La saga The Legend of Zelda ha sido reconocida por la meticulosidad en sus desarrollos, y Majora’s Mask no fue la excepción. Sin embargo, pocos saben que este oscuro y enigmático juego estuvo al borde de la cancelación por orden directa de Shigeru Miyamoto. En 1999, con Nintendo ya enfocada en su próxima consola, GameCube, el creador de Mario y Zelda lanzó un ultimátum: si Majora’s Mask sufría un nuevo retraso, el proyecto sería abandonado.
Un Zelda desarrollado contrarreloj
Después del rotundo éxito de Ocarina of Time en 1998, Nintendo buscaba lanzar una nueva entrega para Nintendo 64 en un tiempo récord. La estrategia consistía en reutilizar recursos del título anterior, reduciendo así los costos y el tiempo de producción. El objetivo inicial era completar el desarrollo en solo un año y medio, un desafío ambicioso para la compañía japonesa.
Sin embargo, la complejidad del diseño y la introducción de mecánicas innovadoras, como el sistema de tres días y el uso de máscaras, generaron retrasos internos. Esto preocupó a Miyamoto, quien no quería que el proyecto interfiriera con la próxima generación de consolas. En una entrevista de noviembre de 1999 para la revista 64 Dream, el legendario diseñador dejó claro que si el juego no estaba listo pronto, se cancelaría definitivamente.
La sombra de GameCube sobre Majora’s Mask
Nintendo ya estaba enfocada en el desarrollo de su próxima consola, conocida internamente como “Dolphin” y posteriormente lanzada como GameCube. La prioridad de la compañía era garantizar un catálogo sólido para su estreno, y un retraso prolongado de Majora’s Mask podía afectar estos planes.
Miyamoto, en su papel de productor, no participaba directamente en la programación, pero supervisaba de cerca el progreso del equipo. Su preocupación radicaba en que, si el título se extendía demasiado en su desarrollo, podría obstaculizar los recursos destinados a GameCube. “Si en noviembre me dicen que necesitan otro año, se cancelará. No podemos permitir que se interponga en el camino de Dolphin”, afirmó Miyamoto en aquella entrevista.
Un Zelda marcado por la presión y el crunch
El equipo de desarrollo enfrentó un proceso de producción extenuante. Con un plazo ajustado y la amenaza de cancelación sobre sus cabezas, los desarrolladores vivieron una etapa de intenso crunch. La presión era tal que incluso dejaron referencias dentro del propio juego. Un claro ejemplo es la frase icónica del vendedor de máscaras: “Has encontrado un destino terrible, ¿verdad?”, interpretada por muchos como un guiño a las difíciles condiciones laborales del equipo.
A pesar de todo, lograron completar el proyecto en 15 meses, un tiempo notablemente menor en comparación con los cinco años que tomó Ocarina of Time. Este esfuerzo dio como resultado una de las entregas más oscuras y singulares de The Legend of Zelda.
Majora’s Mask: Un clásico que casi no ve la luz
Finalmente, Majora’s Mask llegó al mercado en abril del 2000, convirtiéndose en un juego de culto gracias a su ambientación sombría, su sistema de juego innovador y su historia cargada de simbolismo. Sin embargo, hoy sabemos que este clásico estuvo a punto de desaparecer debido a la transición de Nintendo hacia la siguiente generación.
El legado de Majora’s Mask sigue vivo, con reediciones en Nintendo 3DS y su llegada a plataformas modernas. Su desarrollo apresurado y las decisiones de la Gran N dejaron huella en la industria, demostrando que, incluso bajo una presión extrema, pueden nacer joyas inolvidables.
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