El viernes 13 representa para muchos mexicanos un periodo de incertidumbre y cautela, alimentado por siglos de tradiciones religiosas y la influencia de la cultura pop contemporánea.
Aunque en el mundo hispanohablante el Martes 13 ha sido históricamente el día asociado a la mala fortuna, la globalización ha permitido que la fobia al sexto día de la semana, cuando coincide con el número trece, se asiente con fuerza en el imaginario colectivo nacional. Esta fecha no solo despierta curiosidad, sino que modifica comportamientos cotidianos de quienes prefieren no tentar al destino.
La carga simbólica de este día es una mezcla de herencia europea y mitos modernos. En la psicología social, el temor a esta fecha se conoce como triscaidecafobia cuando se refiere específicamente al número, y parascevedecatriafobia cuando se trata del día en particular.
En México, el Viernes 13 convive con un folclor rico en simbolismos, donde lo sagrado y lo profano se entrelazan para dar vida a advertencias que pasan de generación en generación, influyendo en decisiones que van desde lo laboral hasta lo personal.
El origen histórico del temor al número trece
La desconfianza hacia esta cifra no es una invención reciente. Sus raíces se hunden en la tradición cristiana, específicamente en el relato de la Última Cena, donde trece personas se sentaron a la mesa: Jesús y sus doce apóstoles.
La presencia de Judas Iscariote, el traidor, como el treceavo asistente, marcó al número como un presagio de desgracia y ruptura. Además, el equilibrio numérico del doce, presente en los meses del año y los signos del zodiaco, se ve alterado por el trece, interpretado como un elemento de caos.
Por otro lado, el carácter negativo del viernes tiene un sustento histórico y religioso profundo. En la tradición cristiana, se cree que la crucifixión de Jesús ocurrió un viernes, lo que vincula este día con el sacrificio y el dolor.
Durante la Edad Media, la combinación de ambos elementos comenzó a ganar fama como un presagio de eventos desafortunados. En México, esta influencia llegó mediante la colonia española, aunque inicialmente se centraba más en el martes, relacionado con Marte, el dios de la guerra y la destrucción.
El cambio de enfoque hacia el Viernes 13 en territorio mexicano se consolidó durante el siglo XX. La poderosa industria cinematográfica de Estados Unidos, con sagas de terror emblemáticas, exportó la idea de que este día era el escenario perfecto para tragedias y eventos sobrenaturales.
Hoy en día, es común que la población mexicana adopte ambas fechas con el mismo respeto o escepticismo, integrándolas a su catálogo de creencias populares sobre la suerte y el destino.

Supersticiones más comunes en la cultura mexicana
A pesar de vivir en una era tecnológica, muchas personas en México mantienen rituales específicos para protegerse durante el Viernes 13. Una de las prácticas más arraigadas es evitar el inicio de proyectos importantes, como la firma de contratos de compraventa o el comienzo de una construcción.
Existe la creencia de que cualquier empresa que inicie bajo esta influencia está destinada al fracaso o a enfrentar obstáculos insuperables, por lo que las notarías y oficinas a veces registran una ligera baja en trámites específicos.
Otras supersticiones clásicas incluyen evitar pasar debajo de una escalera, ya que se considera que se rompe una unidad sagrada, o el pánico ante un espejo roto, que supuestamente condena al responsable a siete años de desgracia.
Para «curarse» de las malas vibras, es habitual ver a personas tocando madera o incluso acudiendo a mercados tradicionales, como el de Sonora en la Ciudad de Ciudad de México, para adquirir amuletos o realizarse limpiezas energéticas que ayuden a transitar el día con mayor seguridad.
El impacto del Viernes 13 se extiende también a la mesa. Persiste la idea de que nunca deben sentarse exactamente trece personas a comer, por temor a que una de ellas sufra una fatalidad en el corto plazo.
Estas conductas, aunque carecen de sustento científico, refuerzan la cohesión cultural y el sentido de identidad a través del misterio. En el portal de laverdadnoticias.com se analiza cómo estas creencias influyen incluso en el consumo y el turismo, pues algunos viajeros prefieren posponer sus traslados.
El papel de los medios y la realidad estadística
Es fundamental reconocer que el cine ha sido el gran motor del miedo moderno hacia esta fecha. La famosa máscara de hockey y los escenarios de campamentos veraniegos transformaron una superstición religiosa en un fenómeno de entretenimiento global.
En México, las televisoras y plataformas de streaming suelen programar maratones de películas de suspenso, lo que refuerza de manera inconsciente la asociación del Viernes 13 con el peligro, manteniendo viva la tradición en las nuevas generaciones.
Sin embargo, desde una perspectiva objetiva, no existen datos que confirmen un aumento en la tasa de accidentes o eventos catastróficos durante este día. El Gobierno de México y sus instituciones de protección civil operan bajo protocolos estándar, sin registrar anomalías estadísticas vinculadas al calendario.
El fenómeno es meramente psicológico: las personas tienden a notar y recordar más los eventos negativos que ocurren en un Viernes 13 debido al sesgo de confirmación, ignorando los días «de mala suerte» que pasan desapercibidos en fechas ordinarias.
Al final del día, el Viernes 13 es un testimonio de cómo la historia, la religión y el entretenimiento moldean nuestra percepción del mundo. Para los escépticos es solo un viernes más, mientras que para los creyentes es un recordatorio de que siempre es bueno actuar con prudencia.
Independientemente de la postura, esta fecha sigue siendo un pilar del folclor mexicano que invita a reflexionar sobre nuestra relación con lo desconocido y la fascinante persistencia de los mitos en la vida moderna.
El Viernes 13 continuará apareciendo en nuestros calendarios, recordándonos que el ser humano siempre buscará explicaciones simbólicas para el azar. Ya sea evitando derramar sal o simplemente disfrutando de una película de terror, la sociedad mexicana demuestra su resiliencia cultural al mantener vivas estas pequeñas pausas en la rutina.
La superstición, lejos de ser solo miedo, es una forma de respeto hacia las narrativas que nos han dado forma como sociedad a lo largo de los siglos.


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