El SAT puede revisar las erogaciones de una persona física cuando existen elementos que justifican una comprobación. El problema no consiste automáticamente en prestar el plástico, sino en no poder explicar de dónde provienen los recursos utilizados para pagar las compras o liquidar el saldo.

Prestar una tarjeta bancaria a un familiar o amigo puede parecer un favor inofensivo, especialmente cuando necesita comprar algo y después te devuelve el dinero. Sin embargo, esta práctica puede generar dudas fiscales al SAT si los movimientos de la cuenta no coinciden con los ingresos que reporta su titular.

Por eso, antes de compartir una tarjeta de crédito o débito, conviene conocer las implicaciones, los documentos que debes conservar y los pasos para responder si recibes una notificación de la autoridad fiscal.

SAT: ¿es ilegal prestar tu tarjeta bancaria?

Prestar una tarjeta bancaria no constituye, por sí mismo según el SAT, un delito fiscal. No obstante, el titular sigue siendo responsable de la cuenta y de las obligaciones relacionadas con el crédito contratado. Además, debe poder justificar los movimientos cuando la autoridad solicite información dentro de un procedimiento de revisión.

En las tarjetas de crédito, dice el SAT las compras realizadas por otra persona se reflejan en el estado de cuenta del titular. Si el familiar transfiere dinero para cubrirlas, esos recursos deben poder identificarse como reembolsos y no confundirse con pagos por servicios, ventas u otras actividades que pudieran generar ingresos gravables.

En las tarjetas de débito, el riesgo puede presentarse cuando se reciben depósitos o transferencias cuyo origen no está documentado. No significa que cada abono genere impuestos, sino que es importante distinguir entre un ingreso propio y el dinero recibido para realizar una operación por cuenta de alguien más.

SAT: ¿qué es la discrepancia fiscal?

La discrepancia fiscal ocurre cuando las erogaciones de una persona física durante un año son superiores a sus ingresos declarados o a los que debió declarar. El artículo 91 de la Ley del Impuesto sobre la Renta contempla gastos, adquisiciones y depósitos bancarios, entre otros conceptos, para analizar estas diferencias.

Por ejemplo, imagina que prestas tu tarjeta para una compra de 15 mil pesos y después recibes una transferencia por esa misma cantidad para pagarla. Si no conservas los comprobantes, podría resultar más difícil demostrar que el dinero corresponde a un reembolso y no a un ingreso propio.

Esto no significa que la autoridad considere automáticamente gravable cualquier transferencia. El origen de los recursos y la documentación disponible son relevantes para aclarar la operación. Tampoco existe una multa automática por prestar la tarjeta.

Si una revisión detecta una posible discrepancia, la autoridad debe comunicar la información correspondiente y permitir que el contribuyente explique la procedencia del dinero conforme al procedimiento legal.

¿Qué sanciones puedes recibir del SAT por prestar tu tarjeta?

Las consecuencias dependen de los movimientos detectados y de si existe una obligación fiscal incumplida. Si el contribuyente no logra justificar las erogaciones observadas, la autoridad puede determinar ingresos omitidos y calcular el impuesto correspondiente. También pueden aplicarse recargos, actualizaciones y sanciones cuando legalmente procedan.

En cambio, dice el SAT si el titular demuestra que los depósitos fueron reembolsos y no ingresos gravables, esa documentación puede ayudar a aclarar la operación. Por ello, conviene conservar estados de cuenta, comprobantes de transferencias, recibos de compra y conversaciones relacionadas con el préstamo.

El SAT no impone una sanción por cada compra que haga un familiar con una tarjeta prestada. La revisión depende de las facultades de comprobación y de las circunstancias particulares de cada caso.

Cómo protegerte si ya prestaste tu tarjeta

Si compartiste tu tarjeta bancaria, sigue estos pasos para mantener tus operaciones organizadas y contar con pruebas si necesitas aclararlas:

  1. Identifica cada compra. Anota la fecha, el importe y el motivo de la operación, así como la persona que utilizó la tarjeta.
  2. Conserva los comprobantes. Guarda los recibos, las facturas disponibles y los estados de cuenta donde aparecen los cargos.
  3. Registra los reembolsos. Conserva los comprobantes de las transferencias que recibas para cubrir las compras y procura que los importes coincidan.
  4. Evita depósitos sin explicación. Si recibes dinero de otra persona, documenta si corresponde a un préstamo, reembolso, pago o concepto diferente.
  5. Revisa tus obligaciones fiscales. Comprueba que tus declaraciones reflejen correctamente tus ingresos y consulta a un contador si tienes movimientos difíciles de clasificar.
  6. Atiende cualquier notificación. Si recibes un requerimiento, verifica su autenticidad y responde dentro del plazo indicado.

Cuando existe un procedimiento por discrepancia fiscal, el artículo 91 establece un plazo de 20 días, contado a partir del día siguiente a la notificación, para informar por escrito sobre el origen de los recursos y presentar las pruebas correspondientes.

En conclusión, prestar una tarjeta bancaria puede ocasionar complicaciones si no puedes acreditar el origen del dinero que circula por tu cuenta. Lo más prudente es evitar compartirla y, si ya lo hiciste, mantener los movimientos documentados para distinguir los reembolsos de los ingresos propios.