Durante los primeros nueve meses de 2025, México volvió a enfrentar una de sus paradojas laborales más persistentes: el sector informal de la economía fue el principal generador de empleos, superando con amplitud al sector formal.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la creación de empleo informal alcanzó 1 millón 235 mil 214 nuevos puestos, el tercer registro más alto desde que existen mediciones oficiales.
Mientras tanto, el empleo formal sufrió una caída preocupante: se perdieron 311 mil 903 puestos, lo que refleja una brecha laboral que se amplía con el paso del tiempo.
La mitad del país trabaja sin prestaciones
Según el Inegi, de los 60.3 millones de personas que integran la fuerza laboral mexicana, 33.1 millones se desempeñan en la informalidad, lo que representa el 54.9% de los trabajadores.
Detrás de estas cifras hay historias de esfuerzo y vulnerabilidad. Desde mujeres que venden alimentos en mercados hasta jornaleros y trabajadores domésticos, millones de personas laboran sin acceso a salud, seguridad social ni contratos legales.
De hecho, el 16.4% de quienes trabajan de manera informal pertenecen al sector agropecuario, 6.8% al trabajo doméstico remunerado, y 53% al comercio y servicios informales.
“Trabajo todos los días, pero no tengo seguro ni vacaciones. Si me enfermo, no gano nada”, comenta Rosa, vendedora ambulante en el centro de Puebla.
Su testimonio resume una realidad estructural que afecta a más de la mitad del país.
Mujeres: las más afectadas por la informalidad
La brecha de género sigue siendo uno de los rostros más visibles de la informalidad. El estudio del Inegi muestra que las mujeres enfrentan mayores niveles de empleo informal que los hombres, especialmente aquellas que son madres o casadas.
Mientras tanto, los hombres casados tienden a concentrarse más en empleos formales, lo que refuerza la desigualdad económica y de protección social entre géneros.
Esta disparidad refleja la falta de políticas laborales con perspectiva de género, así como la necesidad de conciliar el trabajo y la familia sin que ello implique perder derechos laborales.
La informalidad, el freno de la productividad nacional
Analistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) advierten que la alta informalidad en México debilita la productividad y frena el crecimiento económico. Cuando más del 50% de los trabajadores opera fuera del sistema formal, se reduce la recaudación, la inversión en innovación y la competitividad global.
Además, el FMI señala que la informalidad actúa como un “amortiguador” durante las crisis: cuando la economía entra en recesión, los trabajadores desplazados del sector formal migran a la informalidad, evitando un aumento drástico del desempleo. Sin embargo, esto genera precarización laboral y bajos ingresos.
Hacia una economía con empleo digno
Expertos coinciden en que México necesita políticas públicas que promuevan la transición hacia empleos formales, fortaleciendo los programas de capacitación, seguridad social universal y apoyo fiscal a microempresas.
Sin embargo, el reto va más allá de la regulación: se requiere una reforma laboral integral que reconozca la dignidad del trabajo en todas sus formas, y que priorice el bienestar de quienes hoy sostienen la economía desde la informalidad.


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