, la decisión de eliminarlas sin una alternativa humanitaria genera tensión diplomática y preocupación moral sobre el papel de EE.UU. como líder en derechos humanos.
