Lo que prometía ser un éxito de taquilla se ha convertido en un campo de minas legales, donde las acusaciones vuelan como metralla y las reputaciones penden de un hilo.
Lively acusa a Baldoni de acoso sexual y de orquestar una campaña de desprestigio en su contra después de que ella denunciara comportamientos inapropiados en el set. La actriz detalla una lista de «reglas anti-acoso» que Baldoni habría violado, incluyendo la prohibición de mostrarle imágenes de mujeres desnudas o hablar de la supuesta adicción al porno del director. Estas exigencias reflejan una mayor conciencia y demanda de límites claros en la era post-#MeToo, pero también plantean un debate sobre las dinámicas de poder y control creativo en las producciones. Por su parte, Baldoni no se ha quedado atrás, interponiendo una contrademanda de $400 millones por extorsión y difamación contra Lively y su esposo, Ryan Reynolds.
El escándalo ha salpicado incluso a Taylor Swift, amiga de Lively. Baldoni citó a la superestrella del pop, presumiblemente para testificar sobre la supuesta presión ejercida por Lively y Reynolds para que aceptara cambios en el guion. Sin embargo, la citación fue sorpresivamente retirada el 22 de mayo, un movimiento que el equipo de Lively celebró como una victoria contra el «acoso» y un intento de Baldoni de usar la fama de Swift para generar «carnada sensacionalista». La estrategia legal de ambas partes parece ser de «tierra arrasada», con múltiples demandas y contrademandas que incluyen una de Baldoni contra The New York Times por $250 millones y otra de un publicista contra Lively por $7 millones. Mientras tanto, Colleen Hoover, autora de la novela original, ha optado por distanciarse borrando toda mención de Lively y Baldoni de sus redes. Con un juicio programado para marzo de 2026 , la única certeza es que los costos financieros y reputacionales seguirán aumentando.


TE PODRÍA INTERESAR