La Feria del Frijol llega por primera vez al Monumento a la Revolución, y lo hace con un mensaje contundente: México está listo para reconectar con sus raíces alimentarias y reconocer el valor de uno de los granos más antiguos y nutritivos de su historia. Para muchas familias, el frijol ha sido un compañero silencioso, presente en desayunos, comidas y cenas durante generaciones. Pero más allá del plato, este grano representa identidad, comunidad y resistencia cultural.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la secretaria de Agricultura, María Luisa Albores, anunciaron el evento desde Palacio Nacional, recordando que el frijol no solo es un alimento básico, sino un símbolo de la milpa y un pilar de la cultura mexicana. Sin embargo, su consumo ha disminuido drásticamente en las últimas décadas, y por eso esta feria busca algo más que mostrar variedades: quiere devolverle al frijol el lugar que merece en los hogares y en la mente de las nuevas generaciones.

Un encuentro que une tradición, cultura y soberanía alimentaria
Desde temprano, productoras y productores de Zacatecas, Durango y Nayarit —los estados frijoleros por excelencia— comenzaron a llegar al Monumento a la Revolución. Traían consigo no solo costales de grano, sino historias de vida, recetas heredadas, semillas nativas y la esperanza de un mejor trato para quienes trabajan la tierra. Muchos de ellos jamás habían participado en un evento de esta magnitud, y la emoción se reflejaba en sus rostros mientras montaban sus exhibidores.
En los pasillos de la feria, la experiencia es sensorial: mesas llenas de frijoles morados, negros, pintos y canarios; música tradicional que recuerda los mercados rurales; pláticas sobre nutrición; y talleres donde se explica cómo el frijol ha sostenido a generaciones enteras gracias a sus proteínas, vitaminas y fibra. Niñas y niños observan con curiosidad los colores y texturas del grano, mientras escuchan historias sobre cómo sus abuelos cultivaban la milpa.
Albores destacó que México posee 57 de las 150 especies de frijol del mundo, 31 de ellas endémicas. Sin embargo, de 1980 a 2021, el consumo cayó de 16 kilos anuales por persona a solo 9. Esta cifra no solo es un dato preocupante para la nutrición, sino también para la preservación cultural. Por eso esta celebración funciona como un llamado urgente a recuperar el lugar del frijol en la mesa cotidiana y a reconocer su importancia para la salud y la identidad mexicana.
Frijol del Bienestar y el combate a los intermediarios
El gobierno anunció que esta política alimentaria no se queda en discursos. La presidenta Sheinbaum informó que el esquema Frijol del Bienestar permitirá pagar 27 pesos por kilo a pequeños productores, muy por encima de los 13 pesos actuales. Esta medida busca equilibrar una larga cadena de desigualdades que históricamente ha precarizado a quienes producen el alimento.
La meta es clara: eliminar intermediarios que encarecen el producto hasta los 35 o 40 pesos en tiendas comerciales, procesar el frijol directamente y distribuirlo en las Tiendas del Bienestar a precios accesibles para las familias mexicanas. Con esto, se pretende que tanto quienes cultivan como quienes consumen salgan beneficiados, cerrando la brecha que hoy separa al campo de las ciudades.
Esta estrategia se vincula además con el programa “El Maíz es la raíz”, que protege semillas nativas y fortalece la milpa como un sistema agrícola donde conviven el maíz, el frijol, la calabaza y otras plantas que han alimentado a México durante milenios. El mensaje es claro: la soberanía alimentaria comienza con reconocer el valor de lo propio y apoyar a quienes han mantenido vivas estas prácticas ancestrales.
La Feria del Frijol como símbolo de unidad
En el fondo, la Feria Nacional del Frijol busca algo que va mucho más allá de un evento cultural. Se trata de un acto de reconocimiento para quienes sostienen la producción de alimentos, un recordatorio de que la autosuficiencia alimentaria no es un sueño, sino un camino posible si se apoya directamente a quienes trabajan la tierra. Aquí, las productoras y productores dejaron de ser figuras anónimas para convertirse en protagonistas.
En cada charla, en cada muestra gastronómica, en cada diálogo entre expertos y familias asistentes, se reafirma la idea de que el frijol no es solo un ingrediente: es identidad, historia y futuro. La feria no solo muestra granos: muestra raíces, muestra resistencia.
La Feria del Frijol marca un paso decisivo hacia la revalorización del campo mexicano y la recuperación del consumo de uno de los alimentos más importantes para la identidad nacional. Al promover precios justos, impulsar la autosuficiencia alimentaria y conectar directamente a productores y consumidores, México reafirma su compromiso con la milpa, la biodiversidad y la justicia alimentaria. Esta feria es el inicio de un nuevo ciclo donde el frijol vuelve a ser protagonista de la mesa y del futuro del país.