Videojuegos activos es un concepto que rompe con una de las ideas más arraigadas sobre la tecnología y la infancia: que jugar videojuegos implica necesariamente sedentarismo. En los últimos años, el desarrollo de nuevas dinámicas de juego ha demostrado que la tecnología también puede fomentar el movimiento, la actividad física y hábitos saludables en niños y adolescentes.
Lejos de ser un enemigo de la salud, el videojuego bien diseñado y correctamente utilizado puede convertirse en una herramienta poderosa para combatir el sedentarismo infantil, uno de los principales factores de riesgo de enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares desde edades tempranas.
Cuando el juego deja de ser sedentario
La evolución del diseño de videojuegos ha dado lugar a experiencias donde el cuerpo es parte central de la mecánica. Los llamados exergames obligan al jugador a moverse, saltar, bailar o desplazarse para avanzar en el juego. Consolas como Wii o dispositivos como Kinect marcaron un punto de inflexión al introducir sensores de movimiento que transformaron el salón de casa en un espacio de actividad física.
A diferencia de los videojuegos tradicionales, estos títulos requieren coordinación, equilibrio y resistencia, acercándose al ejercicio ligero o moderado. Esta diferencia es clave cuando se evalúa su impacto real en la salud infantil.
Pokémon Go y el ejemplo del movimiento cotidiano
Uno de los casos más estudiados es Pokémon Go, un videojuego que trasladó la experiencia digital al espacio urbano. Al incentivar la exploración del entorno, caminar y completar misiones al aire libre, logró que millones de jugadores aumentaran su nivel de actividad física sin percibirlo como una obligación.
Un estudio liderado por Tim Althoff documentó que los nuevos jugadores incrementaron en promedio 1.400 pasos diarios. Este dato es relevante porque demuestra que integrar el ejercicio en una experiencia lúdica puede ser más efectivo que imponer rutinas tradicionales, especialmente en niños y adolescentes.
Videojuegos activos y beneficios reales para la salud
A mitad del análisis sobre tecnología y bienestar infantil, los videojuegos activos destacan por su impacto físico y emocional. Investigaciones como el meta-análisis de Peng, Lin y Crouse señalan que estos juegos elevan el gasto energético a niveles comparables con el ejercicio moderado.
Entre los beneficios más relevantes se encuentran
Mejora de la coordinación motora
Aumento de la resistencia cardiorrespiratoria
Fortalecimiento muscular
Reducción del tiempo sedentario
Mayor motivación para moverse
Además del impacto físico, el juego compartido en familia o con amigos refuerza vínculos sociales. Informes internacionales muestran que más del 60 % de los jugadores perciben menor sensación de aislamiento, mientras que muchos padres reportan una mejora en la relación con sus hijos cuando el videojuego se convierte en una actividad conjunta.
Tecnología como aliada, no como sustituto
Es importante subrayar que los videojuegos activos no deben sustituir el deporte ni la actividad física tradicional. Asociaciones pediátricas coinciden en que estas herramientas deben funcionar como complemento, no como reemplazo del ejercicio al aire libre, el juego libre o la práctica deportiva organizada.
Su verdadero valor está en reducir la brecha entre el interés de los niños por la tecnología y la necesidad de moverse. Para muchos menores poco atraídos por el deporte convencional, estos videojuegos pueden ser la puerta de entrada a una vida más activa.
Recomendaciones prácticas para padres y cuidadores
Para maximizar los beneficios y evitar riesgos, el uso debe ser supervisado y equilibrado. Las principales recomendaciones incluyen
Limitar el tiempo de juego a una hora diaria
Realizar pausas cada 30 minutos
No superar 3 o 4 horas semanales
Elegir juegos adecuados a la edad
Evitar contenidos violentos
Fomentar el juego compartido
También es fundamental observar señales de uso compulsivo, como cambios bruscos de comportamiento, abandono de otras actividades o irritabilidad excesiva. El diálogo constante y la participación de los adultos son claves para un uso saludable.
Un nuevo enfoque para la salud infantil
El auge de los videojuegos activos refleja una transformación más amplia en la relación entre tecnología y bienestar. Cuando se diseñan con propósito y se usan con criterio, estos juegos pueden ayudar a prevenir enfermedades, mejorar la condición física y fortalecer vínculos familiares.
Al final, integrar movimiento y diversión no solo redefine el tiempo de pantalla, sino que demuestra que los videojuegos activos pueden ser una herramienta real y accesible para mejorar la salud infantil en un entorno cada vez más digital.


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