Carlos Alcaraz volvió a demostrar por qué es el nombre que domina las conversaciones del tenis mundial. En una Rod Laver Arena bañada por el sol, el español se repuso de un inicio complicado y derrotó al alemán Yannick Hanfmann por 7-6(4), 6-3 y 6-2 para avanzar a la tercera ronda del Abierto de Australia, donde mantiene vivo su sueño de completar un Grand Slam de carrera.
Carlos Alcaraz, de apenas 22 años, no tuvo una noche sencilla pese a su condición de número uno del mundo. Tras una victoria cómoda en la primera ronda frente a Adam Walton, el duelo ante Hanfmann exigió paciencia, temple y una lectura fina del partido. El alemán, con un saque demoledor y golpes planos, obligó al español a jugar cada punto como si fuera decisivo.
Un inicio cuesta arriba en Melbourne
El partido comenzó con un ritmo que favorecía a Hanfmann. Carlos Alcaraz se vio abajo 1-3 en el primer set y tuvo dificultades para encontrar sensaciones con la pelota. Los intercambios largos no terminaban de inclinarse a su favor y el alemán imponía respeto con su potencia desde el fondo de la cancha.
Lejos de desesperarse, Carlos Alcaraz subió una marcha. Ajustó su posición al resto, ganó profundidad con su derecha y empezó a mover a su rival de lado a lado. El empate llegó tras un juego intenso que levantó al público de sus asientos y marcó el punto de quiebre emocional del set.
Un tie-break que cambió la historia
El primer set se estiró hasta un tie-break agotador que duró 78 minutos. Carlos Alcaraz desperdició varias oportunidades de quiebre, pero no perdió la fe. En el desempate, su velocidad de piernas y su precisión en los momentos clave inclinaron la balanza.
Al cerrar el set, Carlos Alcaraz liberó una mezcla de alivio y determinación. Sabía que había superado la parte más peligrosa del encuentro y que, a partir de ahí, el control podía pasar definitivamente a su raqueta.
El dominio progresivo del número uno
El segundo set mostró otra cara del partido. Carlos Alcaraz tomó la iniciativa desde el primer juego, presionando con devoluciones profundas y ataques a la red. Hanfmann empezó a cometer errores no forzados y a perder confianza.
Con un quiebre temprano, el español gestionó la ventaja con inteligencia. No permitió que el set se convirtiera en otro pulso prolongado y cerró el parcial 6-3, dejando claro que había encontrado el ritmo que tanto le había costado al inicio.
Un cierre sin concesiones
En el tercer set, Hanfmann pareció desanimado. Tras recibir tratamiento médico durante el descanso, regresó a la cancha con menos energía. Carlos Alcaraz no tuvo piedad. Logró un doble quiebre y administró la ventaja con autoridad.
Cada punto reflejaba la soltura del español, que se desplazaba con fluidez y elegía los momentos justos para acelerar. El 6-2 final fue la confirmación de un triunfo trabajado, de esos que fortalecen la confianza en un torneo largo.
Las palabras que retratan el esfuerzo
Tras el partido, Carlos Alcaraz reconoció la dificultad del duelo. “Sabía que iba a jugar muy bien. Conocía su nivel. Fue más duro de lo que pensé al principio y no sentí la pelota tan bien”, explicó.
También elogió la potencia de su rival. “Venía como una bomba. Derechas, reveses, saques. Tenía que estar preparado. Estoy muy contento de haber superado un primer set difícil y de haber jugado a un muy buen nivel al final del partido”, añadió Carlos Alcaraz.
El siguiente reto en el camino
Con esta victoria, Carlos Alcaraz avanzó a la tercera ronda, donde se medirá al francés Corentin Moutet. Un duelo que promete ser distinto en ritmo y estilo, pero igual de exigente desde el punto de vista mental.
Para Carlos Alcaraz, cada ronda en Melbourne Park representa un paso más hacia un objetivo mayor: completar un Grand Slam de carrera y consolidar su legado a una edad en la que muchos apenas comienzan a asomarse a la élite.
Un contexto de grandes batallas
La jornada no solo tuvo como protagonista a Carlos Alcaraz. Daniil Medvedev, undécimo cabeza de serie, sobrevivió a un susto inicial ante Quentin Halys y avanzó tras un maratón de cuatro sets. Alexander Zverev también sacó adelante un partido complejo frente a Alexandre Muller, marcado por la lluvia y un susto físico.
Estos resultados dibujan un cuadro cada vez más competitivo, donde Carlos Alcaraz se mantiene como uno de los nombres a seguir, pero rodeado de rivales que no regalan nada.
La madurez de un campeón joven
Lo que más impresiona de Carlos Alcaraz no es solo su potencia o su velocidad, sino su capacidad para adaptarse. En un mismo partido puede pasar de la duda a la autoridad, del error a la genialidad.
Ese crecimiento mental es el que le permite resolver encuentros incómodos como el vivido ante Hanfmann. Para un jugador que aspira a dominar una era, estos triunfos son tan valiosos como las victorias contundentes.
Melbourne como escenario de historia
Carlos Alcaraz sabe que el Abierto de Australia es un territorio especial. Cada pista, cada grada y cada turno nocturno guardan historias de campeones que marcaron época.
En ese contexto, el español sigue escribiendo su propio capítulo. Cada ronda superada refuerza la sensación de que no está en Melbourne solo para participar, sino para competir por algo grande.
Un mensaje para sus rivales
La victoria envía un mensaje claro al resto del circuito. Carlos Alcaraz puede sufrir, puede tambalear, pero no se rinde. Su capacidad para encontrar soluciones en medio de la tormenta lo convierte en un contendiente temible.
Mientras el torneo avanza, todos miran de reojo su evolución. El nivel mostrado al final del partido sugiere que lo mejor aún está por venir.
Un paso más hacia la gloria
Carlos Alcaraz firmó un triunfo que va más allá del marcador. Fue una prueba de carácter, paciencia y adaptación. En un torneo donde cada detalle cuenta, superar un obstáculo como Hanfmann refuerza su candidatura al título.
Con la tercera ronda en el horizonte y un cuadro repleto de figuras, Carlos Alcaraz continúa su marcha en Melbourne con la convicción de que el sueño del Grand Slam de carrera está un poco más cerca.


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