Al pagar el desayuno, comprar en una tienda de la esquina o subir al transporte, muchas personas en México siguen recurriendo a los billetes y monedas. Aunque existen tarjetas, transferencias y aplicaciones para realizar operaciones desde el celular, el efectivo continúa siendo una parte central de la vida cotidiana. Las cifras recientes muestran que la transición hacia los pagos digitales avanza, pero no ha desplazado al dinero físico.

De acuerdo con un estudio del Banco de México correspondiente a 2025, citado en la información disponible, 98% de la población utiliza billetes y monedas para sus gastos diarios. Entre quienes pagan en efectivo, 66% señaló que lo hace porque resulta práctico, sencillo y rápido, mientras que 13% afirmó que es su único medio de pago.

Estos datos reflejan que la preferencia por el dinero físico no depende únicamente de la falta de alternativas tecnológicas. Para muchos consumidores, pagar en efectivo sigue siendo una manera familiar de administrar sus gastos y resolver compras pequeñas sin pasos adicionales.

¿Por qué el efectivo sigue siendo tan utilizado en México?

Una de las razones principales es la facilidad de uso. No se necesita un teléfono inteligente, una aplicación bancaria ni conexión a internet para entregar monedas o billetes. En mercados, comercios pequeños y compras cotidianas, esta sencillez puede convertirlo en la opción más conveniente.

La información citada del Banco de México también muestra que el dinero físico tiene una función relacionada con el ahorro y la prevención de imprevistos. Según los resultados, 28% de la población acostumbra guardar billetes y monedas fuera de una institución financiera. De ese grupo, 44% lo hace para afrontar una eventualidad y 29% para ahorrar.

Para una familia que necesita cubrir un gasto inesperado, disponer de dinero guardado en casa puede representar una forma inmediata de acceso a recursos. Sin embargo, conservar efectivo también implica considerar riesgos como robo, pérdida o daños físicos, además de que ese dinero no genera rendimientos por sí mismo.

La permanencia de estos hábitos ayuda a explicar por qué la digitalización financiera no consiste simplemente en sustituir billetes por aplicaciones. También requiere que las nuevas opciones sean accesibles, fáciles de utilizar y útiles para las necesidades de diferentes grupos de la población.

México enfrenta retos para adoptar las billeteras digitales

El Índice de Inclusión Financiera 2026, elaborado por Credicorp, reportó que 63% de los mexicanos encuestados utiliza siempre billetes y monedas en sus compras o gastos diarios. El indicador contrasta con los porcentajes reportados para Chile y Argentina, de acuerdo con el estudio citado.

La diferencia también aparece en el uso de billeteras digitales. Según ese índice, levantado en junio de 2026, solo 20% de los mexicanos consultados dijo tener una billetera digital. El resultado apunta a una brecha entre la disponibilidad de herramientas electrónicas y su incorporación a las actividades habituales.

Tener una cuenta bancaria o un celular no significa que una persona vaya a utilizar pagos digitales en cada compra. La aceptación de estos medios en los establecimientos, la conectividad y los costos asociados pueden influir en la decisión de consumidores y comerciantes.

En este contexto, el efectivo sigue ofreciendo una alternativa inmediata, mientras que los pagos digitales necesitan generar confianza y resultar prácticos para que más personas los adopten.

¿Qué papel tendrá la digitalización de los pagos?

La calificadora Moody’s ha señalado que una mayor adopción de pagos digitales puede reducir costos bancarios relacionados con el manejo de efectivo y ampliar la información disponible para evaluar solicitudes de crédito. También podría favorecer la formalización de actividades económicas y mejorar el acceso de hogares y pequeñas empresas a servicios financieros.

En México, las propuestas para impulsar los pagos digitales buscan ampliar su aceptación y facilitar las operaciones electrónicas. No obstante, su implementación debe considerar a quienes enfrentan barreras de conectividad, acceso a servicios financieros o adaptación tecnológica.

Para los comercios, aceptar medios electrónicos puede implicar cambios operativos y costos que deben evaluar. Para los consumidores, el beneficio dependerá de que las herramientas sean seguras, accesibles y sencillas de usar.

La transición, por tanto, no significa que todas las personas abandonarán de inmediato los billetes y monedas. Durante este proceso convivirán distintas formas de pago, según las necesidades y posibilidades de cada usuario.

El reto para México será ampliar las alternativas sin excluir a quienes todavía dependen del dinero físico. Mientras las opciones digitales ganan terreno, el efectivo conserva un lugar importante en las compras diarias, el ahorro doméstico y la forma en que millones de personas administran su dinero.