Lauren Kyle McDavid, esposa de la superestrella de la NHL Connor McDavid, abre las puertas a su «caótica» pero glamorosa vida durante los playoffs. Entre moda, negocios y rituales, la presión es constante para las WAGs de élite.
En el vertiginoso y a menudo implacable mundo del hockey profesional, las miradas no solo se centran en las estrellas sobre el hielo, sino también en sus compañeras de vida, las llamadas WAGs (esposas y novias de los atletas). Lauren Kyle McDavid, esposa del capitán de los Edmonton Oilers, Connor McDavid, recientemente ofreció una ventana a este universo en una entrevista con Elle Canada, describiendo su experiencia durante los intensos playoffs de la Stanley Cup 2025 como «emocional, excitante y un poco caótica de la mejor manera». Sus revelaciones pintan un cuadro de glamour, pero también de una presión subyacente y un inteligente manejo de la marca personal.
Más que una acompañante: La WAG emprendedora
Lejos de la imagen pasiva que a veces se proyecta, Lauren Kyle es una figura multifacética: diseñadora de interiores de renombre, y emprendedora con su propia línea de ropa deportiva de lujo, Sports Club Atelier, y un nuevo bar, Bar Trover. Los playoffs, con su masiva exposición mediática, se convierten para ella en una plataforma no solo para apoyar a su esposo, sino también para potenciar sus propios proyectos. «Poner juntos atuendos con mi marca, Sports Club Atelier, [y] piezas de diseñador es siempre una forma divertida de expresar mi estilo y personalidad», confesó a Elle Canada.
Esta faceta de empresaria refleja una evolución en el rol de las WAGs de alto perfil. Ya no son meras espectadoras; muchas, como Kyle, son profesionales exitosas que navegan hábilmente la intersección entre la vida personal, el deporte de élite y los negocios. Las chaquetas personalizadas que diseña para las parejas de otros jugadores durante los playoffs son un ejemplo de cómo fusiona apoyo, comunidad y visión comercial.
La presión invisible: Entre el glamour y el escrutinio
Si bien Lauren Kyle se enfoca en los aspectos positivos y excitantes de la vida en playoffs –»la vibra, la atmósfera, los atuendos y los rituales» –, es innegable que ser la pareja de una de las mayores estrellas de la NHL conlleva una presión y un escrutinio constantes. Cada aparición pública es analizada, desde su vestimenta hasta su comportamiento.
Un ejemplo de esto, aunque no directamente mencionado en la entrevista con Elle, es el incidente con el podcast «Slangin’ the Bizkit», donde se bromeó sobre si su nuevo restaurante era financiado por Connor McDavid. Aunque esto generó una ola de apoyo hacia ella en redes sociales, defendiendo sus propios méritos empresariales, ilustra la tendencia a cuestionar la autonomía y logros de las WAGs.
La necesidad de proyectar una imagen de «perfección», de estar siempre a la altura de las circunstancias, es una carga tácita. Los «rituales» y la camaradería con otras esposas y novias de jugadores, que Kyle menciona al compartir fotos con amigas como Celeste Desjardins y Sami Punzo en los partidos, se revelan entonces no solo como momentos de diversión, sino también como una red de apoyo crucial para navegar este entorno de alta exigencia.
¿Un espejismo dorado o una realidad compleja?
La vida de una WAG de élite, tal como la describe Lauren Kyle, puede parecer un cuento de hadas para muchos: acceso privilegiado, moda de alta costura, eventos emocionantes. Sin embargo, este Juez Deportivo se pregunta cuál es el costo real de este «espejismo dorado». La constante exposición, la supeditación, en muchos aspectos, a la carrera del cónyuge, y la presión por mantener una fachada impoluta ante la opinión pública y las redes sociales pueden tener un impacto en la identidad personal, la privacidad y la salud mental.
Además, en la era de la marca personal, donde ser WAG puede convertirse en una carrera en sí misma, surge la interrogante sobre la autenticidad. ¿Hasta qué punto la imagen proyectada es un reflejo genuino y hasta qué punto es una construcción de marca cuidadosamente calculada?
Lauren Kyle maneja sus negocios con astucia, y su visibilidad como esposa de McDavid es, sin duda, un activo. No hay nada intrínsecamente malo en ello; es la naturaleza del juego en el siglo XXI. Pero invita a una reflexión más profunda sobre las dinámicas de poder, imagen y negocios que rodean a las parejas de los atletas de élite.
Al final, Lauren Kyle McDavid ofrece una visión fascinante, aunque selectiva, de un mundo que pocos conocen desde dentro. Un mundo donde el hielo de la pista se mezcla con el brillo de los flashes, y donde la presión de los playoffs se vive tanto en la grada como en el vestuario.
«Detrás del brillo de los trofeos y los flashes de los fotógrafos, la vida de una WAG en los playoffs es un deporte de resistencia en sí mismo: equilibrar la presión, el estilo y los negocios, todo mientras el mundo juzga cada uno de tus movimientos.»


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