El jamón no siempre es lo que promete en su etiqueta. Algunos contienen más proteína, menos grasa y menor cantidad de sodio, mientras que otros incorporan ingredientes adicionales que reducen su aporte de carne.
Para ayudar a los consumidores a tomar mejores decisiones, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) analizaló más de 40 productos de distintas categorías para verificar su contenido nutrimental, calidad sanitaria y cumplimiento con la información declarada en sus etiquetas.
¿Cuál es el mejor jamón según Profeco?
De acuerdo con los análisis más recientes difundidos por Profeco en la Revista del Consumidor, uno de los productos mejor evaluados es el jamón horneado sin sal añadida de Peñaranda.
Este producto destacó por su alto contenido de proteína libre de grasa, que ronda el 20%, además de mantener niveles equilibrados de grasa y carbohidratos. Estas características lo convierten en una de las opciones más recomendables para quienes buscan un embutido con mejor perfil nutricional.
Además de esta marca, otros jamones que obtuvieron buenos resultados fueron San Rafael Balance, elaborado con pierna de cerdo y reconocido por su contenido proteico; Zwan Premium BienEstar, elaborado con pavo Virginia; FUD Jamón Americano de pavo y cerdo; y Los Manantiales, una alternativa más accesible dentro de las categorías comerciales.
¿Qué revisó Profeco para evaluar el jamón?
La calidad de un jamón no depende únicamente de la cantidad de carne que contiene. Profeco toma en cuenta varios indicadores que permiten conocer el valor del producto.
Uno de los aspectos más importantes es la proteína libre de grasa, un parámetro que refleja la cantidad de proteína proveniente de carne sin considerar el contenido graso. Mientras más alto sea este porcentaje, mayor será la calidad del producto.
También se analiza la cantidad total de grasa, los niveles de sodio y carbohidratos, así como la presencia de ingredientes adicionales que puedan modificar la composición del alimento.
En cuanto al etiquetado, Profeco verifica que los ingredientes declarados coincidan con los resultados de laboratorio y que no se utilicen componentes como féculas o proteínas vegetales para simular un mayor contenido de carne.

¿Cómo se clasifican los jamones en México?
La normativa mexicana establece diferentes categorías para los jamones dependiendo de su composición.
- Los jamones extrafinos son considerados los de mayor calidad porque no contienen féculas y deben aportar al menos 18% de proteína libre de grasa.
- Los jamones finos tampoco contienen féculas y deben tener un mínimo de 16% de proteína libre de grasa.
- La categoría preferente permite hasta 5% de fécula y exige un mínimo de 14% de proteína libre de grasa.
- En los jamones comerciales el límite de fécula aumenta a 10% y deben aportar al menos 12% de proteína libre de grasa.
- Finalmente, los jamones económicos pueden contener hasta 10% de fécula y ofrecer un mínimo de 10% de proteína libre de grasa.
¿Qué revisar en la etiqueta antes de comprar jamón?
Profeco recomienda leer cuidadosamente la etiqueta antes de colocar cualquier producto en el carrito del supermercado.
Lo primero es verificar que realmente se trate de jamón y no de un producto cárnico procesado con menor contenido de carne. La denominación debe especificar claramente si es jamón de pavo o de cerdo.
También es importante revisar la lista de ingredientes. Además de carne y agua, algunos productos incluyen proteína de soya, almidones, féculas, fosfatos, nitritos y otros aditivos que ayudan a conservar el alimento o mejorar su textura.
Otro aspecto importante es consultar la tabla nutrimental para conocer el contenido de sodio. La Organización Mundial de la Salud recomienda no consumir más de 2 gramos de sodio al día, por lo que elegir productos con menor cantidad puede ayudar a cuidar la salud cardiovascular.
Los sellos de advertencia también ofrecen información útil. Mientras más sellos de exceso de sodio, grasas saturadas o calorías tenga un producto, menos recomendable será para un consumo frecuente.


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