
El empleo informal en México se ha convertido en la principal fuerza laboral del país, reflejando un deterioro sostenido del mercado formal y una expansión acelerada de actividades sin seguridad social, sin prestaciones y sin protección legal.
Los datos más recientes del Inegi revelan una tendencia preocupante: en octubre, la economía generó 832 mil puestos informales, al tiempo que eliminó 176 mil empleos formales.
El resultado neto fue la creación de 656 mil plazas, todas fuera de los esquemas de protección institucional. Esta dinámica confirma que, en términos reales, la economía mexicana opera con más empleo informal que formal, lo que supone un freno estructural para el desarrollo social y económico del país.
Empleo informal en México: cifras que confirman una tendencia irreversible
El fenómeno del empleo informal en México no es nuevo, pero sí está alcanzando niveles que preocupan a especialistas y analistas laborales. Al cierre de octubre, 33.9 millones de personas trabajaban en la informalidad, lo que representa 55.7% de la población ocupada.
Este porcentaje muestra que más de la mitad de los trabajadores mexicanos carece de prestaciones básicas como acceso a servicios médicos, ahorro para el retiro, vacaciones pagadas o estabilidad laboral.
Mientras tanto, el empleo formal registró una contracción anual del 1.7% en octubre, acumulando cuatro meses consecutivos de caídas. En contraste, la informalidad creció 4.6% respecto al mismo periodo del año anterior.
Expertos como Gabriela Siller, directora de análisis económico y financiero de Banco Base, advierten que esta tendencia refleja una economía incapaz de absorber de manera digna y sostenida a los trabajadores que se incorporan cada año al mercado laboral.
Beatriz Robles, directora de operaciones de Manpower México, señala que esta dinámica profundiza la desigualdad: millones de personas trabajan sin seguridad social ni opciones reales de retiro, lo que compromete el bienestar presente y futuro de las familias. Según Robles, México debería generar más de un millón de empleos formales cada año para atender a la nueva fuerza laboral, pero el país está lejos de alcanzar ese ritmo.
En este contexto, el empleo informal en México se consolida como el motor laboral dominante, pero también como un obstáculo para la movilidad social. Las actividades informales ofrecen ingresos inmediatos, pero sin garantías de continuidad, protección ni desarrollo profesional. Para los especialistas, el reto es transformar este panorama mediante políticas que incentiven la formalidad y eliminen barreras para la inversión productiva.
Robles afirma que atraer y facilitar la inversión es la única forma de fortalecer el mercado laboral formal. Esto implica mejorar las condiciones para las empresas, simplificar trámites, garantizar seguridad jurídica y promover programas de capacitación que respondan a las demandas actuales de la economía. Sin embargo, mientras estas acciones no se concreten, la informalidad seguirá absorbiendo a millones de personas que buscan sustento sin opciones viables en el sector formal.
La situación del empleo informal en México también revela brechas regionales profundas. Estados con menor desarrollo económico —como Oaxaca, Guerrero o Chiapas— suelen registrar niveles de informalidad superiores al promedio nacional, mientras que entidades industriales como Nuevo León o Coahuila muestran tasas más bajas, aunque también en crecimiento. Esta desigualdad territorial provoca que una misma política laboral tenga efectos muy diferentes según la región.
Al mismo tiempo, la falta de incentivos fiscales, la complejidad administrativa y los costos asociados a la formalización explican por qué miles de microempresas operan al margen de la ley. Para muchos negocios pequeños, incorporarse al sistema formal implica cargas que no pueden sostener, por lo que prefieren permanecer en la informalidad, aun cuando ello limite su crecimiento.
Pero el impacto más significativo del empleo informal en México recae en la población joven. Cada año, cientos de miles de jóvenes ingresan al mercado laboral sin encontrar oportunidades formales, lo que los empuja hacia trabajos sin contrato o hacia actividades de subsistencia.
Esta realidad compromete el futuro del país, pues una generación con empleos precarios difícilmente podrá contribuir a un sistema de pensiones sostenible o acceder a mejores condiciones de vida.
Frente a este escenario, los expertos coinciden en que el país necesita una reforma laboral integral que incentive la formalidad, reduzca la precarización y promueva la productividad. Apostar por la capacitación, la inversión y el fortalecimiento institucional será clave para revertir la tendencia. De lo contrario, el empleo informal en México continuará expandiéndose, debilitando la economía formal y aumentando las brechas de desigualdad.