Joseph Blatter volvió a colocarse en el centro del debate futbolístico internacional al manifestar públicamente su postura sobre el Mundial 2026, aconsejando a los aficionados no viajar a Estados Unidos por motivos de seguridad y clima político. La declaración del exdirigente suizo, que durante casi dos décadas controló los destinos de la FIFA, reavivó viejas tensiones entre la cúpula actual del futbol y quienes cuestionan el rumbo institucional del organismo.
Desde su cuenta en redes sociales, Joseph Blatter respaldó las críticas del abogado suizo Mark Pieth, quien había puesto en duda la idoneidad de Estados Unidos como anfitrión del torneo. Para Joseph Blatter, el contexto político y social actual en ese país no ofrece garantías suficientes para los aficionados internacionales, una afirmación que rápidamente generó reacciones encontradas en Europa y América.
El origen de la advertencia pública
Joseph Blatter no habló en el vacío. Sus palabras se apoyaron en una entrevista concedida por Mark Pieth, antiguo responsable del plan anticorrupción de la FIFA, quien describió un escenario interno en Estados Unidos marcado por tensiones políticas, endurecimiento de políticas migratorias y una percepción creciente de inseguridad jurídica para visitantes extranjeros.
En esa conversación, Pieth advirtió que los aficionados podrían enfrentar problemas a su llegada si no cumplen estrictamente con los requerimientos de las autoridades migratorias. Joseph Blatter retomó esa narrativa y la amplificó, sugiriendo que ver los partidos por televisión sería una opción más prudente que desplazarse físicamente al país anfitrión.
Para Joseph Blatter, la preocupación no se limita a incidentes aislados, sino a una tendencia estructural que podría afectar la experiencia del Mundial. Su intervención, lejos de ser neutral, se inscribe en una relación tensa con la actual dirigencia de la FIFA y con su sucesor, Gianni Infantino.
Un exmandatario crítico de la FIFA actual
Desde su salida forzada de la FIFA en 2015, Joseph Blatter ha mantenido una postura abiertamente crítica hacia la gestión de Gianni Infantino. Aunque ambos compartieron años dentro del mismo ecosistema institucional, las diferencias se profundizaron tras la dimisión de Blatter en medio de una cascada de escándalos.
Joseph Blatter considera que la FIFA perdió una parte de su identidad histórica y de su autonomía política, alineándose con intereses gubernamentales y corporativos que, a su juicio, desvirtúan el espíritu del futbol. La organización del Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá es, para él, un ejemplo de esa deriva.
En este contexto, la advertencia de Joseph Blatter no solo es un consejo logístico para los aficionados, sino también un mensaje político dirigido a la dirigencia actual del organismo rector del futbol mundial.
El trasfondo legal y la absolución
La figura de Joseph Blatter sigue siendo polémica. Durante años, su nombre estuvo asociado a investigaciones por corrupción que sacudieron a la FIFA. Sin embargo, en 2025, la justicia suiza lo absolvió definitivamente, junto con Michel Platini, de los cargos de estafa que pesaban sobre ambos.
Esa absolución permitió a Joseph Blatter recuperar parcialmente su voz pública, aunque su credibilidad sigue siendo cuestionada por amplios sectores del futbol. Aun así, su experiencia y su conocimiento interno de la FIFA le otorgan un peso simbólico que no puede ser ignorado.
Para algunos observadores, la intervención de Joseph Blatter en el debate sobre el Mundial 2026 es un intento de reposicionarse como figura crítica del sistema que él mismo contribuyó a construir.
Tensiones políticas y el factor Estados Unidos
Las palabras de Joseph Blatter llegan en un momento delicado para la política internacional. Las tensiones generadas por la postura del presidente estadounidense Donald Trump respecto a Groenlandia y las amenazas de imponer aranceles a países europeos han alimentado un clima de fricción diplomática.
En Europa, comienzan a escucharse voces que plantean incluso la posibilidad de un boicot al Mundial 2026, una idea que Joseph Blatter no descartó implícitamente al cuestionar la seguridad y la conveniencia de la sede estadounidense.
Estas tensiones añaden una capa geopolítica a un torneo que, en teoría, debería ser un espacio de encuentro y celebración global. Para Joseph Blatter, esa contradicción es una señal de alarma que no puede ser ignorada.
Reacciones en Europa y el debate del boicot
La advertencia de Joseph Blatter no tardó en provocar reacciones en el continente europeo. Algunos dirigentes y analistas coincidieron en que el contexto político de Estados Unidos podría generar incomodidad entre los aficionados.
Sin embargo, otros rechazaron tajantemente la idea de un boicot. Philippe Diallo, presidente de la Federación Francesa de Futbol, descartó cualquier intención de no participar en el torneo y subrayó que no existe voluntad institucional de adoptar una medida de ese tipo.
Esta división de opiniones refleja la complejidad del debate. Mientras Joseph Blatter insiste en los riesgos, las federaciones nacionales priorizan la estabilidad del calendario internacional y la importancia deportiva y económica del Mundial.
El peso simbólico de una voz incómoda
Aunque ya no ocupa cargos oficiales, Joseph Blatter sigue siendo una figura influyente en la conversación futbolística global. Sus palabras resuenan no solo por su pasado como presidente de la FIFA, sino también por la carga simbólica de su enfrentamiento con la dirigencia actual.
Para muchos aficionados, la advertencia de Joseph Blatter despierta inquietud. Para otros, se trata de una provocación interesada que busca erosionar la legitimidad del Mundial 2026.
Lo cierto es que Joseph Blatter logró, una vez más, instalar un tema incómodo en la agenda mediática, obligando a la FIFA y a las autoridades estadounidenses a responder, al menos indirectamente, a sus señalamientos.
Un Mundial bajo la lupa internacional
El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones y uno de los eventos deportivos más grandes de la historia. La logística, la seguridad y la experiencia del aficionado estarán bajo una observación sin precedentes.
En ese contexto, las palabras de Joseph Blatter actúan como un recordatorio de que la organización de un torneo de esta magnitud no puede desligarse de la realidad política y social de los países anfitriones.
Para la FIFA, el desafío será demostrar que Estados Unidos, junto con México y Canadá, puede ofrecer un entorno seguro y hospitalario para millones de visitantes.
¿Advertencia legítima o maniobra política?
La pregunta que sobrevuela todo este episodio es si la advertencia de Joseph Blatter responde a una preocupación genuina por la seguridad de los aficionados o si se trata de una maniobra política para debilitar a la dirigencia actual de la FIFA.
Ambas interpretaciones no son excluyentes. Joseph Blatter puede, al mismo tiempo, creer en los riesgos que describe y aprovechar la oportunidad para ajustar cuentas con sus antiguos adversarios.
Lo que resulta indiscutible es que su intervención añade presión a una organización que ya enfrenta múltiples desafíos reputacionales.
Un debate que no se cerrará pronto
A más de un año del inicio del Mundial 2026, el debate sobre la sede estadounidense apenas comienza. Las palabras de Joseph Blatter funcionaron como detonante de una conversación más amplia sobre seguridad, política y futbol.
En los próximos meses, la FIFA deberá ofrecer garantías claras a los aficionados y a las federaciones participantes para disipar cualquier duda.
Mientras tanto, Joseph Blatter seguirá siendo una voz incómoda, capaz de incomodar al poder establecido y de recordar que, en el futbol global, nada está completamente separado de la política.


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