La economía de EE.UU. tropieza: promesas de Trump bajo presión
A seis meses del inicio de su segundo mandato, Donald Trump enfrenta una economía que avanza con dificultad, muy lejos de la “época dorada” que prometió durante su campaña. Los datos económicos más recientes revelan un panorama inquietante: el crecimiento se desacelera, la inflación se intensifica y la creación de empleos muestra signos de agotamiento.
En su afán por transformar la economía estadounidense a través de aranceles, desregulación y un agresivo recorte fiscal, Trump ha reconfigurado los sistemas comercial, energético y tributario del país. Pero los resultados, hasta ahora, distan de ser los esperados.
Una economía en desaceleración: los datos lo dicen todo
El informe más reciente sobre el Producto Interno Bruto (PIB) reveló que la economía creció a una tasa anual inferior al 1.3 %, comparado con el 2.8 % del año anterior. Mientras tanto, el empleo manufacturero ha perdido 37 mil puestos desde que se impusieron nuevos aranceles, en clara contradicción con las promesas de una revitalización industrial.
La contratación neta también se ha desplomado: apenas 73 mil nuevos empleos en julio, 14 mil en junio y 19 mil en mayo. En contraste, el promedio mensual del año pasado era de 168 mil.
El índice de inflación tampoco da respiro: los precios subieron 2.6 % anual al cierre de junio, con aumentos particularmente sensibles en productos de importación como electrodomésticos, muebles, juguetes y juegos.
Aranceles que castigan al consumidor estadounidense
Las políticas arancelarias de Trump han generado inquietud dentro y fuera del país. Aunque la Casa Blanca presume acuerdos con la Unión Europea, Japón y otros socios, los consumidores estadounidenses son quienes absorben el impacto real de los nuevos aranceles. Los productos importados llegan con precios más altos y aumentan la presión inflacionaria.
Además, los recientes acuerdos permiten a EE.UU. subir aranceles sin recibir represalias directas, pero el mercado interno sufre los efectos inmediatos. Economistas advierten que los verdaderos efectos negativos podrían sentirse con mayor fuerza hacia 2026, coincidiendo con el próximo año electoral.
Trump señala culpables: la Fed, los datos y Biden
Ante la oleada de datos negativos, Trump ha buscado culpables externos. Despidió a la directora de la agencia de empleo y criticó abiertamente a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, por no reducir las tasas de interés.
En su red Truth Social, Trump aseguró que “la economía está EN AUGE”, sin ofrecer pruebas. También respaldó a los gobernadores de la Fed que votaron por recortar tasas, bajo la lógica de que ello facilitaría las hipotecas y reactivaría el mercado inmobiliario.
Sin embargo, reducir tasas en un contexto inflacionario puede empeorar la situación, y genera preocupación entre sectores financieros y analistas económicos.
¿El mismo error dos veces? Biden advirtió el impacto de los aranceles
En diciembre pasado, durante un discurso en la Brookings Institution, Joe Biden, entonces presidente saliente, advirtió que el enfoque arancelario de Trump castigaría directamente al consumidor. “Trump cree erróneamente que otros países absorberán los aranceles. En realidad, los pagará el pueblo estadounidense”, afirmó.
Las advertencias parecen haberse cumplido: mientras Trump insiste en que lo mejor está por venir, la economía se ralentiza y la percepción pública se deteriora.
Percepción pública y capital político en declive
Según una encuesta del AP-NORC, solo el 38 % de los adultos aprueba la gestión económica de Trump, una cifra significativamente menor que el 50 % que apoyaba su política económica al final de su primer mandato.
Los estrategas republicanos reconocen que la apuesta de Trump es de alto riesgo. “Aún es pronto, pero su impacto ha sido inusualmente grande”, dijo Alex Conant, de Firehouse Strategies. El problema: si los resultados no mejoran pronto, el costo político será elevado.
La economía de Trump entre cifras frías y promesas calientes
Donald Trump prometió un nuevo auge económico. Pero a medio año de su segundo mandato, los indicadores muestran una realidad mucho más compleja y preocupante. Aunque la Casa Blanca mantiene un discurso optimista, las señales son claras: menos empleo, inflación al alza y un crecimiento estancado.
En política económica, los discursos no bastan. Las cifras mandan. Y, por ahora, la narrativa de prosperidad está lejos de cuadrar con los hechos.


TE PODRÍA INTERESAR