martes, febrero 3, 2026

Mujeres sienten más frío y la ciencia ya explica por qué

Mujeres experimentan mayor sensibilidad al frío por procesos internos que la ciencia explica desde la fisiología

Las mujeres enfrentan cada temporada invernal con una experiencia térmica distinta que no responde a exageraciones ni percepciones subjetivas sin fundamento. La sensación de frío tiene raíces biológicas profundas que condicionan la forma en que el cuerpo regula el calor, prioriza funciones internas y responde al ambiente, incluso cuando la temperatura es la misma para todos.

La ciencia ha observado que mujeres presentan una organización fisiológica enfocada en proteger órganos vitales, lo que provoca que manos y pies reciban menos flujo sanguíneo cuando el entorno es frío. Este mecanismo de supervivencia, aunque eficiente, incrementa la incomodidad térmica y refuerza la percepción de bajas temperaturas.

Diferencias corporales que influyen en la temperatura

La regulación térmica no funciona igual en todos los cuerpos. En mujeres, la temperatura central suele mantenerse estable, pero las extremidades se enfrían con mayor rapidez. Esto ocurre porque el sistema circulatorio redistribuye la sangre hacia zonas esenciales, reduciendo el calor superficial.

Además, mujeres suelen tener una tasa metabólica basal menor, lo que implica una producción interna de calor más baja. Cuando el cuerpo genera menos energía térmica, la tolerancia al frío disminuye, sobre todo en climas húmedos o con corrientes de aire constantes.

El papel del metabolismo y la energía

El metabolismo influye directamente en cómo se percibe el frío. Mujeres queman energía a un ritmo distinto, y esa diferencia se traduce en menor generación de calor corporal. No se trata de debilidad, sino de una adaptación fisiológica relacionada con la eficiencia energética.

Cuando el metabolismo es más bajo, el cuerpo conserva recursos, pero sacrifica confort térmico. Por eso mujeres pueden sentir frío incluso en espacios cerrados donde otras personas se sienten cómodas.

Hormonas y regulación térmica

Las hormonas influyen de forma decisiva en la percepción del frío. En mujeres, los cambios hormonales afectan la dilatación de los vasos sanguíneos y la manera en que el calor se libera a través de la piel. Durante ciertas fases del ciclo menstrual, esta sensibilidad se intensifica.

El aumento de progesterona puede elevar ligeramente la temperatura interna, pero también provocar una mayor sensación de frío externo. Este contraste genera incomodidad térmica que no siempre se explica solo con la temperatura ambiental.

Grasa corporal y aislamiento térmico

Existe la creencia de que tener más grasa corporal protege del frío, pero en mujeres la distribución de esa grasa no siempre funciona como aislante efectivo. La grasa subcutánea no conserva el calor de la misma forma que la grasa visceral.

Por esta razón, mujeres pueden experimentar frío persistente aun cuando su composición corporal parecería favorecer la retención térmica.

La vida cotidiana y el frío constante

En oficinas, hogares y espacios públicos, mujeres suelen verse obligadas a adaptarse a temperaturas diseñadas bajo parámetros masculinos. El aire acondicionado, la ventilación y los sistemas de calefacción no consideran estas diferencias biológicas.

Esta desconexión entre diseño ambiental y fisiología provoca incomodidad diaria y normaliza una experiencia de frío que no debería ignorarse.

Estrategias para reducir la sensación térmica

Vestirse en capas, priorizar materiales térmicos y mantener el cuerpo en movimiento ayuda a mujeres a regular mejor su temperatura. La actividad física activa la circulación y eleva la producción interna de calor.

La alimentación caliente, la hidratación constante y el uso de calzado adecuado también influyen de manera directa en el confort térmico durante el invierno.

Entender el frío sin minimizarlo

Minimizar la experiencia térmica de mujeres refuerza estereotipos y desatiende realidades biológicas comprobadas. Comprender estas diferencias permite crear entornos más inclusivos y saludables.

El frío no se siente igual para todos, y reconocerlo es el primer paso para diseñar soluciones que respeten la diversidad corporal.

Una percepción basada en ciencia

La sensación de frío en mujeres no es una cuestión cultural ni psicológica. Es una respuesta fisiológica compleja que involucra metabolismo, hormonas, circulación y distribución energética.

Aceptar esta realidad abre la puerta a un diálogo más informado sobre bienestar, salud y diseño de espacios pensados para todos los cuerpos.

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