Windows 10 sigue vivo, y no solo como una anécdota nostálgica. A pesar de que Microsoft puso fin a su soporte oficial en octubre de 2025, el sistema operativo se ha convertido, paradójicamente, en un refugio para miles de usuarios frustrados con Windows 11.
En un escenario donde la lógica indicaría una adopción total del software más reciente, los datos muestran lo contrario: Windows 11 pierde terreno, mientras su antecesor recupera cuota de mercado. Esta tendencia revela un problema más profundo que una simple resistencia al cambio: una brecha entre lo que promete la tecnología y lo que realmente entrega en la práctica.
Los números que explican por qué Windows 10 sigue vivo
Las cifras de Statcounter reflejan con claridad el fenómeno. En octubre de 2025, Windows 11 alcanzaba una participación del 55.18%. Sin embargo, en solo dos meses cayó hasta el 50.73%, una pérdida significativa para un sistema que debía consolidarse como estándar.
En paralelo, Windows 10 pasó del 41.71% al 44.68%, un crecimiento inesperado para un sistema oficialmente descontinuado. Incluso Windows 7 mostró un repunte marginal, confirmando que muchos usuarios prefieren plataformas conocidas antes que convivir con errores constantes.
Este comportamiento rompe con el patrón histórico de migración tecnológica y sugiere que la estabilidad sigue siendo un valor prioritario frente a las nuevas funciones.

Por qué los usuarios están regresando a Windows 10
El llamado “efecto rebote” explica buena parte de este fenómeno. Usuarios que actualizaron a Windows 11 —en muchos casos presionados por mensajes insistentes del sistema— terminaron regresando a Windows 10 tras experimentar problemas de rendimiento, incompatibilidades y una interfaz menos flexible.
Cambios como el rediseño del menú Inicio, la barra de tareas limitada y la integración forzada de servicios en la nube han sido percibidos como obstáculos más que mejoras. A esto se suma la creciente presencia de funciones basadas en inteligencia artificial que muchos consideran innecesarias para el uso diario.
Otro punto crítico son los requisitos técnicos. TPM 2.0, Secure Boot y procesadores recientes dejaron fuera a millones de equipos plenamente funcionales. Para muchos usuarios, actualizar significó perder rendimiento en lugar de ganarlo.
Fallos recurrentes que debilitan a Windows 11 en 2026
Las actualizaciones de Windows 11 han sido uno de sus mayores talones de Aquiles. En enero de 2026, el parche KB5074109, diseñado para corregir más de cien vulnerabilidades, introdujo fallos críticos que afectaron tanto a usuarios domésticos como a entornos empresariales.
Se reportaron bloqueos al apagar el sistema, errores en aplicaciones gráficas, fallos en Outlook y problemas severos con el escritorio remoto. El caso más grave fue la pantalla azul UNMOUNTABLEBOOTVOLUME, que dejó equipos atrapados en bucles de reinicio.
Aunque Microsoft reconoció los errores en las versiones 24H2 y 25H2, las correcciones posteriores no lograron restaurar plenamente la confianza de los usuarios.
Actualizaciones que corrigen errores… y crean otros
Lejos de estabilizar el sistema, nuevas actualizaciones continuaron generando problemas. El parche KB5074105, presentado como solución, provocó fallos en la cámara web y en la pantalla de bloqueo, afectando funciones básicas como videollamadas y acceso al sistema.
Muchos de estos parches se instalan automáticamente si el usuario tiene activada la opción de recibir funciones anticipadas, algo que gran parte de la población desconoce. El resultado es una experiencia impredecible que refuerza la percepción de que Windows 11 aún no está maduro.
El dilema real: estabilidad contra seguridad
Microsoft insiste en que permanecer en Windows 10 implica riesgos de seguridad, y técnicamente tiene razón. Sin parches oficiales, cualquier vulnerabilidad descubierta queda abierta. Sin embargo, para muchos usuarios, el riesgo inmediato de perder productividad por fallos críticos pesa más que una amenaza abstracta.
Aquí surge una conclusión clave: Windows 10 sigue vivo no porque sea más moderno, sino porque cumple con lo esencial. Arranca rápido, consume menos recursos y permite trabajar sin interrupciones constantes.
Windows 10 sigue vivo, pero no es una solución eterna
El regreso a Windows 10 es una señal clara para Microsoft. Los usuarios no rechazan la innovación, rechazan la inestabilidad. Mientras Windows 11 no logre ofrecer una experiencia sólida, predecible y realmente eficiente, su adopción seguirá enfrentando resistencia.
Windows 10 sigue vivo como síntoma de una demanda básica: tecnología que funcione antes de intentar impresionar.


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