Según información del Sistema de Administración Tributaria (SAT), existen 386 casinos registrados en los archivos de la Secretaría de Gobierno (Segob). Estos establecimientos reportan ingresos de hasta 5 mil millones de pesos anuales, lo que evidencia la afición por los juegos de azar en el país.

Este fenómeno no se limita a los establecimientos físicos, sino que en los últimos años se ha extendido al ciberespacio. Actualmente, un casino en línea en México atrae a usuarios de internet con versiones digitales de juegos de casino y póker, entre otros. 

Sin embargo, la práctica de la mala suerte y el juego no es un fenómeno reciente, ya que sus antecedentes históricos en el territorio nacional se remontan a más de cinco años.

Los orígenes y la historia temprana del juego en México: lo que se sabe

Aunque no existe un registro preciso del inicio exacto de los juegos de azar en México, se sabe que los trajes llegaron con la conquista española y que el dinero circulaba en pieles de pollo. 

Existen versiones que afirman que en las culturas prehispánicas los juegos formaban parte de los juegos de pelota y que los soldados españoles entretenían su tiempo libre con barajas. Sin embargo, no hay evidencia documentada al respecto, salvo la referencia a la primera pelea de gallos celebrada el Sábado de la Gloria de 1519 en San Juan de Ulúa, Veracruz.

Un logro posterior en la historia de las apuestas en territorio mexicano fue la creación de la primera imprenta en Nueva España en 1583. Tras un largo periodo con escasos registros, en 1770 se constituyó la Real Lotería General de la Nueva España. Sus reglas fueron publicadas por decreto real ese mismo año, dando paso a la modalidad de lotería, cuyo primer sorteo se celebró en 1771.

Las autoridades eclesiásticas presionaron repetidamente a los funcionarios gubernamentales para que prohibieran los juegos de azar y de cartas. Tras un ciclo constante de acuerdos y vetos, en 1907, bajo la administración de Porfirio Díaz, se decretó la autorización de los juegos de azar como actividad destinada al turismo. 

Años más tarde, en 1930, el presidente Pascual Ortiz Rubio designó al Secretario de Gobierno como la entidad encargada de otorgar o revocar las concesiones para esta industria.

Con el impulso de inversiones nacionales y extranjeras, surgieron los primeros casinos: recintos diseñados para el juego de cartas y las apuestas, caracterizados por una atmósfera elegante, con coctelería, acabados lujosos y áreas para fumadores. Entre los establecimientos pioneros destacaron el Casino de La Selva en Cuernavaca, el Foreign Club en la Ciudad de México, Agua Caliente en Tijuana, el Riviera del Pacífico en Ensenada y el Rosarito Beach, cerca de la frontera norte.

El caso del casino Agua Caliente, un ícono del juego y la cultura mexicana

Uno de los casinos más emblemáticos en la historia del juego y las apuestas en México es el Agua Caliente, que abrió sus puertas en 1927. El establecimiento floreció en la primera mitad del siglo veinte gracias al turismo fronterizo impulsado por la Ley Seca en los Estados Unidos.

El proyecto fue concebido por los inversionistas estadounidenses Wirt Bowman, James N. Crofton y Baron H. Long, en sociedad estratégica con Abelardo L. Rodríguez, militar y político mexicano que ocupaba la gubernatura del Distrito Norte de la Baja California y que más tarde se convertiría en presidente de la República.

Aprovechando los manantiales de aguas termales donde previamente había operado el Hotel Hidalgo Hot Springs, el complejo fue diseñado para posicionar a Tijuana como el destino predilecto del entretenimiento internacional. Inaugurado oficialmente con sus servicios hoteleros y de apuestas en 1928, el lugar se convirtió en un motor decisivo para el sistema turístico de la región Tijuana-San Diego.

El diseño del complejo fue obra de la pareja de arquitectos Wayne D. McAllister y Corinne Fuller McAllister. Su propuesta combinó un estilo neocolonial californiano con marcadas influencias art déco y neomudéjares, creando un auténtico «espejismo» que evocaba el exotismo del México antiguo. Para lograr la sensación de un oasis en medio del paisaje árido, la zona se forestó con palmas datileras y frondosos jardines.

El recinto ofrecía instalaciones de vanguardia: un hotel con patio cuadrangular, bungalows neocoloniales para hospedaje exclusivo, salones de juego como el célebre Salón de Oro, un balneario de estilo neoislámico con alberca y baños rusos y turcos, además de una estación de radio propia (XEBG) y su propio aeródromo. La icónica chimenea de la caldera fue vestida como un minarete cubierto de mosaicos policromos. 

El refugio favorito de las estrellas de Hollywood

Gracias a su cercanía a Los Ángeles, Agua Caliente se convirtió en el lugar de esparcimiento preferido de la élite cinematográfica de Hollywood durante los años de la Gran Depresión y la prohibición en Estados Unidos. 

Personalidades como Charles Chaplin, Clark Gable, los Hermanos Marx, Jean Harlow, Bing Crosby, Jimmy Durante, Lupe Vélez y Dolores del Río frecuentaban sus instalaciones.

El recinto también sirvió como plataforma para jóvenes talentos; ahí inició su carrera la actriz Rita Hayworth, quien, bajo su nombre real, Rita Cansino, se presentaba en el show “Tarde Mexicana”. Asimismo, el glamour y las vistas del casino fueron capturados en producciones cinematográficas internacionales de la época como In Caliente y The Champ.

Prohibición, clausura y posterior declive

El periodo de bonanza y apuestas llegó a su fin el 20 de julio de 1935, cuando el presidente Lázaro Cárdenas decretó la prohibición de los juegos de azar en todo el territorio mexicano. Las instalaciones del casino fueron clausuradas y expropiadas por el gobierno federal.

Lejos de quedar abandonado, a finales de la década de 1940 el inmueble fue cedido a la Secretaría de Educación Pública para albergar el Instituto Técnico Industrial. Lujosos espacios como el Salón de Oro y el balneario se acondicionaron como biblioteca, auditorio, aulas y áreas de práctica deportiva, convirtiendo el antiguo espacio de apuestas en un centro educativo pionero en el noroeste del país. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sitio también sirvió como sede de operaciones militares y albergó el primer banco de sangre de Latinoamérica.

Durante los años cincuenta y sesenta, el complejo sufrió constantes saqueos e incendios devastadores, entre los que destacaron la destrucción del Salón de Oro en 1967 y la demolición parcial de sus estructuras en 1975 por parte de las autoridades federales.

Hoy en día, el predio alberga diversos planteles escolares, entre los que destaca la Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas. Aún quedan vestigios de su pasado histórico, como la estructura de la alberca de estilo morisco, la icónica chimenea en forma de minarete, el conjunto de bungalows, la restituida Fuente del Fauno y la réplica de la emblemática Torre de Agua Caliente.

1947: el año de la introducción de la Ley Federal de Juegos y Sorteos 

A lo largo de la historia moderna, el juego ha atravesado épocas complicadas en México, marcadas por constantes giros políticos e ideológicos. 

Un ejemplo ocurrió antes de los años 40, cuando el presidente Lázaro Cárdenas prohibió tajantemente los casinos y las apuestas en todo el territorio nacional, lo que provocó el cierre de emblemáticos centros turísticos. Esta medida fue revertida en 1947, cuando el mandatario Miguel Alemán Valdés ordenó la promulgación de la Ley Federal de Juegos y Sorteos, convirtiéndose en la primera legislación formal sobre este rubro en el país.

Tras más de medio siglo sin cambios sustanciales, en 2004 se promulgó un nuevo Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos durante el gobierno de Vicente Fox. Esta normativa facilitaba la operación de los casinos al ampliar el número de juegos permitidos y agilizar los esquemas de permisos otorgados por la Secretaría de Gobernación.

El objetivo primordial de esta actualización normativa, más allá de centralizar la regulación del juego bajo el control exclusivo del gobierno federal, era convertir a los casinos en potentes centros de atracción para el turismo en México. Por ello, gran parte de los establecimientos se construyeron asociados a complejos hoteleros y ubicados estratégicamente en zonas turísticas de alta afluencia internacional.

Sin embargo, el panorama comercial cambió con el tiempo y actualmente muchos de los principales casinos del país se encuentran en ubicaciones urbanas que no son netamente turísticas, atendiendo a un mercado local dinámico. Los referentes ahora mismo serían el Casino Royal Yak del Hipódromo de las Américas y el Play City Antara en la Ciudad de México, el Big Bola en Querétaro y el Emotion Casino en San Luis Potosí.

La legislación también tuvo que adaptarse para regular el auge de las nuevas tecnologías y las apuestas en línea. De este modo, en 2014 se adecuó el marco normativo para los casinos online.

La llegada de los casinos y sitios de apuestas deportivas online a México

Los primeros casinos en línea surgieron en los años 90, coincidiendo con el desarrollo del Internet. Sin embargo, no sería hasta la década de los 2010 cuando los casinos en línea experimentaron un auge masivo en México, impulsado por la penetración de internet, la masificación de dispositivos móviles y el marco normativo adaptado para otorgar licencias de operación.

Hoy en día, México ha logrado posicionarse como uno de los mercados digitales más pujantes de América Latina. En los últimos años, ha atraído a proveedores y operadores de renombre internacional, quienes han recibido la autorización de Segob para ofrecer sus productos y servicios en el territorio nacional. 

Un ejemplo reciente es el de Stake, plataforma de apuestas líder mundial que inició oficialmente sus operaciones en mayo de 2026. La medida se tomó tras el crecimiento de la empresa en países como Perú y Colombia. Con el permiso de la Segob, los slots de Stake México, así como su cobertura de apuestas deportivas, están disponibles para los internautas que cuenten con la mayoría de edad. 

La principal diferencia entre plataformas como esta y los establecimientos físicos radica en la accesibilidad e inmediatez. Mientras que los casinos presenciales se basan en una experiencia social y ambiental dentro de una infraestructura específica, las plataformas digitales priorizan la conveniencia y permiten a los usuarios acceder desde cualquier lugar y en cualquier momento. 

También cabe destacar que la versión en línea de esta industria destaca por su capacidad de procesar apuestas en vivo segundo a segundo y ofrecer una variedad de eventos casi ilimitada en un solo catálogo.

Millones en recaudación y llamados a una regulación más estricta: la situación del juego en línea en 2026

Tras la llegada de los primeros juegos de azar y lotería a México, la actividad ha cambiado profundamente, estando hoy dominada por los juegos de azar en línea. 

Según estimaciones de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, aproximadamente cuatro millones de ciudadanos participan en la actividad de juegos de azar por internet en todo el territorio nacional.

Según las proyecciones de la firma Mordor Intelligence, la industria de las apuestas digitales en territorio mexicano alcanzará una cifra cercana a los 1.090 millones de dólares para 2031, lo que representa una tasa de crecimiento anual del 8,6%.

A pesar de las oportunidades económicas y fiscales que genera esta expansión, el ritmo acelerado del sector ha suscitado inquietudes en materia de regulación y protección del consumidor. 

Para frenar el impacto de los juegos en línea en la juventud, se llevaron a cabo diversas iniciativas y se solicitó una regulación más estricta. Recientemente, por ejemplo, el congresista Alberto Martínez Urincho propuso reformar la Ley Federal de Juegos y Sorteos del Congreso de la Ciudad de México para su posterior presentación al Congreso de la Unión. 

La iniciativa busca catalogar formalmente la ludopatía como un problema de adicción y salud mental, imponiendo normas estrictas a las plataformas digitales. Entre sus acciones, destaca la rigurosa verificación de identidad para restringir el acceso a menores, la prohibición de publicidad engañosa y ganchos comerciales, las advertencias sanitarias obligatorias y el veto a declaraciones sobre eventos políticos o tragedias humanas.