La Cultura y Pop se convierte en un punto de partida para reflexionar sobre el modo en que el cine, la literatura y las artes dialogan entre sí, se contaminan y se reinterpretan con el paso del tiempo. La reciente proyección de “Le Mépris” en un cine de arte de Maastricht, organizada para recordar a Brigitte Bardot, fue más que un homenaje: fue una invitación a pensar cómo las obras sobreviven a sus autores y cómo cada espectador reconstruye su sentido desde el presente.
La película de Jean-Luc Godard, estrenada en 1963 y conocida en español como “Desprecio”, es una de esas obras que siguen generando debate décadas después. Para algunos, representa una cima del cine moderno; para otros, un ejercicio de estilo cargado de pretensión. Cultura y Pop encuentra en esa tensión el terreno ideal para cuestionar la admiración automática y explorar las contradicciones que acompañan a las figuras consagradas del arte.
El peso de Godard en la historia del cine
Hablar de Godard es hablar de ruptura. Sus películas abrieron caminos narrativos y formales que hoy resultan familiares precisamente porque fueron asimilados por generaciones posteriores. Movimientos de cámara abruptos, diálogos fragmentados y una relación libre con la narrativa clásica definieron una nueva gramática cinematográfica.
Sin embargo, Cultura y Pop invita a mirar más allá del mito. Vista desde hoy, “Le Mépris” puede resultar extenuante: discusiones largas, personajes difíciles de empatizar y una trama cuyo conflicto se revela demasiado pronto. La película parece más interesada en exhibir una postura intelectual que en construir una experiencia emocional coherente.
Brigitte Bardot y la mirada masculina
La presencia de Brigitte Bardot en “Le Mépris” es central, pero también problemática. Las escenas en las que aparece desnuda no responden a una necesidad narrativa clara, sino a una explotación evidente de su imagen. Esta decisión revela una relación desigual entre director y actriz, común en una época donde la genialidad masculina solía justificarse a cualquier costo.
Desde Cultura y Pop, esta observación no busca cancelar a Godard, sino contextualizarlo. Reconocer su influencia no implica ignorar sus limitaciones ni las dinámicas de poder que atraviesan su obra. Al contrario, permite una lectura más honesta y compleja del legado cinematográfico.
La novela de Moravia y su transformación
“Le Mépris” está basada en una novela de Alberto Moravia cuya premisa, en papel, resulta sugerente. Un escritor acepta trabajos que desprecia para sobrevivir económicamente, mientras su matrimonio se deteriora bajo el peso de la ambición y la humillación. La historia plantea conflictos morales y emocionales que prometen profundidad.
En la adaptación cinematográfica, sin embargo, muchos de esos matices se diluyen. Cultura y Pop observa cómo el cine, al reinterpretar la literatura, puede perder riqueza emocional cuando privilegia el concepto sobre la experiencia humana. La comparación entre ambos formatos evidencia que la fidelidad no siempre garantiza profundidad.
Ver una obra para entender otra
A pesar de sus fallas, ver “Le Mépris” resulta valioso. No solo permite calibrar mejor la figura de Godard, sino que abre la puerta a conexiones inesperadas. Cultura y Pop encuentra en esa experiencia la semilla de una conjetura literaria que cruza fronteras y épocas.
El cine, incluso cuando incomoda, puede detonar reflexiones que trascienden la pantalla. En este caso, la película funciona como un espejo imperfecto que refleja temas universales: ambición, desgaste emocional y el uso del otro como medio para un fin.
Ibargüengoitia y una historia interrumpida
En 1983, Jorge Ibargüengoitia vivía en París cuando aceptó asistir a un congreso de escritores en Bogotá. El viaje terminó en tragedia tras un accidente aéreo en Madrid que cobró la vida de 182 personas, entre ellas la del escritor mexicano. Años después, la revista Vuelta publicó un fragmento de la novela que dejó inconclusa.
Cultura y Pop recupera ese episodio para subrayar la fragilidad de las trayectorias creativas. En “Isabel cantaba”, Ibargüengoitia aborda una historia donde un actor utiliza a su esposa para avanzar profesionalmente. El tema recuerda a Moravia y a Godard, pero el tratamiento es distinto, más cercano, más irónico y profundamente mexicano.
Influencias que viajan entre artes
¿Pudo Ibargüengoitia inspirarse en “Le Mépris”? Es imposible saberlo con certeza, pero la hipótesis resulta plausible. Cultura y Pop plantea que las ideas viajan libremente entre disciplinas, transformándose en cada cruce. Una película puede detonar una novela, así como un libro puede inspirar una obra pictórica o una escena cinematográfica.
Este intercambio constante explica por qué los artistas consumen obsesivamente el trabajo de otros creadores. No se trata de copiar, sino de dialogar, de responder a estímulos que despiertan nuevas formas de contar una historia.
El circuito infinito de la creación
Libros inspiran películas, películas inspiran pinturas, pinturas generan fotografías y estas, a su vez, regresan al cine. Cultura y Pop observa este circuito como un movimiento perpetuo donde nada surge en el vacío. Cada obra es una respuesta, consciente o no, a lo que vino antes.
Esta lógica desmonta la idea romántica del genio aislado. La creación artística es colectiva en el tiempo, una conversación ininterrumpida entre voces que rara vez se encuentran, pero que se influyen mutuamente.
Mirar con distancia crítica
La admiración acrítica empobrece la experiencia cultural. Cultura y Pop propone una mirada que reconozca la importancia histórica de las obras sin convertirlas en dogmas intocables. Godard puede ser influyente y, al mismo tiempo, problemático; Bardot puede ser icónica y víctima de una industria que la cosificó.
Aceptar estas contradicciones enriquece la lectura del pasado y permite comprender mejor el presente creativo. El arte no necesita pedestales, necesita contexto.
El valor de la relectura contemporánea
Volver a estas obras desde el presente no es un ejercicio nostálgico, sino una práctica crítica. Cultura y Pop subraya que cada generación resignifica el arte según sus propias preguntas y sensibilidades. Lo que antes se celebraba sin matices hoy puede generar incomodidad, y esa incomodidad también es productiva.
En ese sentido, la proyección de “Le Mépris” no fue un acto de reverencia, sino una oportunidad para repensar la herencia cultural y sus zonas grises.
Crear es dialogar
Cultura y Pop cierra esta reflexión recordando que el arte avanza por acumulación, por contraste y por debate. Godard, Moravia e Ibargüengoitia forman parte de una misma conversación, aunque nunca se hayan sentado en la misma mesa. Sus obras se cruzan, se responden y se transforman en manos de nuevos lectores y espectadores.
Entender la creación como diálogo permanente nos permite apreciar el arte sin solemnidad y sin ingenuidad, conscientes de que toda obra es hija de su tiempo y, al mismo tiempo, semilla de otras historias por venir.


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