La historia económica está marcada por debates intelectuales que han definido el curso de las políticas públicas. Dos de las figuras más emblemáticas del siglo XX, Joseph Schumpeter y John Maynard Keynes, representan visiones opuestas sobre cómo abordar las crisis económicas. Schumpeter, con su célebre concepto de “destrucción creativa”, promovía una recuperación espontánea de los ciclos depresivos, mientras que Keynes defendía la intervención activa del Estado para evitar el sufrimiento innecesario de millones.
En este artículo exploraremos la viabilidad de combinar estas ideas, una propuesta que algunos economistas contemporáneos han resucitado para enfrentar los desafíos del desarrollo en el siglo XXI.
La visión de Schumpeter: Liquidación y destrucción creativa
Schumpeter argumentaba que las crisis económicas eran una oportunidad para purgar “venenos” acumulados en el sistema, permitiendo que la economía se regenerara de manera natural. Para él, la destrucción creativa era el motor del progreso económico, donde las viejas estructuras eran reemplazadas por innovaciones disruptivas.
Puntos clave de la propuesta schumpeteriana:
- Recuperación espontánea: Creía que la intervención estatal prolongaba las crisis en lugar de resolverlas.
- Ciclos económicos naturales: Las fases depresivas eran vistas como un mal necesario para renovar el sistema.
- Énfasis en la innovación: El cambio técnico era el verdadero impulsor del crecimiento a largo plazo.
Sin embargo, esta visión no estaba exenta de críticas. Durante su tiempo como director del Banco Central de Austria, Schumpeter fue acusado de adoptar políticas inflacionarias que contribuyeron al colapso del Imperio Austro-Húngaro, una ironía que contradecía su postura sobre la austeridad en tiempos de crisis.
Keynes y su respuesta a los liquidacionistas
John Maynard Keynes, en contraposición, rechazaba frontalmente la idea de que las crisis debían seguir su curso natural. Para él, permitir una «liquidación prolongada» era un acto de crueldad económica.
Principales argumentos keynesianos:
- Intervención estatal activa: El Estado debía impulsar la demanda agregada mediante el gasto público.
- Pleno empleo como prioridad: Keynes argumentaba que la inacción prolongaba el desempleo masivo y la miseria.
- Crítica a la austeridad: La economía estricta durante una depresión era, según Keynes, una receta para el desastre.
En su célebre ensayo de 1932, Keynes tachó de “locos de atar” a quienes defendían la abstinencia económica como vía de escape de las crisis, subrayando la urgencia de actuar para evitar mayores sufrimientos.
¿Schumpeter y Keynes pueden complementarse?
La CEPAL, bajo la dirección de Alicia Bárcena, publicó trabajos que intentaban vincular a Schumpeter con Keynes como una forma de afrontar los retos del desarrollo en América Latina. Sin embargo, esta propuesta enfrenta múltiples desafíos:
- Contradicciones fundamentales: La visión liquidacionista de Schumpeter choca con la intervención estatal promovida por Keynes.
- Impacto en el desarrollo: Aplicar la destrucción creativa en economías emergentes puede agravar desigualdades estructurales.
- Contextos históricos diferentes: Las teorías de ambos economistas respondían a realidades distintas, lo que dificulta una integración coherente.
Ha-Joon Chang señala que Schumpeter mostró una constante envidia hacia Keynes, lo que refuerza la idea de que tratar de combinarlos es, como decía el propio Keynes, “una propuesta de locos de atar”.
¿Qué lecciones podemos extraer para el presente?
Aunque Schumpeter y Keynes no sean perfectamente compatibles, sus ideas ofrecen lecciones valiosas para enfrentar los desafíos económicos actuales:
Del lado de Schumpeter:
- La importancia de fomentar la innovación y el cambio técnico como motores del desarrollo.
- Reconocer que el progreso económico requiere una transformación estructural constante.
Del lado de Keynes:
- La necesidad de políticas públicas activas para reducir las desigualdades y garantizar el bienestar social.
- El rechazo a la austeridad en tiempos de crisis como principio rector de las decisiones económicas.
El debate entre Schumpeter y Keynes sigue siendo relevante, especialmente en un mundo que enfrenta crisis económicas recurrentes y desigualdades persistentes. Si bien combinar sus ideas puede ser una tarea compleja, el análisis de sus propuestas nos recuerda que las respuestas económicas no deben ser absolutas ni unidimensionales.
El reto para los economistas del siglo XXI es encontrar un equilibrio que impulse la innovación sin abandonar a los sectores más vulnerables, creando así un sistema que sea tanto dinámico como inclusivo.
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