El gobierno federal presentó su propuesta de presupuesto para el 2025, una hoja de ruta que refleja más las prioridades políticas del régimen que las necesidades reales de la población. Con un déficit fiscal estimado en 3.9% del PIB, recortes en programas sociales y un optimismo poco sustentado en las proyecciones económicas, las dudas sobre la viabilidad de este presupuesto no tardaron en surgir.
Este análisis busca desentrañar los desafíos, contradicciones y riesgos que plantea el presupuesto 2025, mientras se enfrenta a un panorama incierto en los frentes internos y externos.
Prioridades del presupuesto: ¿A quién beneficia realmente?
El discurso oficial asegura que los programas sociales prioritarios se mantendrán, pero los datos cuentan otra historia. Se reportan recortes de hasta el 15% en muchos de estos programas, mientras se priorizan proyectos emblemáticos como la elección de jueces y magistrados, con un costo de 14 mil millones de pesos, y la continuación de obras faraónicas del gobierno anterior.
Aspectos destacados del presupuesto:
- Austeridad selectiva: Se restringe el gasto en proyectos comunitarios y de infraestructura social, pero se incrementan los recursos destinados a nuevas dependencias y burocracia.
- Proyectos macroeconómicos: A pesar de la incertidumbre económica, se mantienen inversiones en obras insignia que han recibido críticas por su costo y viabilidad.
- Desatención estatal y municipal: Los gobiernos locales han recibido el mensaje claro: “se apoyará con lo que se pueda”, lo que deja a muchas regiones en incertidumbre.
Déficit fiscal y optimismo macroeconómico: un equilibrio precario
El gobierno proyecta un déficit fiscal del 3.9%, cifra que genera preocupación entre analistas y calificadoras internacionales. Las metas de crecimiento económico parecen sobrestimadas, mientras los riesgos, como la desaceleración global y los conflictos geopolíticos, están subestimados.
Factores que complican el escenario:
- Fuga de capitales: Aunque no se menciona oficialmente, los mercados reflejan desconfianza en las finanzas públicas.
- Calificación de deuda: Las calificadoras han advertido posibles ajustes a la baja si no se estabiliza el déficit.
- Retos externos: La posible reelección de Donald Trump plantea nuevas tensiones en temas migratorios, de seguridad y comercio que no están considerados en el presupuesto.
La austeridad selectiva: ¿justicia o exclusión?
La política de austeridad del gobierno se ha convertido en un arma de doble filo. Aunque se promociona como una estrategia para contener el gasto, en la práctica, se observa una distribución desigual de los recursos.
Austeridad en inversión social:
Proyectos comunitarios y de infraestructura social, esenciales para reducir desigualdades, han sido los más afectados.
Expansión burocrática:
Nuevas dependencias y estructuras gubernamentales continúan recibiendo financiamiento, generando críticas sobre el uso discrecional de los recursos.
Este enfoque ha sido calificado como profundamente injusto y excluyente, pues afecta principalmente a los sectores más vulnerables de la población.
Retos políticos y económicos que el presupuesto ignora
El presupuesto 2025 parece diseñado para enfrentar un escenario optimista, pero omite varios retos inminentes:
- Deportaciones masivas: Ante posibles políticas migratorias más agresivas en Estados Unidos, no hay previsión para enfrentar las presiones en los estados fronterizos.
- Conflictos comerciales: La inestabilidad en las relaciones comerciales con Estados Unidos podría afectar exportaciones clave y el crecimiento económico.
- Polarización política: La falta de transparencia y la imposición de prioridades gubernamentales exacerban la división social, dificultando acuerdos nacionales necesarios para enfrentar la incertidumbre.
¿Es posible un cambio de rumbo?
Los analistas coinciden en que una rectificación es imprescindible para garantizar la sostenibilidad económica y social del país. Las medidas urgentes incluyen:
- Diálogo abierto: La polarización debe ser reemplazada por un diálogo social y político que permita replantear el presupuesto en beneficio de todos los sectores.
- Transparencia: Es crucial abrir las cifras al escrutinio público para generar confianza y legitimidad en las decisiones presupuestales.
- Enfoque equilibrado: Retomar la idea de un déficit moderado, acompañado de una redistribución justa de los recursos hacia proyectos que beneficien directamente a la población.
El presupuesto 2025 refleja más un cálculo político que una visión realista de las necesidades del país. Con desafíos internos y externos en el horizonte, México requiere una estrategia que priorice el bienestar social y la estabilidad económica. Es hora de replantear las prioridades, fortalecer la unidad y construir un futuro que realmente beneficie a la población.
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