Hace siete años, el astrofísico Enrique Pérez Montero perdió la vista debido a una enfermedad degenerativa. Lejos de abandonar su carrera, desarrolló un método innovador para seguir explorando el cosmos: transformar la luz y los datos de las galaxias en sonido.
Para la mayoría de nosotros, el universo es una experiencia visual: la majestuosidad de una noche estrellada, las impactantes imágenes de galaxias lejanas captadas por telescopios. Pero para Enrique Pérez Montero, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España, el universo tiene una banda sonora. Hace siete años, perdió la vista por completo, pero su curiosidad por el cosmos permaneció intacta. Ahora, en lugar de ver las estrellas, las escucha.
Su historia no es solo un testimonio de superación personal, sino una revolución en la forma de percibir y analizar los datos científicos, abriendo la puerta a una astronomía más inclusiva y multidimensional.
<h2>La ciencia de transformar luz en sonido</h2>
La retinosis pigmentaria, la enfermedad degenerativa que afectó a Enrique, le fue quitando la visión poco a poco. «Yo pensaba que eso iba a ser el fin», confesó en una entrevista. Sin embargo, descubrió que podía seguir haciendo ciencia, pero de una manera diferente.
Su método, conocido como «sonificación», consiste en traducir los datos astronómicos a parámetros acústicos. Así, propiedades como la posición de una estrella, su brillo, su color o la composición química de una galaxia se convierten en notas, tonos, volúmenes o timbres.
«El sonido no es real. Es una transformación de la información».
De esta manera, puede analizar los datos de la misma forma que sus colegas, pero utilizando el oído en lugar de la vista. Puede identificar patrones, detectar anomalías y sacar conclusiones científicas sobre fenómenos como la formación de estrellas o la muerte explosiva de una supernova. Su trabajo actual se centra en estudiar las primeras generaciones de galaxias del universo, contribuyendo al campo midiendo su composición química a través del sonido.
<h2>»Casi todos estamos igual de ciegos al universo»</h2>
Una de las perspectivas más fascinantes que ofrece Enrique es que, en realidad, la vista humana es extremadamente limitada para comprender el cosmos. «El ojo es totalmente ciego a la mayor parte de las longitudes de onda, desde las ondas de radio hasta los rayos X», explica. Los astrónomos dependen de grandes telescopios e instrumentos que capturan esta información invisible y la traducen, a menudo, en imágenes con «colores falsos» para que podamos interpretarlas.
«Para entender el universo, tienes que obviar lo que ves. El sentido de la vista nos indica que somos el centro del universo, con lo cual muchas veces nos engaña. (…) Así que yo estoy en igualdad de condiciones con mis colegas con respecto a sentirme muy pequeño en nuestro universo».
Desde esta perspectiva, su método no es una simple adaptación, sino una forma de análisis tan válida como la visual. De hecho, argumenta que la diversidad de capacidades en los equipos de investigación los hace más productivos y creativos. «Formar investigadores por el mismo patrón al final siempre van a encontrar la misma solución», afirma, defendiendo la inclusión como motor de la innovación científica.
<h2>Divulgación inclusiva: una astronomía para todos los sentidos</h2>
Más allá de su propia investigación, Enrique Pérez Montero se ha convertido en un apasionado divulgador, con el objetivo de hacer la astronomía accesible para todos. Ofrece talleres para personas con y sin discapacidad donde utiliza el sonido y el tacto para explorar el cosmos.
Emplea maquetas en relieve de la Luna o del hemisferio norte para que se puedan «tocar» los cráteres y las constelaciones. Ha creado una «discoteca del cosmos», una colección de sonidos que representan diferentes fenómenos celestes, para que la gente pueda experimentar el universo a través del oído.
Su historia es un poderoso recordatorio de que las dificultades, por terribles que parezcan, a menudo pueden ser superadas a través de la adaptación y la creatividad. Enrique no solo ha encontrado una nueva forma de trabajar, sino que está abriendo un nuevo campo en la ciencia, demostrando que para explorar los secretos más profundos del universo, a veces, lo más importante es saber escuchar.


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