La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en la vida de niños y adolescentes, desde las tareas escolares hasta las búsquedas de información y las conversaciones con chatbots. Ese crecimiento también ha abierto un debate sobre qué tan preparados están las empresas, las familias y los gobiernos para proteger a los menores.
Tom Siegel, quien fundó el equipo de confianza y seguridad de Google y ahora dirige el Youth AI Safety Institute de Common Sense Media, considera que la industria debe reducir el ritmo de desarrollo y establecer controles externos. Su preocupación es que se repitan errores que ya ocurrieron durante la expansión de las redes sociales.
Inteligencia artificial genera nuevas preocupaciones
Siegel sostiene que los riesgos para los menores requieren atención antes de que las herramientas sean utilizadas de manera masiva sin suficientes mecanismos de protección. En declaraciones a Reuters, planteó que dejar que las propias compañías resuelvan por sí solas estos problemas no sería suficiente.
La preocupación no significa que toda la tecnología sea perjudicial. El debate está relacionado con la forma en que los sistemas se diseñan, las edades de quienes pueden utilizarlos y la manera en que responden ante situaciones especialmente sensibles.
A diferencia de una red social tradicional, un chatbot puede mantener conversaciones individuales durante largos periodos. Esa característica puede hacer que un menor recurra al sistema para resolver dudas académicas, pedir consejos o hablar sobre asuntos personales.
Inteligencia artificial y pensamiento crítico
Uno de los riesgos mencionados por Siegel es la llamada descarga cognitiva. El concepto describe la posibilidad de delegar determinadas tareas mentales en una herramienta tecnológica en lugar de desarrollar directamente el proceso de razonamiento.
Este fenómeno cobra importancia en el ámbito educativo. Un estudiante puede utilizar un chatbot para obtener una respuesta inmediata, pero si sustituye de manera constante la investigación, la lectura o la resolución de problemas, podría reducir las oportunidades de desarrollar determinadas habilidades.
Un estudio de Common Sense Media publicado en agosto de 2026 encontró que 70% de los adolescentes encuestados utiliza IA para trabajos escolares y señaló preocupaciones sobre el impacto de ese uso en el aprendizaje.
Inteligencia artificial también plantea riesgos de seguridad
La seguridad representa otro de los puntos centrales del debate. Siegel ha señalado posibles riesgos relacionados con salud mental, contenido inadecuado y situaciones en las que un menor podría recibir respuestas que no sean apropiadas para su edad. Reuters reportó que entre los escenarios que mencionó están el suicidio y la psicosis.
Estos señalamientos sobre la inteligencia artificial no significan que la tecnología provoque por sí misma esos problemas. Se trata de escenarios de riesgo que, según el experto, deben ser evaluados para determinar cómo responden los sistemas cuando interactúan con usuarios jóvenes.
Por esa razón, una de las propuestas consiste en someter las herramientas a evaluaciones independientes que permitan identificar fallas antes de que afecten a una cantidad mayor de usuarios.
Inteligencia artificial necesita controles independientes
Siegel asumió en septiembre de 2026 la dirección ejecutiva del Youth AI Safety Institute, una iniciativa de Common Sense Media dedicada a investigar, establecer estándares y realizar pruebas independientes sobre productos de IA utilizados por menores.
El instituto plantea un modelo parecido al de las pruebas de seguridad de los automóviles: evaluar productos con criterios definidos y publicar los resultados para que familias, escuelas y usuarios puedan conocer sus riesgos.
Entre las tareas de esta iniciativa para la inteligencia artificial están:
- Investigar cómo utilizan los menores las herramientas de IA.
- Evaluar productos mediante pruebas independientes.
- Crear estándares de seguridad para usuarios jóvenes.
- Analizar posibles riesgos relacionados con salud, aprendizaje y bienestar.
- Publicar resultados que permitan comparar las herramientas.
- Proponer medidas que puedan adoptar las empresas tecnológicas.
El instituto comenzó operaciones en mayo de 2026 y ya ha realizado evaluaciones de productos de compañías como OpenAI, Google y Meta.
Inteligencia artificial requiere verificar la edad
Otra de las medidas planteadas consiste en mejorar los mecanismos para determinar la edad de los usuarios. Siegel señaló que compañías como OpenAI y Anthropic podrían aplicar sistemas más estrictos para evitar que menores accedan a determinados chatbots.
El problema es complejo porque la edad puede resultar difícil de comprobar exclusivamente mediante la información proporcionada por una persona al crear una cuenta. OpenAI indicó a Reuters que utiliza señales de cuenta y comportamiento, además de la edad declarada, y que continúa probando sus sistemas para mejorar la identificación de usuarios menores.
Para las familias, esto significa que la protección para la inteligencia artificial no depende únicamente de una herramienta automática. También es necesario revisar las configuraciones disponibles y establecer reglas claras sobre qué servicios pueden utilizar los menores.
Inteligencia artificial también cambia la responsabilidad familiar
La incorporación de estas herramientas en las actividades cotidianas obliga a padres y tutores a conocer cómo funcionan. El objetivo no consiste necesariamente en prohibir toda tecnología, sino en establecer límites adecuados para la edad y acompañar su utilización.
Algunas medidas prácticas son:
- Revisar qué chatbots utilizan los menores.
- Comprobar las opciones de control parental.
- Evitar que compartan datos personales o información sensible.
- Explicar que las respuestas de una IA pueden contener errores.
- Fomentar que contrasten información importante con otras fuentes.
- Supervisar especialmente las conversaciones relacionadas con salud o situaciones emocionales.
- Establecer momentos o espacios en los que no se utilicen estas herramientas.
Google, por su parte, respondió a las declaraciones de Siegel señalando que los padres cuentan con controles para desactivar por completo el acceso de un menor a su buscador. La compañía también defendió la utilidad de sus funciones de IA para que niños y adolescentes aprendan y exploren información.
Inteligencia artificial abre un debate que seguirá creciendo
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre los beneficios de estas herramientas y la necesidad de proteger a quienes todavía están desarrollando habilidades cognitivas y sociales. La discusión apenas comienza porque los sistemas cambian con rapidez y su presencia entre los menores continúa aumentando.
La propuesta de Siegel apunta a que las compañías no sean las únicas responsables de determinar si sus productos son suficientemente seguros. Las evaluaciones independientes, los controles de edad y la participación de familias, escuelas, investigadores y autoridades pueden aportar diferentes perspectivas.
El objetivo final no es detener toda innovación, sino establecer condiciones que permitan que los menores aprovechen la tecnología sin quedar expuestos a riesgos que todavía no se comprenden por completo. Para las familias, conocer estas herramientas y acompañar su uso será cada vez más importante a medida que la IA forme parte de la educación, las búsquedas y las actividades cotidianas.


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