Lentes inteligentes aspiran a convertirse en una alternativa al celular al integrar cámaras, micrófonos, altavoces e inteligencia artificial en un accesorio de uso cotidiano. Sin embargo, esa capacidad para captar e interpretar lo que ocurre alrededor también puede exponer a usuarios y terceros, especialmente cuando se registran contraseñas, datos bancarios, documentos o rostros sin que exista una percepción clara de que están siendo grabados.
La evolución de estos dispositivos busca llevar información directamente al campo de visión y sustituir parte de las funciones de la pantalla táctil mediante voz, gestos y controles físicos. Modelos como Ray-Ban Meta, los desarrollados por Google junto con Samsung y Qualcomm bajo Android XR, y los Specs de Snap muestran que la industria apuesta por convertir este formato en un gadget habitual para comunicarse, tomar fotografías, consultar contenido y captar información del entorno.
El problema aparece cuando esa comodidad se combina con cámaras y micrófonos capaces de funcionar mientras la persona realiza actividades cotidianas. Los lentes inteligentes pueden convertirse así en herramientas móviles de videovigilancia, porque su diseño se parece al de unos anteojos convencionales y puede hacer menos evidente para otras personas que existe una captura de imagen o sonido.
Algunos modelos incorporan una luz LED para señalar que la cámara está activa, pero esa señal puede pasar desapercibida, ser difícil de interpretar o quedar tapada. Meta incluso lanzó una actualización obligatoria de privacidad para impedir que sus lentes inteligentes continúen grabando cuando el LED de captura es manipulado o roto, una medida que muestra el reto de garantizar una señal efectiva de grabación.
¿Por qué la IA aumenta el riesgo en los lentes inteligentes?
La inteligencia artificial amplía el alcance de la captura porque no solo permite registrar imágenes, sino también interpretar aquello que aparece frente a la cámara. Una investigación de Harvard citada en la información de base mostró en 2024 que la combinación de lentes inteligentes y reconocimiento facial podía utilizarse para identificar en tiempo real a personas que circulaban por la vía pública.
Ese escenario plantea una preocupación adicional para la privacidad, porque una herramienta portátil puede pasar de registrar un momento a analizarlo y asociarlo con identidades. De acuerdo con ESET, el riesgo incluye posibles usos abusivos por parte de acosadores, estafadores o ciberdelincuentes, especialmente si los lentes inteligentes se normalizan en oficinas, comercios y espacios de ocio sin reglas claras.
Las grandes plataformas también enfrentan cuestionamientos por las funciones que planean incorporar. Meta, por ejemplo, evaluó Name Tag, una herramienta de reconocimiento facial que permitiría identificar personas y mostrar información mediante Meta AI, pero tuvo que retirarla después de que se detectara que había sido introducida silenciosamente.

¿Qué problemas de privacidad ya se han señalado en los lentes inteligentes?
Otra investigación expuso un problema distinto relacionado con el manejo de contenido personal. Revisores humanos de Meta tuvieron acceso a videos grabados con sus dispositivos en situaciones privadas, incluidos materiales donde aparecían personas desnudas o en el baño, lo que reforzó las dudas sobre quién puede revisar las imágenes captadas y bajo qué condiciones.
Uno de los riesgos más concretos está relacionado con la información que una persona muestra en público. Los lentes inteligentes pueden captar accidental o deliberadamente un PIN mientras alguien utiliza un cajero o una terminal de pago, además de registrar contraseñas, estados de cuenta, facturas, documentos personales o información corporativa visible en una pantalla o sobre una mesa.
También existe el llamado shoulder surfing, una técnica que consiste en observar de forma disimulada la pantalla de otra persona para obtener credenciales o datos sensibles. La diferencia es que estos dispositivos pueden registrar la escena y conservarla para procesarla después, por lo que una mirada que antes era momentánea podría convertirse en información reutilizable.
¿Los dispositivos también pueden ser atacados?
El riesgo no depende solamente de que el propietario actúe de mala fe, porque cualquier dispositivo conectado puede convertirse en objetivo de un ataque. ESET advierte que los ciberdelincuentes podrían aprovechar vulnerabilidades del sistema operativo o del firmware, comprometer aplicaciones asociadas, interceptar tráfico mediante redes WiFi maliciosas o distribuir códigos QR y aplicaciones fraudulentas que imiten servicios oficiales.
Si un ataque tiene éxito, los lentes inteligentes podrían funcionar como una vía para robar datos, realizar vigilancia no autorizada o acceder a cuentas vinculadas. Por eso, la seguridad no depende únicamente de la cámara, sino también del software, las aplicaciones, las conexiones inalámbricas y las cuentas que intervienen en su funcionamiento.

¿Qué medidas reducen estos riesgos en los lentes inteligentes?
La recomendación de los expertos no es detener la innovación, sino evitar que la adopción de una tecnología discreta y conectada avance más rápido que la protección de la privacidad y la identidad digital. Para reducir la exposición, conviene mantener actualizado el firmware, el sistema operativo y las aplicaciones, además de descargar complementos únicamente desde fuentes oficiales y revisar los permisos solicitados.
También es recomendable evitar redes WiFi públicas salvo que se utilice una VPN, revisar la configuración de privacidad y desactivar, cuando sea posible, el uso de grabaciones para entrenamiento de inteligencia artificial o revisión humana. Guardar los lentes en una funda cuando no se utilizan y eliminar grabaciones innecesarias ayuda a reducir capturas accidentales y limita la cantidad de información almacenada.
Finalmente, es importante extremar la precaución al introducir PIN, contraseñas o datos personales cuando haya personas con lentes inteligentes cerca. El desafío no consiste únicamente en proteger al propietario del dispositivo, sino también a quienes aparecen en su campo de visión, porque la popularización de esta tecnología puede hacer más difícil distinguir entre una interacción cotidiana y una captura de información.




