El «Penskegate» ha puesto a toda la IndyCar en el banquillo de los acusados. Más allá de las trampas de un equipo, el escándalo expone un conflicto de interés fundamental que amenaza la propia existencia y credibilidad de la competición. ¿Es sostenible que Roger Penske sea dueño y parte en una categoría que aspira a la élite mundial? (Keywords: IndyCar, Penske, credibilidad, conflicto de interés, juicio, ética deportiva, futuro).
El reciente escándalo de trampas protagonizado por Team Penske, con la modificación ilegal de los atenuadores traseros en sus monoplazas, ha abierto una herida profunda en la IndyCar Series. Pero más allá de la sanción a un equipo, por emblemático que sea, el incidente ha expuesto de manera cruda el «pecado original» que lastra la credibilidad de la competición: el abrumador conflicto de interés que representa la figura de Roger Penske.
El Dueño de Todo: El Nudo Gordiano de la IndyCar
Roger Penske no es un dueño de equipo más. Es el propietario de Team Penske, uno de los equipos más laureados. Pero también es el dueño de la propia IndyCar Series y del Indianapolis Motor Speedway, el templo de la velocidad donde se disputa su carrera estrella, las 500 Millas de Indianápolis. Esta concentración de poder en una sola figura es, para muchos, insostenible y la raíz de la actual crisis de confianza. ¿Cómo puede la serie garantizar una competencia justa y una supervisión imparcial cuando el dueño de la liga es también uno de los principales competidores?
El Clamor por la Independencia: Honda Lidera la Carga
La respuesta a este dilema parece clara para muchos actores del paddock: la creación de un organismo rector independiente, sin empleados de Penske en su estructura, que supervise las cuestiones técnicas y deportivas. Esta no es una idea nueva, pero el «Penskegate» le ha dado un impulso definitivo. Significativamente, Honda, uno de los dos proveedores de motores de la serie y un socio comercial de enorme peso, ha condicionado su continuidad en IndyCar más allá de 2026 a que se establezca un grupo de supervisión independiente. Esta postura de Honda es un ultimátum que ni IndyCar ni Penske Entertainment pueden permitirse ignorar, ya que la salida de un fabricante de tal magnitud podría desencadenar un colapso financiero y de credibilidad.
Fallos en la Cadena de Mando y Supervisión
El escándalo también ha puesto de manifiesto graves fallos en los procesos de inspección técnica de la IndyCar. ¿Cómo es posible que modificaciones ilegales, que según algunos equipos rivales existían «desde hace tiempo» , no fueran detectadas antes? Incluso el coche ganador de Josef Newgarden en la Indy 500 de 2024, expuesto en el museo, presentaba las mismas alteraciones. El presidente de IndyCar, J. Douglas Boles, admitió el «fallo» en la supervisión de estas piezas de seguridad , pero la admisión no borra las dudas sobre la diligencia y la imparcialidad de las inspecciones.
La Defensa de Penske: «Fallas Organizacionales» y «Óptica»
Roger Penske, en sus declaraciones públicas, ha admitido «fallas organizacionales» y problemas de «óptica» , y se ha mostrado abierto a discutir la creación de un organismo independiente.
> «No hemos hecho un buen trabajo en la óptica de cara a la gente de fuera. Estas dos violaciones ciertamente demuestran que necesito ser más diligente y hacia dónde vamos como equipo.» – Roger Penske
>
Sin embargo, para muchos, estas declaraciones son insuficientes si no van acompañadas de una renuncia real a su control sobre los aspectos regulatorios de la serie. La «integridad del deporte» que Penske tanto defiende está precisamente en entredicho por su doble rol.
El Veredicto de Rivales y Aficionados
La reacción de otros dueños de equipo, como Chip Ganassi y Zak Brown, ha sido de «furia» y profunda preocupación por la integridad de la competición. La confianza, un pilar fundamental en cualquier deporte, parece haberse roto. Y el juicio del público no es menos severo. Los aficionados se preguntan si están presenciando una competición justa o una «liga de Penske», donde un equipo podría, teóricamente, beneficiarse de un trato preferencial o de una supervisión laxa.
La IndyCar se encuentra en una encrucijada. La solución al «Penskegate» no pasa solo por sancionar a Team Penske, sino por una reforma estructural profunda que elimine cualquier sombra de duda sobre la imparcialidad de su gobernanza. De lo contrario, la serie corre el riesgo de convertirse en una competición devaluada, donde las sospechas siempre superarán a los logros en pista. El futuro de la IndyCar depende de su capacidad para convencer al mundo de que sus carreras se deciden en el asfalto, y no en los despachos de su propietario.
¿Debería Roger Penske vender IndyCar o Team Penske para resolver el conflicto de interés? #IndyCarJudge #PenskeConflict #CrisisDeportiva
