Una leyenda que resistió más de lo que nadie imaginaba
Ozzy Osbourne no solo fue el líder de Black Sabbath o una estrella del heavy metal. Fue un sobreviviente. Su vida estuvo marcada por excesos, escándalos, gloria y enfermedad. En 2003, el mundo supo que el Príncipe de las Tinieblas había sido diagnosticado con una rara forma genética de Parkinson. Dos décadas después, en 2025, falleció a los 76 años, dejando un legado imborrable en la historia de la música.
Su lucha no fue silenciosa. Fue pública, honesta y valiente. En su programa de radio Ozzy Speaks, el artista confesó que ya no podía caminar, pero lo decía con un humor ácido que siempre lo caracterizó: “Sobreviví hasta 2025… sigo vivo, a pesar de todo”.
El Parkinson que no logró apagar su voz
El Parkinson es un trastorno neurológico degenerativo. Provoca temblores, rigidez muscular y pérdida de equilibrio. En el caso de Osbourne, fue aún más agresivo: una variante genética relacionada con la mutación del gen PARK 2 (PRKN-2), común en los diagnósticos de inicio temprano.
Mientras millones de personas lidian con esta enfermedad en el mundo, Ozzy utilizó su visibilidad para ponerle rostro y voz a quienes sufren en silencio. A pesar de los síntomas, siguió trabajando, componiendo y comunicándose con sus fans. A través de tratamientos con células madre y fisioterapia intensiva, luchó con dignidad contra un deterioro progresivo e inevitable.
“No puedo caminar, pero sigo aquí”: las últimas palabras públicas
A inicios de este año, en su espacio radial, Ozzy compartió su estado de salud sin dramatismo. Su frase, “No puedo caminar, pero sigo vivo”, se volvió viral. En medio de un mundo donde las figuras públicas ocultan sus padecimientos, él fue transparente.
Su esposa, Sharon Osbourne, fue su sostén emocional y físico. Relató cómo el músico debía ejercitarse a diario para evitar la atrofia muscular. Y cómo, incluso en los peores días, mantenía su sentido del humor intacto. “Ozzy tiene días buenos, y días muy malos. Pero jamás ha dejado de luchar”.
Parkinson: una enfermedad que aún desafía a la ciencia
La enfermedad de Parkinson afecta a más de 1.1 millones de estadounidenses y es la segunda condición neurodegenerativa más común, solo superada por el Alzheimer. Cada año, 90,000 nuevos casos son diagnosticados en EE. UU. El Parkinson no es letal en sí mismo, pero puede causar complicaciones graves: la neumonía por aspiración, derivada de la dificultad para tragar, representa el 70% de las muertes en pacientes con esta condición.
Ozzy vivió con esa amenaza durante años. La suya fue una lucha diaria, cuerpo a cuerpo, contra una enfermedad que destruye lentamente, desde adentro. Y aun así, siguió cantando, haciendo reír, provocando, inspirando.
La música no muere: el legado eterno de Ozzy
El rock ha perdido una de sus voces más emblemáticas. Pero Ozzy Osbourne no será recordado por su muerte, sino por su vida: su poder en el escenario, su inconfundible timbre, su forma de vivir sin pedir permiso, de romper esquemas.
Desde los años setenta con Black Sabbath, hasta su carrera en solitario y su incursión en los medios masivos con el reality The Osbournes, Ozzy fue mucho más que un músico: fue una figura cultural, un ícono pop involuntario, un símbolo de resistencia.
Un último rugido antes del silencio
Ozzy no necesitó morir joven para convertirse en leyenda. Lo fue en vida. Y eso es lo que lo hace único.
En su última etapa, su mensaje fue claro: «Puedo estar quejándome de que no puedo caminar, pero miro a mi alrededor y hay gente que no ha hecho ni la mitad que yo y no sobrevivió.» Con esa frase, selló un legado que trasciende la música y la enfermedad.


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