Cuando Nintendo anunció Donkey Kong Bananza, pocos imaginaron que el famoso simio regresaría con tanta fuerza. No se trata solo de otro juego nostálgico, sino de una reinvención creativa que mezcla acción, puzzles verticales y mecánicas transformadoras en un viaje que se siente tan innovador como familiar.
El juego marca el regreso de Donkey Kong a los títulos desarrollados internamente por Nintendo, con el mismo equipo detrás de Super Mario Odyssey al timón. El resultado es una obra vibrante que aprovecha la potencia de la Nintendo Switch 2 para ofrecer algo más que una simple aventura: es una carta de amor al diseño de videojuegos.
Una historia sencilla que esconde profundidad jugable
Todo comienza bajo tierra. Donkey Kong, mientras busca plátanos dorados, encuentra a Pauline, una joven atrapada que sueña con ser cantante. Juntos emprenden un viaje hacia el núcleo del planeta, atravesando capas llenas de retos, enemigos y paisajes fantásticos.
Cada nivel o “capa” tiene su propia identidad visual y mecánica, con escenarios que recuerdan a clásicos mundos de hielo, lava y junglas tropicales. Sin embargo, el enfoque en la exploración vertical —inspirado en Tears of the Kingdom— aporta una nueva dimensión a la experiencia.
Transformaciones, puzles y coleccionables bien balanceados
En lugar de gorros como Mario, Kong adquiere formas animales: avestruz para volar, cebra para deslizarse y simio de acero para romper estructuras. Estas transformaciones, conocidas como “bananzas”, exigen al jugador combinarlas estratégicamente.
Aunque hay objetos coleccionables, el juego evita la sobrecarga. Solo si deseas desbloquear todo el árbol de habilidades o los poderes de Pauline —que aporta una estética musical y de moda al estilo Splatoon— necesitarás reunirlos.
Un sistema de destrucción que impresiona
Quizás la innovación técnica más asombrosa es el terreno destructible. Cada puñetazo de Kong deja huella y afecta directamente el entorno. Este sistema, junto con la persistencia de los cambios hasta que el jugador abandona el mundo, pone a prueba el rendimiento de la Switch 2, que responde con soltura.
Los combates, aunque simples, tienen un impacto satisfactorio. Cada golpe retumba como una explosión, y cada capa culmina con desafíos memorables que mezclan puzles y acción.
Una experiencia Nintendo total
Donkey Kong Bananza no oculta sus influencias. Hay homenajes a Zelda, referencias visuales a Mario y un ritmo que alterna entre la tensión de los combates y la tranquilidad de resolver acertijos. Pero todo está al servicio de una sola cosa: el placer del juego puro.El juego concluye con uno de los actos finales más intensos en un título de Nintendo en años, seguido por un modo postjuego que prolonga la aventura con nuevas rutas, retos secretos y salas de desafío.
