La bolsa de Japón sufre una fuerte caída. La inestabilidad geopolítica y un déficit comercial por la caída de exportaciones golpean la confianza de los inversores.
El índice Nikkei 225 de Tokio ha registrado una fuerte caída, actuando como un barómetro de la doble ansiedad que afecta a Japón: la creciente tensión geopolítica en Oriente Medio y los preocupantes datos de un nuevo déficit comercial que revelan su debilidad económica interna.
La Bolsa de Tokio ha sufrido una jornada negativa, con su principal indicador, el Nikkei 225, cerrando con una significativa caída del 0.88% (otras fuentes apuntan a un 1.02%), perdiendo el soporte de los 38,500 puntos. Este descenso no responde a una única causa, sino que refleja una confluencia de factores externos e internos que han minado la confianza de los inversores.
El fantasma de la inestabilidad global
El principal catalizador de la aversión al riesgo ha sido el incremento de las tensiones en Oriente Medio. La escalada en el conflicto entre Israel e Irán, y la posibilidad de una intervención más directa de Estados Unidos, ha llevado a los inversores a deshacerse de activos de mayor riesgo, como las acciones, y buscar refugio en activos más seguros.
Como economía altamente dependiente de la estabilidad global y de las importaciones de energía, Japón es particularmente sensible a la inestabilidad en esta región clave, lo que se traduce inmediatamente en nerviosismo en sus mercados financieros.
La debilidad económica interna
La presión externa se ha visto agravada por datos económicos locales decepcionantes que exponen las vulnerabilidades del modelo japonés. El país registró un déficit comercial en el último mes, impulsado por una caída en las exportaciones, un pilar fundamental de su economía.
Particularmente preocupante es la caída de las exportaciones de automóviles a Estados Unidos, un sector clave que se ha visto afectado por la política de aranceles de la administración estadounidense. Esto demuestra cómo la economía japonesa, a diferencia de otras más diversificadas, es extremadamente vulnerable a las fricciones comerciales y al proteccionismo de sus principales socios.
El dilema del banco de Japón
Este complejo escenario pone al Banco de Japón (BoJ) en una posición difícil. Tras su histórico giro de poner fin a la era de tipos de interés negativos , el banco central se enfrenta ahora a un entorno de renovada debilidad económica. En su última reunión, el BoJ decidió mantener los tipos de interés en el 0.5% pero anunció un futuro recorte en su programa de compra de bonos, una señal de que intenta normalizar su política monetaria con un margen de maniobra muy limitado. La caída del Nikkei es un recordatorio de que cualquier paso en falso podría tener graves consecuencias para la frágil recuperación japonesa.


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