
México encabeza la preocupación por acceso a la vivienda: una crisis generacional
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los mayores retos en México, donde ocho de cada diez jóvenes de entre 18 y 29 años aseguran estar preocupados por encontrar y mantener un hogar. Así lo revela la encuesta Riesgos que Importan, elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ubica al país junto a Chile y España como los que enfrentan mayor presión habitacional en el mundo.
La vivienda, el mayor reto de los jóvenes mexicanos
Uno de cada tres habitantes en México tiene entre 15 y 35 años. Sin embargo, para la gran mayoría, la posibilidad de acceder a una vivienda es cada vez más lejana. El encarecimiento de la vivienda y el aumento de las tasas hipotecarias han hecho que muchos jóvenes renuncien a la idea de comprar una casa.
Marta Doroszczyk, especialista del Fondo Monetario Internacional (FMI), explicó que esta crisis está afectando la relación entre generaciones: “El encarecimiento de la vivienda está presionando las relaciones entre generaciones, ya que este tema preocupa a los jóvenes más que a sus padres”.
La pandemia y la inflación dispararon el problema
La OCDE y el FMI coinciden en que la pandemia de COVID-19 y el regreso de la inflación han provocado la peor crisis de asequibilidad de la vivienda en más de una década.
“Hoy la vivienda es menos asequible que durante la burbuja inmobiliaria de 2007-2008”, señaló Deniz Igan, jefe de la División de Estudios Económicos Mundiales del FMI. Los precios globales aumentaron 37% en la última década, y en países de la OCDE el crecimiento de los costos se duplicó en 2020 y 2021.
En Estados Unidos, por ejemplo, los precios son 50% más altos que al inicio de la pandemia y las tasas hipotecarias se han triplicado desde 2019. México no escapa a esta tendencia: hasta 2021, era el 15° país con el costo de vivienda más alto respecto al ingreso, superando a naciones como Canadá y Alemania.
Una brecha generacional y un mercado restrictivo
La brecha entre generaciones es clara. Mientras los jóvenes enfrentan empleos precarios y créditos inalcanzables, los adultos mayores ya cuentan con propiedades adquiridas en condiciones más favorables.
La Sociedad Hipotecaria Federal indica que el costo promedio de una vivienda en México es de 1 millón 859 mil pesos. Para acceder a una hipoteca se necesita un ingreso mensual de 60 mil pesos, algo que está fuera del alcance de la mayoría de los trabajadores.
Testimonios de una crisis
Ana Martínez, trabajadora de una empresa mediana, ejemplifica la frustración de miles de jóvenes: “Aunque gano más que el promedio, mi salario está subreportado para que mi empleador pague menos contribuciones. Infonavit me ofrece un crédito de 400 mil pesos, pero el costo real de una vivienda es cuatro veces mayor. No me alcanza y un crédito bancario es imposible”, lamenta.
Claudia Rodríguez, por su parte, vive en la Ciudad de México tras dejar Puebla en busca de mejores oportunidades. “Monitoreo el mercado desde hace un año y no veo cómo comprar una casa. Las opciones son endeudarme o irme a las periferias, donde la calidad de vida es menor y los traslados interminables”, explica.
Las consecuencias de no actuar
La crisis de vivienda no sólo afecta el patrimonio de los jóvenes, también impacta en la movilidad social y en la cohesión familiar. Las rentas elevadas, la falta de seguridad social y el encarecimiento de los créditos hipotecarios hacen que cada vez más mexicanos renuncien a comprar una vivienda.
El problema se agrava fuera de las grandes ciudades. En estados como Puebla, Querétaro o Guanajuato, los salarios no alcanzan para cubrir las hipotecas ni las rentas, lo que obliga a muchas personas a emigrar o vivir en condiciones precarias.
¿Qué sigue para México?
Los especialistas coinciden en que se necesita una política integral de vivienda que priorice la construcción de viviendas asequibles, mejore los salarios y reduzca la subvaluación de los ingresos por parte de los empleadores.
Si no se actúa pronto, la posibilidad de acceder a un hogar seguirá siendo un privilegio para unos pocos. La OCDE advierte que este fenómeno podría profundizar las desigualdades y frenar el desarrollo económico de los países afectados.
Tener una casa, un sueño cuesta arriba
El sueño de tener una casa propia se ha convertido en una carrera cuesta arriba para millones de jóvenes en México. Historias como las de Ana y Claudia son la norma y no la excepción. La subvaluación de salarios para evitar contribuciones sociales, el aumento de los precios de las viviendas y los créditos hipotecarios inalcanzables han creado un mercado excluyente.
La pandemia y la inflación solo agudizaron este problema, y ahora los jóvenes deben decidir entre endeudarse por décadas o conformarse con rentar indefinidamente. La falta de oportunidades fuera de la capital incrementa la migración interna y rompe los lazos comunitarios.
Mientras la OCDE coloca a México entre los países más preocupados por la vivienda, la presión crece para que el gobierno y el sector privado diseñen soluciones reales que permitan a las nuevas generaciones acceder a un techo propio.