El fenómeno de los therians ha ganado una visibilidad considerable en plataformas digitales, donde miles de jóvenes comparten sus experiencias sobre la identidad no humana. Esta subcultura, que tiene raíces en foros de internet de la década de los noventa, se fundamenta en la creencia de que una persona posee una esencia, alma o psicología que corresponde a un animal específico.
A diferencia de otros grupos, los practicantes de esta identidad aseguran que su vínculo no es una elección consciente, sino una parte intrínseca de su ser desde el nacimiento o el desarrollo temprano.
En México y otros países de habla hispana, la comunidad de therians ha crecido gracias a la difusión de videos en redes sociales que muestran actividades conocidas como quadrobics.
Esta práctica deportiva consiste en imitar los movimientos de animales, como correr, saltar o caminar en cuatro extremidades, lo cual requiere una condición física notable y técnica para evitar lesiones en las muñecas o la espalda.
Aunque el ejercicio físico es popular dentro del grupo, los miembros enfatizan que realizar estas actividades no es un requisito indispensable para ser considerado parte de la identidad.
Es fundamental distinguir que los therians no sufren de licantropía clínica, un trastorno psiquiátrico documentado donde el individuo cree fehacientemente que puede transformarse físicamente en un animal. En este caso, los individuos son plenamente conscientes de su biología humana, pero manifiestan sentir lo que denominan «cambios mentales» o «cambios sensoriales».
Estos episodios se describen como momentos de alta intensidad donde los instintos del animal guía influyen en la percepción del entorno, provocando reacciones naturales como el deseo de aullar, gruñir o buscar refugio en espacios específicos.
La identidad de los therians suele estar vinculada a lo que denominan un «theriotipo», que es la especie animal específica con la que se identifican. Los theriotipos más comunes incluyen lobos, zorros, felinos de diversos tamaños y aves de presa.
Los miembros de esta comunidad suelen utilizar accesorios como máscaras artesanales, colas o guantes que simulan garras para expresar externamente su identidad, aunque recalcan que estos objetos son meramente representativos y no definen la veracidad de su conexión interna con la naturaleza.
La evolución histórica de los therians en el entorno digital
El origen de este movimiento se remonta a grupos de noticias de Usenet en 1992, específicamente en el foro alt.lifestyle.furry, donde los usuarios comenzaron a discutir sobre la espiritualidad animal. Con el tiempo, la comunidad se separó de otras subculturas para enfocarse exclusivamente en la identidad ontológica.
La evolución tecnológica ha permitido que estas personas encuentren espacios seguros para compartir testimonios sobre la disforia de especie, un sentimiento de incomodidad con el cuerpo humano que algunos integrantes reportan experimentar de manera recurrente.
En la actualidad, instituciones como la American Psychological Association no clasifican esta identidad como un trastorno mental por sí misma, siempre que no interfiera negativamente en la funcionalidad social o laboral del individuo.
Muchos jóvenes encuentran en los therians un sentido de pertenencia y una forma de procesar su relación con el mundo natural en un contexto cada vez más urbanizado y tecnológico. La visibilidad actual ha generado debates sobre la salud mental y la aceptación de la diversidad de identidades en la etapa de la adolescencia.
El portal de laverdadnoticias.com ha dado seguimiento a cómo estas tendencias impactan la convivencia escolar y familiar en diversas regiones.
Los expertos señalan que, en la mayoría de los casos, se trata de una fase de exploración de la identidad que fomenta la creatividad, el ejercicio físico y el respeto por la fauna y el medio ambiente.

Mitos y realidades sobre la comunidad de los therians
Existen diversas confusiones que mezclan a los therians con el movimiento furry. Mientras que los furries se centran en el antropomorfismo, el arte y el uso de disfraces completos conocidos como fursuits, los miembros de la comunidad therian se enfocan en la identidad interna y la conexión instintiva.
No todos los furries se consideran animales, pero un individuo puede pertenecer a ambos grupos simultáneamente si siente una conexión espiritual además del interés artístico por los personajes animales.
Otro punto de controversia es la relación de los therians con la educación y la conducta en espacios públicos. Aunque el uso de máscaras es común en convenciones o reuniones privadas, la mayoría de los integrantes abogan por mantener un comportamiento respetuoso con las normas sociales establecidas.
La desinformación en redes sociales ha llevado a la creación de mitos sobre comportamientos disruptivos en escuelas, los cuales carecen de sustento en informes oficiales de las autoridades educativas competentes.
La comunidad de los therians promueve activamente la investigación y el autoconocimiento. Muchos de sus miembros se dedican al estudio de la etología, que es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales en libertad, para comprender mejor las conductas de sus theriotipos.
Este interés académico suele derivar en una mayor conciencia sobre la conservación de especies en peligro de extinción y la protección de hábitats naturales, convirtiendo su identidad en un motor para el activismo ambiental y el bienestar animal.
Finalmente, es importante reconocer que los therians buscan espacios de validación donde no se les juzgue por su forma de percibir su lugar en el ecosistema. La digitalización ha permitido que voces que antes estaban aisladas ahora formen redes globales de apoyo.
La comprensión de este fenómeno requiere una mirada abierta y basada en la evidencia, reconociendo que la identidad humana es un espectro complejo que continúa evolucionando de la mano de la tecnología y la cultura contemporánea.


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