París ha sido el escenario de una importante cumbre de líderes de la ultraderecha europea, encabezada por Marine Le Pen y con la participación de figuras como Santiago Abascal, de Vox, y el primer ministro húngaro Viktor Orbán. El encuentro ha estado marcado por feroces críticas a la Unión Europea, a las políticas migratorias, y por alabanzas a Donald Trump, en una muestra de creciente coordinación de estas fuerzas políticas.
La ultraderecha toma París: líderes y mensaje común
La capital francesa se convirtió este fin de semana en el epicentro de la ultraderecha europea. Bajo el liderazgo de Marine Le Pen, figuras prominentes como Santiago Abascal (Vox, España) y Viktor Orbán (Hungría) se congregaron para una cumbre estratégica, lanzando proclamas contra la actual estructura de la Unión Europea, las políticas migratorias del bloque y en respaldo del expresidente estadounidense Donald Trump. También estuvo presente Matteo Salvini, reforzando el perfil paneuropeo de este bloque ultraconservador en ascenso.
¿Quiénes lideran la nueva ola ultraconservadora?
Esta cumbre no es un evento aislado, sino el reflejo de una coordinación creciente entre partidos de ultraderecha que han obtenido avances electorales significativos en los últimos años. Buscan una transformación del proyecto europeo hacia una “Europa de naciones soberanas”, con políticas más duras contra la migración y un repliegue de la integración supranacional.
En su agenda política resalta un fuerte componente nacionalista, rechazo a los valores liberales progresistas, críticas a la globalización y una afinidad abierta con el populismo estadounidense de Trump. Estos movimientos aspiran a ganar peso en las instituciones europeas y alterar el equilibrio ideológico del continente.
Le Pen: «Salir de esta Europa porque no es Europa»
Marine Le Pen fue categórica:
«Hay que salir de esta Europa porque no es Europa».
Su declaración resume el euroescepticismo radical de estos movimientos. No todos abogan por una ruptura tipo Brexit, sino por vaciar de poder a Bruselas y reforzar a los Estados-nación, debilitando los pilares de integración del bloque.
Con esta narrativa, Le Pen apunta a deslegitimar las instituciones europeas, mostrándolas como una amenaza a la soberanía y a la voluntad de los pueblos. Su mensaje encuentra eco en sectores que sienten que la UE ha fallado en proteger las fronteras, los valores tradicionales y la identidad cultural.
Orbán endurece el discurso: inmigración e identidad
Viktor Orbán aprovechó su intervención para reforzar su discurso contra la inmigración, defendiendo su decisión de no aceptar las cuotas migratorias impuestas por la UE, a pesar de las sanciones que enfrenta su país.
«No permitiremos que violen a nuestras hijas y mujeres. No permitiremos que maten a ciudadanos pacíficos», afirmó Orbán, en una frase cargada de alarmismo.
La conexión directa entre migración, criminalidad y amenaza a la identidad nacional es un elemento central del discurso de Orbán. Esta retórica busca movilizar el miedo, justificando políticas de cerrar fronteras, restringir derechos y desafiar las normas europeas sobre derechos humanos y acogida de refugiados.
Abascal carga contra el «globalismo» y el gobierno de Sánchez
Santiago Abascal centró buena parte de su mensaje en la política interna española, denunciando al gobierno de Pedro Sánchez como un «gobierno criminal» y culpando al globalismo de la pérdida de soberanía e identidad nacional.
Prometió «recuperar lo perdido», un eslogan que resuena con los de otros líderes populistas de derecha. Su discurso apeló tanto a la nostalgia nacionalista como al rechazo de las élites europeas y progresistas, situando a Vox como parte de un movimiento mayor por la restauración de “los valores tradicionales”.
Análisis: ¿Hacia una Europa de naciones soberanistas?
La cumbre de París representa mucho más que una reunión de líderes afines: es una demostración de fuerza política, una advertencia clara a las instituciones europeas y un paso estratégico hacia una reconfiguración ideológica del continente.
El auge electoral de estos partidos podría conducir a:
- Obstrucciones dentro del Parlamento Europeo, frenando iniciativas de integración.
- Debilitamiento de las políticas comunes en migración, derechos humanos y cambio climático.
- Tensión entre gobiernos nacionales y Bruselas, con un aumento del conflicto institucional.
Si estos partidos logran consolidarse como bloque, podrían intentar convertir la UE en una confederación laxa, donde los principios de solidaridad y unidad política se vean reemplazados por intereses nacionales aislados. El modelo europeo de las últimas décadas, basado en integración, cooperación y apertura, se encuentra así en el centro del debate.
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