En Eagle Pass, Texas, el alcalde Rolando Salinas recorre las calles tranquilas de su comunidad. Hace apenas un año, las alarmas migratorias no dejaban de sonar: caravanas, detenciones diarias, protestas. Hoy, los patrullajes han disminuido, y las cifras de aprehensiones se han desplomado. Es un cambio sin precedentes.
Las nuevas políticas migratorias impuestas por el presidente Donald Trump desde enero de 2025 parecen haber dado un giro radical a la dinámica de la frontera sur. Según cifras preliminares del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en abril de este año se registraron solo 8.400 detenciones de migrantes, apenas un 10% de lo que se reportaba mensualmente en 2023 bajo la administración Biden.
Trump endurece su política y reduce cruces a niveles históricos
A través de medidas como la eliminación del acceso amplio al asilo, la autorización de deportaciones exprés sin juicio, y el despliegue de tropas en puntos clave de la frontera, Trump ha llevado a cabo lo que muchos llaman “la mayor reforma migratoria práctica en años”.
El impacto ha sido inmediato. En comparación con diciembre de 2023 —cuando se reportaron hasta 10.000 cruces ilegales en un solo día—, los números actuales muestran una caída drástica. Desde el año fiscal 2000 no se veían cifras tan bajas.
Migrantes detenidos: Guantánamo y El Salvador como destino
Una de las tácticas más polémicas ha sido la reubicación de migrantes a instalaciones fuera del territorio continental. Más de 300 migrantes venezolanos, considerados peligrosos, fueron enviados a una prisión de alta seguridad en El Salvador. Otros han sido transferidos a Guantánamo Bay, generando preocupación entre organizaciones defensoras de derechos humanos.
Colleen Putzel-Kavanaugh, del Migration Policy Institute, subraya que este enfoque disuasorio ha funcionado. “El mensaje es claro: no hay margen para la improvisación migratoria”, declara.
Retórica firme, pero efectos reales
Aunque la retórica de Trump ha sido criticada por muchos sectores, incluso por líderes demócratas, los datos muestran que su efecto es tangible. La migración irregular ha descendido y algunas comunidades fronterizas, como Eagle Pass, reportan normalidad tras años de crisis.
No obstante, varias políticas enfrentan desafíos judiciales. Organizaciones de derechos civiles y estados liderados por demócratas han demandado a la administración por posibles violaciones a tratados internacionales y leyes nacionales de asilo.
¿Es sostenible esta tendencia?
Si bien la caída de cruces ilegales ha sido celebrada por la administración actual, los expertos advierten que el fenómeno migratorio es volátil. Putzel-Kavanaugh sugiere que “todo puede cambiar con una nueva crisis en Centroamérica o con decisiones judiciales que bloqueen las políticas actuales”.
Además, la estabilización de las cifras en abril podría ser una señal de que el efecto disuasorio ha tocado techo, dejando abierta la pregunta: ¿qué pasará cuando nuevas olas migratorias busquen nuevas rutas?
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