Una fan acusa a Alejandro Sanz de una relación «íntima y sexual» abusiva. Él responde que todo es por un negocio fallido. Analizamos el caso.
«Me siento utilizada, humillada, sucia». Las palabras de Ivet Playà, una fan de Alejandro Sanz, han desatado un escándalo. Él niega todo y apunta a una extorsión. ¿Quién miente?
El Relato de la «Pesadilla»: La Acusación de Ivet Playà
El testimonio de Ivet Playà, una joven que pasó de ser una fan devota a una presunta víctima, ha sacudido los cimientos de la imagen de Alejandro Sanz. En un video que se volvió viral, Playà narra cómo su relación con el cantante, que según ella comenzó cuando acababa de cumplir 18 años, evolucionó de una interacción en redes sociales a un vínculo «íntimo y sexual». Describe lo que creía un sueño como una «terrible pesadilla», asegurando haberse sentido «utilizada y humillada».
Según su relato, Sanz, entonces de 49 años, habría utilizado su estatus de ídolo para establecer una dinámica de poder desigual. «Alejandro Sanz sabía perfectamente lo que era. Lo sabía desde el principio. Yo era una niña», afirma Playà, quien asegura que el cantante la contrató para trabajar para él, mezclando lo profesional con lo personal de una manera que la dejó sintiéndose vulnerable y expuesta. Aunque ella misma ha matizado que no se trata de un delito penal, sí habla de «actitudes moral y humanamente inaceptables», pintando un retrato de manipulación emocional y abuso de poder.
La Respuesta del Titán: «Me Ofreciste un Negocio y Dije que No»
La respuesta de Alejandro Sanz no se hizo esperar y fue directa y contundente. A través de un comunicado, el cantante no negó la relación, pero la reencuadró por completo. Habló de «un recuerdo muy bonito» entre «dos adultos compartiendo afecto, siendo libres». Y entonces, lanzó la bomba que cambia toda la perspectiva del caso: según Sanz, la acusación de Playà surge justo después de que él rechazara una propuesta de negocios.
«En mayo, me ofreciste participar en la inversión de unos negocios familiares tuyos», escribió Sanz. «Después de revisarlo con mis asesores te dije que no. Siento que tu reacción sea esta». Con esta declaración, Sanz no solo se defiende, sino que contraataca, sugiriendo que el móvil de Playà no es la búsqueda de justicia por un daño emocional, sino una venganza o una forma de presión tras un rechazo financiero. Transforma una acusación de abuso de poder en un presunto intento de extorsión, una estrategia de defensa tan arriesgada como efectiva.
El Veredicto Imposible: Poder, Dinero y la Duda Razonable
Nos encontramos ante un clásico «él dijo, ella dijo», pero magnificado por la inmensa asimetría de poder. Por un lado, una joven anónima que se enfrenta a un ícono global. Por otro, una superestrella con un equipo de relaciones públicas y abogados listos para defender su multimillonaria marca. La verdad objetiva parece inalcanzable.
El núcleo de la cuestión no es si tuvieron o no una relación, sino la naturaleza de esa relación. ¿Fue un romance consentido entre dos adultos, como afirma Sanz? ¿O fue una dinámica de poder desequilibrada en la que un hombre famoso y maduro se aprovechó de la admiración y juventud de una fan, como sugiere Playà? La defensa de Sanz, al introducir el elemento del negocio fallido, es inteligente porque siembra una duda razonable sobre las motivaciones de su acusadora.
Sin embargo, también corre el riesgo de ser percibida como la táctica predecible de un hombre poderoso que desacredita a una mujer atribuyendo sus acciones al dinero. Este escándalo se ha convertido en un campo minado para la reputación de Sanz, donde cada paso, cada declaración, puede ser interpretado de dos maneras opuestas, dejando al público como el único jurado en un caso sin pruebas concluyentes.


TE PODRÍA INTERESAR