La bioserie «Chespirito: Sin querer queriendo» no solo revivió la nostalgia, sino que desató una guerra. Florinda Meza prepara una demanda por difamación, exponiendo una batalla por el control del relato histórico de un ícono cultural.
El universo creado por Roberto Gómez Bolaños, «Chespirito», que por décadas fue sinónimo de unión familiar frente al televisor, es hoy el epicentro de una amarga disputa. El estreno de la serie biográfica Chespirito: Sin querer queriendo, producida por su hijo Roberto Gómez Fernández, ha provocado una reacción contundente de Florinda Meza, viuda del comediante, quien prepara una demanda por difamación, según reportes periodísticos. Este conflicto legal no es una simple disputa por derechos, es la batalla final por el alma del legado de Chespirito.
La Demanda: Un Contrataque a la Narrativa Oficial
Desde el lanzamiento de la serie en la plataforma Max, Florinda Meza se ha convertido en el blanco de críticas en redes sociales. La producción, según Meza, presenta una faceta «completamente falsa» de su persona y de su relación con Gómez Bolaños.
La periodista Ana María Alvarado reveló que Meza está alistando acciones legales con un nuevo despacho de abogados. «Está preparando una súper demanda por la difamación que se le ha hecho en la historia contada por el hijo de Roberto Gómez Bolaños», afirmó Alvarado. Este movimiento se interpreta como un contrataque directo a la narrativa que la serie busca establecer, una en la que, según testimonios de excompañeros y la propia trama, Meza es pintada como una figura controladora y ambiciosa.
El Relato de la Serie vs. la Versión de Meza
La serie aborda momentos clave y polémicos de la historia del elenco de El Chavo del 8. Se ha criticado la forma en que se retrata a Meza, insinuando una influencia desmedida sobre Chespirito. Por ejemplo, Rosita Bouchot, actriz de reparto, la llamó «ambiciosa» y la acusó de «pisotear a quien fuera».
Por su parte, Florinda Meza ha utilizado sus propias plataformas para desmentir lo que considera falsedades. En entrevistas pasadas, ha dado su versión sobre su relación con Chespirito, admitiendo que él fue «muy infiel» a su primera esposa, Graciela Fernández, pero que ella se negó a ser «una más en su lista», lo que eventualmente llevó a su unión de casi 40 años. La serie, al ser contada desde la perspectiva de los hijos de ese primer matrimonio, presenta un ángulo inherentemente conflictivo.
«Él tenía siete grandes defectos, seis hijos y una esposa.» – Una controversial declaración de Florinda Meza sobre Chespirito en 2004, que evidencia la tensión de larga data.
El Veredicto del Público: La Estatua de la Discordia
La guerra por la narrativa ha trascendido lo legal y mediático, llegando al terreno físico. En Juchipila, Zacatecas, ciudad natal de Meza, se ha organizado un evento en Facebook titulado «Todos a quitar la escultura de Florinda», que ha ganado miles de adeptos. El evento, programado para el 24 de julio, busca remover el monumento en repudio a la imagen que la serie ha reforzado. Este hecho, independientemente de si se concreta, demuestra que la serie producida por Gómez Fernández está ganando la batalla por la opinión pública.
Una Fractura Irreparable por el Control del Legado
Este conflicto expone una fractura que parece irreparable. Por un lado, los herederos de Chespirito, liderados por su hijo, utilizan una herramienta moderna y masiva como una serie de streaming para consolidar su versión de la historia. Por otro, Florinda Meza, quien fue la compañera de vida y socia creativa de Gómez Bolaños por décadas, recurre a la vía legal para defender su honor y su papel en la leyenda.
La disputa ya no es sobre quién era dueño de los personajes, como en el pasado conflicto con Carlos Villagrán («Quico»). Ahora se trata de algo más profundo: quién tiene derecho a contar la historia y, con ello, a definir para las futuras generaciones quién fue realmente el hombre detrás del genio y quiénes fueron las personas que lo rodearon. El legado de Chespirito, un tesoro cultural de Latinoamérica, está en el centro de una guerra familiar sin un final feliz a la vista.


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