Ataúd de oro de 2.5 millones de pesos: Lujo y debate en Nigeria

El ataúd de oro de 2.5 millones de pesos con el que un profeta nigeriano sepultó a su madre ha generado una ola de conmoción y debate en todo el mundo.

Este suntuoso funeral, que se celebró en la ciudad natal de Aleibiri, estado de Bayelsa, en Nigeria, es un claro ejemplo de la ostentación que rodea a algunas figuras religiosas. Jeremías Fufeyin, el profeta en cuestión, buscó honrar a su progenitora, “Mama Asetu”, fallecida a los 104 años, con una ceremonia de despedida que acaparó la atención internacional.

La noticia de este funeral rápidamente se viralizó en redes sociales y medios internacionales, donde las imágenes y videos del lujoso féretro circularon sin parar. Medios de comunicación locales que documentaron el evento aseguraron que el ataúd utilizado en el sepelio estaba bañado en oro, estimando su valor en casi dos millones y medio de pesos mexicanos.

Aunque esta cifra no ha sido confirmada oficialmente, el simple hecho de su composición desató la controversia.

La ceremonia luctuosa fue un evento de gran magnitud, reuniendo a miles de asistentes, lo que demostró la influencia de la madre del profeta y de la familia en general. Entre los congregados se encontraban líderes religiosos, importantes figuras políticas, feligreses del Christ Mercyland Deliverance Ministry (fundado por Fufeyin) y residentes de la comunidad. Todos acudieron para rendir homenaje a una mujer descrita como respetada y con una profunda ascendencia en su entorno.

El ataúd de oro se convirtió en el símbolo central de la despedida, percibido por algunos como una muestra extrema de amor y honor filial. Sin embargo, para otros, este despliegue de riqueza en un país con amplios sectores que enfrentan dificultades económicas severas, suscitó críticas y un cuestionamiento ético sobre el uso de la fortuna personal. Este dilema es recurrente cuando figuras públicas con gran patrimonio realizan gastos tan ostentosos.

Jeremías Fufeyin es conocido por su filantropía y por un estilo de vida que muchos consideran opulento. La «celebración de vida» que la familia había anunciado meses atrás para honrar el legado de Mama Asetu, terminó siendo uno de los funerales más llamativos del año debido al elevado costo del féretro. La elección de un ataúd de oro marcó la pauta del debate público.

Este tipo de eventos reaviva la discusión sobre el papel de los líderes religiosos en la sociedad y la responsabilidad social que deberían tener al manejar grandes riquezas. Mientras que los seguidores defienden el gesto como un tributo digno a la madre de su líder, los críticos señalan la desconexión entre el lujo exhibido y las realidades sociales. La ostentación genera admiración, pero a su vez provoca una fuerte polarización en la opinión pública.

El sepelio de Mama Asetu no fue solo un acto de duelo, sino también un espectáculo que trascendió las fronteras de Nigeria.

El profeta Jeremías, al elegir el ataúd de oro, garantizó que el evento no pasaría desapercibido, cumpliendo su objetivo de hacer de la despedida de su madre un homenaje memorable. La dimensión del funeral reflejó el estatus del profeta y su capacidad para movilizar grandes multitudes y recursos.

La controversia detrás del ataúd de oro

El valor estimado del ataúd de oro de casi 2.5 millones de pesos pone en perspectiva la magnitud de la inversión en la ceremonia. Este gasto exorbitante, aunque legal, contrasta con el día a día de la mayoría de la población nigeriana, haciendo que el lujo sea visto como excesivo o, incluso, ofensivo por algunos observadores externos. Es un claro ejemplo de cómo la riqueza religiosa se manifiesta en eventos de la vida personal.

La discusión en torno al ataúd de oro se centra en si estos gastos extraordinarios son apropiados para figuras que predican la fe y la moderación. La dualidad de su figura—un hombre de fe que realiza actos de caridad, pero que también exhibe una riqueza incalculable—es lo que alimenta el debate. El funeral de la madre de Fufeyin se ha convertido en uno de los eventos más comentados en Nigeria, por su magnitud y por la controversia que inevitablemente lo acompaña. La exhibición pública de lujo siempre genera escrutinio.

Para entender el fenómeno, es crucial considerar el contexto cultural y social en el que se desarrolla. En algunas tradiciones, un funeral lujoso es la máxima expresión de respeto y éxito, siendo el ataúd de oro el elemento cúspide de dicho honor.

Sin embargo, en el ojo de los medios globales, la historia se reduce al impresionante costo y al choque con las nociones occidentales de discreción. Se espera que este caso siga siendo un punto de referencia cuando se hable de opulencia religiosa y funerales extravagantes en el continente africano.

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