La vacuna contra el sarampión representa la medida de prevención más eficaz para frenar el brote epidemiológico que afecta al país este 2026.
Ante el incremento de contagios, muchas personas que fueron inmunizadas durante su niñez se preguntan si la protección recibida hace décadas sigue vigente o si es necesario acudir nuevamente a un centro de salud.
La respuesta de las autoridades sanitarias es clara: la inmunidad depende directamente de haber completado el esquema de vacunación de dos dosis, lo que garantiza protección de por vida.
El virus del sarampión es una infección altamente contagiosa que se transmite mediante gotículas procedentes de la nariz y boca. En México, el esquema tradicional consiste en la aplicación de la vacuna triple viral (SRP), la cual protege contra sarampión, rubéola y parotiditis.
La primera dosis se administra a los 12 meses de edad y la segunda a los seis años. Si un adulto cuenta con este registro completo, no requiere de una vacuna contra el sarampión adicional, incluso si planea viajar a zonas con alta incidencia del virus.
Evaluación del esquema de vacunación en población adulta
Para determinar si es necesaria una nueva aplicación de la vacuna contra el sarampión en personas mayores de 10 años, se deben considerar los antecedentes clínicos. Aquellos adultos que solo recibieron una dosis durante su infancia presentan un esquema incompleto, por lo que las autoridades recomiendan aplicar una dosis de la vacuna doble viral (SR).
Esta medida refuerza la respuesta inmunológica y reduce significativamente el riesgo de desarrollar complicaciones graves en caso de exposición al patógeno.
Por otro lado, las personas que no cuentan con ningún antecedente de vacunación o que desconocen si fueron inmunizadas deben recibir dos dosis de la vacuna doble viral. El protocolo establece un intervalo de entre 4 y 8 semanas entre la primera y la segunda aplicación.
Es fundamental recordar que contar con las dos dosis de la vacuna contra el sarampión representa una efectividad cercana al 100 por ciento, eliminando la necesidad de refuerzos posteriores a lo largo de la vida adulta.

Síntomas y evolución de la enfermedad en adultos
El sarampión no es una enfermedad exclusiva de la infancia; de hecho, puede manifestarse de forma más agresiva en adultos mayores de 20 años o en personas con el sistema inmunológico debilitado. La evolución de la enfermedad comienza con fiebre alta, congestión nasal, tos y manchas blancas en la boca.
Posteriormente, aparece el exantema o manchas rojas que se extienden desde la cara hacia el resto del cuerpo. Los síntomas suelen manifestarse entre 10 y 14 días después de la exposición inicial al virus.
No existe un tratamiento médico específico para curar el sarampión, por lo que la prevención mediante la vacuna contra el sarampión es la única herramienta garantizada. Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan en un lapso de dos a tres semanas, la falta de inmunidad puede derivar en secuelas permanentes como ceguera, encefalitis o neumonía.
Estas complicaciones son especialmente peligrosas en poblaciones con desnutrición o padecimientos crónicos, lo que subraya la importancia de verificar el estatus vacunal de manera inmediata.
Restricciones y recomendaciones oficiales
Es imperativo mencionar que la aplicación de la vacuna contra el sarampión, ya sea en su versión doble o triple viral, está estrictamente contraindicada para mujeres embarazadas o quienes sospechen estarlo.
Las autoridades de salud advierten que, en caso de una aplicación accidental en una mujer gestante, esta debe acudir a su unidad médica de forma urgente para recibir seguimiento especializado. Para el resto de la población, el biológico es seguro, gratuito y está disponible en las instituciones de salud pública.
Ante la situación epidemiológica actual, consultar con un profesional de la salud es el primer paso para protegerse. Si no se ha padecido la enfermedad previamente y no se tiene certeza sobre el historial de inmunización, la vacuna contra el sarampión debe ser una prioridad.


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