BoJ da un giro y frena su plan para calmar pánico en el mercado

BoJ da un giro y frena su plan para calmar pánico en el mercado
BoJ da un giro y frena su plan para calmar pánico en el mercado

En una decisión sorpresiva, el Banco de Japón ha decidido ralentizar su plan de retirada de estímulos para estabilizar un mercado de bonos al borde de la crisis. Descubre por qué esta medida es tan crucial.

El Banco de Japón (BoJ) ha dado un giro inesperado en su política monetaria. Aunque mantuvo los tipos de interés en 0.50%, anunció que ralentizará la reducción de su compra de bonos y recortará la venta de deuda a largo plazo, una medida de emergencia para calmar un mercado financiero que mostraba signos de pánico.

El Banco de Japón (BoJ) se ha visto forzado a ejecutar una maniobra de estabilización de emergencia este martes, en una clara señal de la fragilidad que acecha a los cimientos de la cuarta economía mundial. Aunque la decisión principal de mantener los tipos de interés en el 0.50% fue la esperada por todos los analistas, el verdadero titular se encontraba en los detalles de su programa de gestión de deuda, donde el banco central aplicó un freno de mano inesperado.

El «giro inesperado» consiste en dos acciones coordinadas para inyectar calma en un mercado de bonos que estaba al borde de una crisis de confianza:

* Ralentización del «tapering»: El BoJ anunció que desacelerará el ritmo de reducción de sus compras de bonos (un proceso conocido como tapering o ajuste cuantitativo) a partir del año fiscal 2026. En lugar de seguir con los recortes trimestrales de 400 mil millones de yenes, los reducirá a la mitad.

* Recorte en la emisión de bonos a largo plazo: De forma paralela, el gobierno japonés planea una rara revisión de mitad de año para recortar en un 10% las ventas de bonos a «súper largo» plazo (20, 30 y 40 años).

¿Por qué este cambio de rumbo?

La razón de esta intervención es clara: calmar a un mercado en pánico. En las últimas semanas, los rendimientos (el interés que paga el gobierno) de los bonos japoneses a muy largo plazo se habían disparado a niveles récord. Esto ocurrió porque la demanda de estos bonos por parte de los compradores tradicionales, como las aseguradoras, se desplomó, creando un desequilibrio que amenazaba con generar una espiral de inestabilidad.

El gobernador del BoJ, Kazuo Ueda, fue explícito en su justificación: «Creemos que los tipos a largo plazo deben ser fundamentalmente moldeados por el mercado financiero, y es apropiado que el Banco de Japón reduzca sus compras de bonos de una manera flexible y predecible que mantenga la estabilidad en el mercado de bonos». En esencia, el banco central temía que una retirada demasiado rápida de su apoyo pudiera provocar «consecuencias impredecibles».

«Si los tipos de interés a largo plazo aumentan rápidamente, el BoJ responderá ágilmente, por ejemplo, aumentando sus compras de bonos.» – Comunicado del Banco de Japón.

Atrapados entre la normalización y la crisis

Esta decisión pone de manifiesto la difícil encrucijada en la que se encuentra Japón. Por un lado, el BoJ tiene el objetivo a largo plazo de «normalizar» su política monetaria, es decir, abandonar las décadas de estímulos masivos y tipos de interés cercanos a cero. Por otro, la realidad de un mercado de bonos interno extremadamente frágil y un entorno global hostil, marcado por la «alta incertidumbre» de la guerra comercial y los aranceles de EE.UU., le impiden avanzar.

El BoJ se ve obligado a realizar un delicado acto de equilibrio: intentar retirar el estímulo con una mano mientras con la otra asegura al mercado que no lo abandonará. Este «ajuste dovish» (una retirada de estímulos más suave de lo esperado) es una admisión de que la economía japonesa tiene muy poco margen de maniobra y es extremadamente vulnerable a cualquier shock externo.

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