Profeco analizó 85 marcas de leche y productos lácteos ultrapasteurizados disponibles en México, en un estudio que puso atención no solamente en el precio, sino también en aquello que realmente contiene cada envase. Para muchos consumidores, elegir leche parece una decisión automática: caminar por el supermercado, reconocer una marca conocida y colocar el producto en el carrito. Sin embargo, detrás de esa compra cotidiana existen diferencias importantes entre leche, productos lácteos combinados y bebidas con grasa vegetal.
El análisis, publicado en la Revista del Consumidor de septiembre de 2025, encontró un panorama mayoritariamente favorable. De los productos revisados, 84 cumplieron con lo declarado en sus etiquetas respecto a parámetros como proteínas, grasas, caseína, lactosa y sólidos no grasos. La excepción llamó especialmente la atención porque se trata de una de las alternativas de menor precio disponibles para los consumidores.
¿Qué encontró Profeco en el estudio de 85 productos?
La evaluación incluyó diferentes categorías del mercado lácteo mexicano. Entre ellas estuvieron 17 leches enteras, seis semidescremadas, seis descremadas y nueve productos combinados con grasa vegetal, además de otras presentaciones sometidas a pruebas para comprobar que la información comercial correspondiera con sus características.
El objetivo no fue determinar simplemente cuál producto era “bueno” o “malo”, sino verificar que los fabricantes cumplieran las disposiciones aplicables y que el consumidor recibiera información clara. Para ello se consideraron normas como la NOM-155-SCFI-2012, relacionada con leche, y la NOM-183-SCFI-2012, aplicable a productos lácteos combinados y productos similares.
El caso que sobresalió fue LactiLac, una bebida láctea ultrapasteurizada con grasa vegetal adicionada con vitaminas A y D, comercializada en presentación de 950 mililitros. El problema detectado por Profeco estuvo relacionado con su denominación, pues sus características podían hacer que el consumidor tuviera dificultades para identificar correctamente qué tipo de producto estaba comprando.
LactiLac, la bebida de Tiendas 3B que quedó señalada
LactiLac tenía un precio reportado de aproximadamente 12 pesos por envase de 950 mililitros, una diferencia considerable frente a otras opciones del mercado. En su información nutrimental declaraba 1.4 gramos de grasa, 0.8 gramos de proteína, 6.9 gramos de carbohidratos y 44 kilocalorías por cada 100 mililitros.
El punto importante es que el señalamiento no significa que el producto fuera considerado peligroso para la salud. La observación se concentró en la manera en que estaba denominado y presentado al consumidor. Por ello, la diferencia entre una bebida láctea y una leche convencional adquiere especial relevancia cuando el comprador busca comparar productos únicamente por precio.
En otras palabras, el consumidor podía encontrarse frente a un envase económico pensando que estaba adquiriendo un producto equivalente a otras leches del anaquel, cuando su composición y denominación correspondían a otra categoría. Ahí es donde Profeco colocó el foco de atención.
La diferencia de precios también sorprendió
El estudio mostró que el precio puede cambiar drásticamente dependiendo del producto y la marca. Mientras LactiLac aparecía entre las alternativas más económicas, con alrededor de 12 pesos por 950 mililitros, Carnation Clavel alcanzaba aproximadamente 63 pesos por un envase de 944 mililitros.
Entre ambos extremos se encontraban marcas ampliamente conocidas como Lala, Alpura y Santa Clara, con precios que podían ubicarse aproximadamente entre 34 y 42 pesos por litro, dependiendo de la presentación y el establecimiento.
La comparación deja una lección sencilla: el precio por sí solo no determina qué producto se está comprando. Revisar la denominación, la lista de ingredientes y la información nutrimental puede evitar confusiones, especialmente cuando un envase utiliza palabras o imágenes asociadas tradicionalmente con la leche.
¿Qué deben revisar los consumidores antes de comprar?
La recomendación principal es mirar más allá del frente del envase. La denominación comercial permite identificar la categoría real del producto, mientras que la información nutrimental ayuda a conocer sus características.
También conviene comparar el precio considerando la cantidad exacta, ya que un envase aparentemente barato puede tener una presentación menor. En el caso de productos lácteos combinados, además, resulta especialmente importante verificar si contienen grasa vegetal u otros ingredientes que los diferencien de la leche.
El caso de LactiLac demuestra por qué los estudios de Profeco pueden resultar relevantes para una compra tan cotidiana como llenar el refrigerador. La mayoría de los productos analizados cumplió con lo declarado, pero una sola etiqueta fue suficiente para recordar que saber leer el envase también forma parte de consumir de manera informada.


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