La Copa Sudamericana se encuentra en medio de la polémica luego de la suspensión del partido de octavos de final entre Independiente de Argentina y Universidad de Chile, tras los graves incidentes registrados en el estadio del club argentino. A una semana de los hechos, la dirigencia de Independiente emitió un comunicado en el que negó cualquier responsabilidad y apuntó directamente contra la parcialidad visitante, acusándola de llevar a cabo un “plan de violencia premeditado”.
La postura de Independiente
El presidente de Independiente, Néstor Grindetti, aseguró en conferencia de prensa que el club fue víctima de un ataque organizado por un grupo de hinchas chilenos.
“Independiente no fue responsable de los hechos, sino víctima de ataques violentos, premeditados e intencionados por parte de un grupo de delincuentes que vino a nuestra casa con un único objetivo: generar incidentes”, declaró.
El club ya presentó su descargo formal ante la Conmebol, organismo que ahora debe resolver el futuro de la serie y evaluar posibles sanciones. Grindetti insistió en que los responsables deben ser señalados, pero que el local no puede ser castigado por hechos que considera ajenos a su control.
Lo que dicen los estatutos de Conmebol
Según el reglamento de la Confederación Sudamericana de Fútbol, la mayor responsabilidad en la organización y seguridad de los partidos recae en el club anfitrión. Esto deja a Independiente en una posición comprometida, ya que podría enfrentar desde una eliminación automática del torneo hasta una sanción económica considerable.
La Conmebol deberá determinar si los disturbios fueron consecuencia de fallas en la seguridad de Independiente o, como sostiene la directiva argentina, de acciones deliberadas de la hinchada visitante.
Los incidentes dentro del estadio
El partido fue suspendido después de que más de 100 hinchas chilenos fueran detenidos y 19 resultaran hospitalizados, dos de ellos en estado grave. La violencia estalló cuando un grupo de barrabravas de Independiente vulneró los controles de seguridad e ingresó a la tribuna visitante, atacando a los simpatizantes de la U de Chile.
Antes de estos hechos, una parte de la parcialidad chilena había sido desalojada por vandalizar instalaciones del estadio, utilizando butacas y otros objetos como proyectiles contra los aficionados locales ubicados en una tribuna inferior. Esto incrementó la tensión y derivó en el estallido de la violencia.
Acusaciones cruzadas
Desde la Universidad de Chile, si bien no han realizado un comunicado oficial tan contundente, se deslizó que la responsabilidad recae principalmente en la organización de Independiente. Para el club chileno, el ingreso de los barrabravas a la zona visitante demuestra una grave falla en los dispositivos de seguridad.
En cambio, para el Rojo, el ataque habría sido una respuesta a las agresiones previas de la barra visitante, que habría llegado al estadio con la intención de provocar disturbios.
Riesgos deportivos y económicos para Independiente
Más allá de la versión de los hechos, la situación coloca a Independiente bajo una fuerte amenaza de sanción. Los reglamentos de Conmebol suelen ser estrictos en cuanto a la seguridad, y en casos anteriores otros clubes fueron eliminados por incidentes similares.
Una eventual expulsión de la Copa Sudamericana no solo impactaría en lo deportivo, sino también en lo económico, al impedir que Independiente acceda a los premios en dólares que otorga el certamen. Además, una multa económica agravaría la ya complicada situación financiera del club de Avellaneda.
Qué sigue para la Conmebol
La Conmebol abrió un proceso disciplinario y se espera que en los próximos días emita un fallo definitivo. Entre las posibles resoluciones se encuentran:
- La reprogramación del partido en un estadio neutral.
- La eliminación de Independiente por incumplimiento de las normas de seguridad.
- Una sanción compartida entre ambos clubes, con multas y advertencias.
El organismo continental evaluará pruebas, reportes policiales y descargos de ambas instituciones antes de tomar una decisión.
El conflicto entre Independiente y la U de Chile tras los incidentes en Avellaneda abre un nuevo capítulo de debate sobre la violencia en el fútbol sudamericano. Mientras el club argentino insiste en su inocencia y acusa un “plan de violencia premeditado”, la Conmebol deberá definir si el local es responsable por fallas de seguridad o si las sanciones deben recaer también en el equipo chileno.
Lo que está en juego no es solo el futuro de la serie, sino también la credibilidad de las políticas de seguridad de la Conmebol y la manera en que enfrenta la violencia en los estadios del continente.
